Se nos cierra la pinza
La angustia del panameño asalariado aumenta casi tan rápido como los precios del barril de petróleo. Apenas éste se libró del gobierno de Mireya Moscoso, se encontró con una reforma fiscal que le sacó más plata que la "Reforma Sacaplata". Mientras intenta recortar su presupuesto familiar, para ajustarse a su nuevo nivel de ingresos reales, es sorprendido por un imparable aumento del costo del combustible.
La suma de lo anterior empieza a hacer efecto en los precios de algunos productos que consume, con lo que su mermado sueldo rinde cada vez menos. Si no tiene auto propio, también debe preocuparse de que pronto, o pagará más pasaje o no tendrá en qué llegar a su trabajo, y si lo tiene, tendrá que andar a pie, ya que aquí es ilegal compartir un vehículo entre varios vecinos. Para agravar su situación sabe que, más temprano que tarde, tendrá que cotizar más al Seguro Social, con lo que su ingreso disponible bajará aun más. La opción de un aumento salarial es improbable, mientras a la empresa o entidad donde trabaja no le aumenten los ingresos, pues también es afectada por lo mismo que lo menoscaba a él. La búsqueda de un nuevo empleo está limitada por la incertidumbre. Sumado a ello, está la desconfianza que hay en un sistema judicial corrupto, cuyos fallos no son garantía para el cumplimiento de las obligaciones contractuales.
A esta inseguridad salarial y la jurídica, se suma la inseguridad personal, de vivir en un país en donde algunas autoridades de Policía en lugar de investigar, encubren, y donde las guaridas de delincuentes son inexpugnables a policías mal armados y desmoralizados. Es verdad que hay que ordenar la casa, pero no es correcto que siempre pague los platos rotos la clase media asalariada.
Una población desanimada y hasta deprimida no es productiva. No habrá suficientes "chilenas" para levantarnos el ánimo mucho tiempo. Es verdad que hay cosas que están fuera del control del gobierno, pero hay otras en las que sí se puede ser proactivos. Si bien no podemos controlar el precio del petróleo, sí podemos fomentar el empleo; si bien no podemos evitar el ajuste del Seguro, sí podemos evitar los embates de la delincuencia; si bien no podemos controlar el aumento de los intereses, sí podemos controlar el gasto público; si bien no podemos hacer honestos a los pillos, sí podemos meterlos presos. Ahora es cuando hay que demostrar que sí se puede.
La suma de lo anterior empieza a hacer efecto en los precios de algunos productos que consume, con lo que su mermado sueldo rinde cada vez menos. Si no tiene auto propio, también debe preocuparse de que pronto, o pagará más pasaje o no tendrá en qué llegar a su trabajo, y si lo tiene, tendrá que andar a pie, ya que aquí es ilegal compartir un vehículo entre varios vecinos. Para agravar su situación sabe que, más temprano que tarde, tendrá que cotizar más al Seguro Social, con lo que su ingreso disponible bajará aun más. La opción de un aumento salarial es improbable, mientras a la empresa o entidad donde trabaja no le aumenten los ingresos, pues también es afectada por lo mismo que lo menoscaba a él. La búsqueda de un nuevo empleo está limitada por la incertidumbre. Sumado a ello, está la desconfianza que hay en un sistema judicial corrupto, cuyos fallos no son garantía para el cumplimiento de las obligaciones contractuales.
A esta inseguridad salarial y la jurídica, se suma la inseguridad personal, de vivir en un país en donde algunas autoridades de Policía en lugar de investigar, encubren, y donde las guaridas de delincuentes son inexpugnables a policías mal armados y desmoralizados. Es verdad que hay que ordenar la casa, pero no es correcto que siempre pague los platos rotos la clase media asalariada.
Una población desanimada y hasta deprimida no es productiva. No habrá suficientes "chilenas" para levantarnos el ánimo mucho tiempo. Es verdad que hay cosas que están fuera del control del gobierno, pero hay otras en las que sí se puede ser proactivos. Si bien no podemos controlar el precio del petróleo, sí podemos fomentar el empleo; si bien no podemos evitar el ajuste del Seguro, sí podemos evitar los embates de la delincuencia; si bien no podemos controlar el aumento de los intereses, sí podemos controlar el gasto público; si bien no podemos hacer honestos a los pillos, sí podemos meterlos presos. Ahora es cuando hay que demostrar que sí se puede.