Se profundiza crisis argentina
Buenos Aires- "¿Ven ustedes alguna salida al desastre argentino?" Es la pregunta que sale al encuentro de cualquier viajero de Estados Unidos o Europa que llega a esta capital. Se entiende el tono angustioso de la pregunta, ya que día a día parece profundizarse la crisis económica y política que mantiene al país en un estado de perpetua incertidumbre. Lo que deja atónitos a los argentinos es la falta de respuesta del exterior. Ni Estados Unidos ni el Fondo Monetario Internacional (FMI) se muestran dispuestos a prestar ayuda mientras el presidente Eduardo Duhalde, con un Congreso rebelde, no adopte las medidas que le han propuesto. Líderes del gobierno y la oposición están igualmente desorientados ante la indiferencia de Washington, que hace cuatro años otorgaba al entonces presidente argentino Carlos Menem el insólito título de "aliado estratégico extra OTAN". Pero eso fue con Bill Clinton, quien con Menem, formaba una pareja sonriente que sellaba sus múltiples reuniones con abrazos, acuerdos estratégicos y cumbres amigables sin recabar en como se iban a deslizar las relaciones una vez que cambiaban los personajes y partidos en el poder.
Cuando George W. Bush llegó a la Casa Blanca afirmando una y otra vez que los lazos hemisféricos recibirían la mayor prioridad de su política exterior, los presidentes Fernando de la Rúa de Argentina; Fernando Enrique Cargoso, de Brasil; Ricardo Lagos, de Chile; y Vicente Fox, de México, de inmediato emprendieron una campaña para que el nuevo mandatario mediara ante el FMI para que adoptara políticas más flexibles hacia la región. La iniciativa no prosperó. La agonía actual de la economía argentina, que amenaza con extenderse al Uruguay, encuentra a Bush haciendo turismo con Vladimir Putin en San Petersburgo, mientras que Paul O´Neill, el inflexible secretario de Estado, es llevado de la mano para conocer la pobreza del Africa por Bono, una estrella del Rock en lo que podría ser un cuento satírico de Guillermo Cabrera Infante.
"Eramos la niña bonita del hemisferio y ahora nos dan la espalda", confió a este corresponsal con palabras más fuertes, pero no publicables un ex canciller argentino que pidió que no se usara su nombre. José Miguel Insulza, un veterano ex canciller chileno y actual ministro del Interior, puso el dedo en la llaga durante una visita a Buenos Aires en su condición de Presidente del V Pleno del Grupo de Acción Financiera Internacional de América del Sur (Grafisud): desde el 11 de septiembre el mundo está mirando para otro lado. La tónica ahora está en la seguridad y la lucha contra el terrorismo y esos fueron los temas que vino a tratar. "Los escandalosos volúmenes de recursos financieros que esta generando y movilizando la industria mundial de la droga ilícita, el narcotráfico y los delitos conexos de armas y de tráfico de personas, además de ser impresionantemente elevados, han terminado por incorporarse al apoyo irrestricto de las organizaciones terroristas, obteniendo, en reciprocidad, la ayuda de éstos en la mantención de las condiciones internas y externas que ayudan al desarrollo de la industria mundial de la droga y de sus respectivos aliados," declaró tras una reunión con su homólogo argentino, Jorge Matzkin. Pero ni el terrorismo internacional ni las drogas figuran entre las prioridades de la apremiada población de Buenos Aires o del resto del país, por lo que uno observa, escucha y lee.
A primera vista, el aspecto de Buenos Aires apenas ha cambiado desde una última visita hace aproximadamente cuatro años. El maravilloso restaurante Dora cerca del periódico La Nación sirve los mismos jugosos bifes de chorizo que en Washington podrían repartirse entre cuatro. Los taxis van llenos en lo que deben ser las tarifas más baratas del continente -la carrera de 25 kilómetros del aeropuerto al hotel costó menos de 10 dólares y un cuarto por el que en 1999 se pagaba $100, ahora cuesta $30-. Es de noche cuando la pobreza sale a la superficie. En la famosa calle Florida tras la medianoche ambulan innumerables familias, clasificando el contenido de las bolsas de basura, llevándose todo lo que se puede comer o revender. Lo mismo ocurre en el elegante barrio de la Recoleta. Tomas Eloy Martínez, el destacado escritor argentino y profesor de literatura de la Universidad de Princeton, escribe en La Nación sobre la inseguridad que encontró en su reciente visita: "Se oye hablar con temor cereciente de algunos secuestros rápidos (nadie sabe cuántos, que consisten en encerrar a un conductor entre dos vehículos y llevarlo a su casa o a la de sus parientes, en busca de dinero para el rescate). En Tucumán, la provincia donde nací, la desnutrición infantil llega en algunos distritos al 40 por ciento. He visto fotos de criaturas agonizantes que sólo se podrían comparar a las de Biafra o Somalia de hace ya décadas". El título de la nota es "País sin nación".
¿Elecciones para cuándo? La clase política, desprestigiada como está, continúa negociando, pactando, demorando urgentes medidas legislativas, ampliando cada vez más el enajenamiento con la opinión pública que manifiesta a gritos su desconfianza en "el sistema". Esto es lo más grave. Porque "el sistema" es el sistema democrático, la libertad de expresión, la libre elección, que eligió a este Congreso, que a su vez eligió a este presidente, que a su vez parece ser uno de los políticos más desprestigiados que este mismo lunes deberá decidir si llama a elecciones para septiembre, como quiere la mayoría de la clase política, o si terminará su período en el 2003. Las apuestas en los cafés están perfilando a Carlos Reuteman, el popular as de las carreras de los Ferrari y actual gobernador de la provincia de Santa Fe por el peronismo; mientras que el dolorido Partido Radical postularía a López Murphy, un ex ministro de Economía del gobierno de De la Rúa, con la ex izquierdista y populista Patricia Bullrich. El problema está que la última elección vio un abstencionismo del 40 por ciento y la fe popular en los partidos parece que sigue disminuyendo, lo que no es buen augurio para la gobernabilidad ni para la fe en las instituciones democráticas.
Coincidimos en que las dificultades que afectan a las Naciones Unidas sólo se superarían si se reconoce, universal e inequívocamente, que las Naciones Unidas debe ser preservada como una ancha y sólida base de reservas intelectuales y morales que deben ser aprovechadas y respetadas en toda su potencialidad, porque son reservas que responden y corresponden a los intereses de toda la comunidad internacional. De ahí que el Consejo de Presidentes de la Asamblea General expresara su preocupación frente al unilateralismo en los asuntos internacionales e hiciera un llamado para la renovación de los compromisos para las acciones multilaterales a través de las Naciones Unidas. Consecuentemente el Consejo enfatizó la importancia de la Asamblea General, que es el órgano de las Naciones Unidas en el cual todos los Estados del mundo están representados.
Debo señalar que en el curso del examen que hicimos de los hechos del presente y de sus proyecciones futuras, constatamos que hay muchos signos de que la humanidad se encuentra muy próxima, por no decir al borde, de un despeñadero. Al mismo tiempo opinamos que los múltiples escenarios apocalípticos que se presentan en el mundo no impiden que las Naciones Unidas mantenga la esperanza, que esté alentada por la ambición de poner a la humanidad en el camino del renacimiento, que le abra paso a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos, así como a emplear los mecanismos internacionales para promover el progreso económico y social de todos los pueblos.
Su Santidad Juan Pablo II, en alusión a las crisis del 11-S y Oriente Próximo, pidió a los responsables de las religiones que rechacen toda violencia, ya que el uso de la violencia ofende el nombre de Dios. Sus palabras tienen un profundo impacto espiritual. Hace cuatro días el Santo Padre al llegar a Bakú, capital de Azerbaiyán, rebasando el límite de sus fuerzas, desde el fondo de sus energías exhaustas y sobreponiéndose a sus afecciones físicas, exclamó: "Hago un llamamiento encendido en favor de la paz. Pero debe tratarse de una paz verdadera, fundada sobre el respeto recíproco, sobre el rechazo del fundamentalismo y de cualquier forma de imperialismo". La alusión al imperialismo incluía también, según el portavoz vaticano, al imperialismo en su acepción cultural y económica.
Cuando George W. Bush llegó a la Casa Blanca afirmando una y otra vez que los lazos hemisféricos recibirían la mayor prioridad de su política exterior, los presidentes Fernando de la Rúa de Argentina; Fernando Enrique Cargoso, de Brasil; Ricardo Lagos, de Chile; y Vicente Fox, de México, de inmediato emprendieron una campaña para que el nuevo mandatario mediara ante el FMI para que adoptara políticas más flexibles hacia la región. La iniciativa no prosperó. La agonía actual de la economía argentina, que amenaza con extenderse al Uruguay, encuentra a Bush haciendo turismo con Vladimir Putin en San Petersburgo, mientras que Paul O´Neill, el inflexible secretario de Estado, es llevado de la mano para conocer la pobreza del Africa por Bono, una estrella del Rock en lo que podría ser un cuento satírico de Guillermo Cabrera Infante.
"Eramos la niña bonita del hemisferio y ahora nos dan la espalda", confió a este corresponsal con palabras más fuertes, pero no publicables un ex canciller argentino que pidió que no se usara su nombre. José Miguel Insulza, un veterano ex canciller chileno y actual ministro del Interior, puso el dedo en la llaga durante una visita a Buenos Aires en su condición de Presidente del V Pleno del Grupo de Acción Financiera Internacional de América del Sur (Grafisud): desde el 11 de septiembre el mundo está mirando para otro lado. La tónica ahora está en la seguridad y la lucha contra el terrorismo y esos fueron los temas que vino a tratar. "Los escandalosos volúmenes de recursos financieros que esta generando y movilizando la industria mundial de la droga ilícita, el narcotráfico y los delitos conexos de armas y de tráfico de personas, además de ser impresionantemente elevados, han terminado por incorporarse al apoyo irrestricto de las organizaciones terroristas, obteniendo, en reciprocidad, la ayuda de éstos en la mantención de las condiciones internas y externas que ayudan al desarrollo de la industria mundial de la droga y de sus respectivos aliados," declaró tras una reunión con su homólogo argentino, Jorge Matzkin. Pero ni el terrorismo internacional ni las drogas figuran entre las prioridades de la apremiada población de Buenos Aires o del resto del país, por lo que uno observa, escucha y lee.
A primera vista, el aspecto de Buenos Aires apenas ha cambiado desde una última visita hace aproximadamente cuatro años. El maravilloso restaurante Dora cerca del periódico La Nación sirve los mismos jugosos bifes de chorizo que en Washington podrían repartirse entre cuatro. Los taxis van llenos en lo que deben ser las tarifas más baratas del continente -la carrera de 25 kilómetros del aeropuerto al hotel costó menos de 10 dólares y un cuarto por el que en 1999 se pagaba $100, ahora cuesta $30-. Es de noche cuando la pobreza sale a la superficie. En la famosa calle Florida tras la medianoche ambulan innumerables familias, clasificando el contenido de las bolsas de basura, llevándose todo lo que se puede comer o revender. Lo mismo ocurre en el elegante barrio de la Recoleta. Tomas Eloy Martínez, el destacado escritor argentino y profesor de literatura de la Universidad de Princeton, escribe en La Nación sobre la inseguridad que encontró en su reciente visita: "Se oye hablar con temor cereciente de algunos secuestros rápidos (nadie sabe cuántos, que consisten en encerrar a un conductor entre dos vehículos y llevarlo a su casa o a la de sus parientes, en busca de dinero para el rescate). En Tucumán, la provincia donde nací, la desnutrición infantil llega en algunos distritos al 40 por ciento. He visto fotos de criaturas agonizantes que sólo se podrían comparar a las de Biafra o Somalia de hace ya décadas". El título de la nota es "País sin nación".
¿Elecciones para cuándo? La clase política, desprestigiada como está, continúa negociando, pactando, demorando urgentes medidas legislativas, ampliando cada vez más el enajenamiento con la opinión pública que manifiesta a gritos su desconfianza en "el sistema". Esto es lo más grave. Porque "el sistema" es el sistema democrático, la libertad de expresión, la libre elección, que eligió a este Congreso, que a su vez eligió a este presidente, que a su vez parece ser uno de los políticos más desprestigiados que este mismo lunes deberá decidir si llama a elecciones para septiembre, como quiere la mayoría de la clase política, o si terminará su período en el 2003. Las apuestas en los cafés están perfilando a Carlos Reuteman, el popular as de las carreras de los Ferrari y actual gobernador de la provincia de Santa Fe por el peronismo; mientras que el dolorido Partido Radical postularía a López Murphy, un ex ministro de Economía del gobierno de De la Rúa, con la ex izquierdista y populista Patricia Bullrich. El problema está que la última elección vio un abstencionismo del 40 por ciento y la fe popular en los partidos parece que sigue disminuyendo, lo que no es buen augurio para la gobernabilidad ni para la fe en las instituciones democráticas.
Coincidimos en que las dificultades que afectan a las Naciones Unidas sólo se superarían si se reconoce, universal e inequívocamente, que las Naciones Unidas debe ser preservada como una ancha y sólida base de reservas intelectuales y morales que deben ser aprovechadas y respetadas en toda su potencialidad, porque son reservas que responden y corresponden a los intereses de toda la comunidad internacional. De ahí que el Consejo de Presidentes de la Asamblea General expresara su preocupación frente al unilateralismo en los asuntos internacionales e hiciera un llamado para la renovación de los compromisos para las acciones multilaterales a través de las Naciones Unidas. Consecuentemente el Consejo enfatizó la importancia de la Asamblea General, que es el órgano de las Naciones Unidas en el cual todos los Estados del mundo están representados.
Debo señalar que en el curso del examen que hicimos de los hechos del presente y de sus proyecciones futuras, constatamos que hay muchos signos de que la humanidad se encuentra muy próxima, por no decir al borde, de un despeñadero. Al mismo tiempo opinamos que los múltiples escenarios apocalípticos que se presentan en el mundo no impiden que las Naciones Unidas mantenga la esperanza, que esté alentada por la ambición de poner a la humanidad en el camino del renacimiento, que le abra paso a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos, así como a emplear los mecanismos internacionales para promover el progreso económico y social de todos los pueblos.
Su Santidad Juan Pablo II, en alusión a las crisis del 11-S y Oriente Próximo, pidió a los responsables de las religiones que rechacen toda violencia, ya que el uso de la violencia ofende el nombre de Dios. Sus palabras tienen un profundo impacto espiritual. Hace cuatro días el Santo Padre al llegar a Bakú, capital de Azerbaiyán, rebasando el límite de sus fuerzas, desde el fondo de sus energías exhaustas y sobreponiéndose a sus afecciones físicas, exclamó: "Hago un llamamiento encendido en favor de la paz. Pero debe tratarse de una paz verdadera, fundada sobre el respeto recíproco, sobre el rechazo del fundamentalismo y de cualquier forma de imperialismo". La alusión al imperialismo incluía también, según el portavoz vaticano, al imperialismo en su acepción cultural y económica.