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Se necesita un presidente..


Si las elecciones de Panamá fueran hoy a pesar del abanico de posibles candidatos presidenciales, este pequeño istmo centroamericano no tendría un jefe del Ejecutivo con características e ideales diferentes a los mandatarios sudamericanos Lula da Silva, Alan García, Michelle Bachelet o con suerte de un Alvaro Uribe, guardando las proporciones. Y es que el "menú" de aspirantes presidenciales en Panamá es variado y fantástico donde se entremezclan figuras "recicladas", "Midas" que sólo sobrevuelan el acontecer político, bufones, paladines, ilusionistas, soñadores, y en última instancia un trío de candidatos de lujo extraídos de la fauna.
El listado de "presidenciables" lo encabeza el ex mandatario, Guillermo Endara, seguido de la actual ministra Vivienda, Balbina Herrera; el banquero Alberto Vallarino; los empresarios Juan Carlos Varela y Ricardo Martinelli; el dirigente del SUNTRACS, Genaro López; cerrándose el "pool" con los perredistas Ernesto Pérez Balladares, Juan Carlos Navarro y Samuel Lewis Navarro.
El "traje" de "Presidente de Panamá del 2009", parece quedarle grande a la mayoría de los aspirantes en este momento, toda vez que su hoja de vida pareciera ser insuficiente; les hace falta créditos y algo de práctica profesional.
El ex presidente Endara, si bien es un hombre inteligente e íntegro, adolece de un equilibrio emocional, situación que lo traiciona y deja en evidencia su falta de madurez política en muchas de sus intervenciones públicas. Por su parte, la "reciclada" Balbina Herrera, con un exitoso historial de servicio en la vida pública (alcaldesa, legisladora y ministra), se codea y sufre las calamidades del pueblo; sabe estar arriba y abajo, es sincera y es una trabajadora incansable y una política invencible. Juega en su contra el ser mujer, porque el PRD no parece estar dispuesto a dejarse gobernar por una fémina y perder notoriedad masculina como lo hizo su principal adversario político el Partido Panameñista con Mireya Moscoso.
A los empresarios, Juan Carlos Varela y Ricardo Martinelli; así como, al alcalde Juan Carlos Navarro y el canciller Samuel Lewis Navarro, se aplica el famoso adagio "un líder no nace, se hace"; los cuatro se han formado con la experiencia de los años y se han abrigado a lo largo de su existencia con un envidiable patrimonio familiar.
Si bien Varela enarbola en cada una de sus acciones la bandera de la honestidad, es un líder "subterráneo y tímido", que le hace falta protagonismo; virtud que se desborda en un emprededor Martinelli, quien sueña cada noche con gobernar "el país de las maravillas" "caminando con los zapatos del pueblo".
En el caso de Samuel Lewis Navarro, se despunta una "alta dosis" de integridad y sinceridad; pero no se puede llegar a gobernar dejando las sonrisas en casa y asumiendo una permanente postura de "contienda y conflicto", aunque seas conocido por tus amigos y enemigos como "el perro".
La historia de Juan Carlos Navarro es paradójica, aunque no es nacido en "cuna perredista", goza de la simpatía de un amplio porcentaje de sus copartidarios. Maneja con soltura la diatriba y el discurso público, tiene "don de gente" y se apoya en una poderosa maquinaria de comunicación. Pero abriga un gran defecto: "No sabe decir no, y promete más cosas de las que puede cumplir".
Por su lado, Ernesto Pérez Balladares es el "más y mejor político de todos"; es un líder innato, tiene autoridad para gobernar y es fulminante a la hora de atacar a sus adversarios políticos. Sin embargo, como todo "súper hombre", es afectado por la "criptonita", de la soberbia y la vanidad.
Alberto Vallarino, considerado "el ungido" por muchos panameños, no aterriza; sólo sobrevuela el acontecer político nacional. No se puede ser presidente de Panamá haciendo política sólo en el año de elecciones. Tampoco se puede ser presidente, cuestionando las supuestas políticas neoliberales de los gobiernos, implementando medidas de fuerza y estimulando luchas intestinales entre las autoridades y la clase trabajadora amparadas en principios doctrinarios sepultados en el ayer, como pareciera ser el caso del dirigente Genaro López.
Para el 2009, Panamá necesita un presidente que aplique mano dura contra la evasión fiscal, la delincuencia y el narcotráfico. Un hombre comprometido con la erradicación de la corrupción en todos los niveles. Se necesita un libre pensador con visión y respeto a las diversidades de genero, religión, cultura y raza, que posibilite un desarrollo sustentado en la igualdad de oportunidades para todos los panameños. Los panameños necesitan un presidente que renuncie a la de idea de "politiquear con la pobreza", capaz de reconocer sus errores y enderezar el camino, con dignidad.
Debe ser un presidente para todos los panameños, para las mujeres y hombres, pobres y ricos, urbanos y rurales, jóvenes y viejos y no únicamente para los miembros de su partido. Un buen presidente no puede ofrecer privilegios a sectores seleccionados, su trabajo es total, no sectorial. Debe ser un líder verdadero, nacionalista, sin intereses personales, un hombre que no busque satisfacer su "orgullo, su soberbia y su bolsillo". Un hombre que de su vida por la gente y que no se venda con nada nin con-- nadie, un hombre abierto a Dios y al ser humano.

101 años de Panamá América

 
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