Se retrasa el CMA
Desde Washington, nuestro corresponsal Henry Raymont ha venido reportando casi a diario, las reacciones de altos funcionarios norteamericanos cercanos a la negociación del Centro Multilateral Antidrogas. Allá se percibe que la demora panameña en firmar lo acordado en diciembre del año pasado se debe a que el mandatario panameño Ernesto Pérez Balladares, no quiere que el tema perjudique su campaña de reelección.
Por eso fue que, en su momento, creímos que diciembre era la fecha tope para concretar el acuerdo y enviarlo inmediatamente por la Asamblea Legislativa, para luego de aprobado, fuera sometido a referéndum popular no antes de tres meses después, como exige la Constitución, lo que calculamos tendría lugar en mayo próximo, antes de que las lluvias entorpecieran una votación masiva, que permitiera que el 70% que siempre lo favorece en las encuestas superara ampliamente al voto negativo.
El otro factor determinante para apurar el paso era a nuestro juicio la proximidad de la campaña política del 99 y su posibilidad de que fuera acelerada por las aspiraciones reeleccionistas del mandatario, cosa que lamentablemente ha ocurrido.
En las actuales circunstancias en que, según los estadounidenses, Panamá pretende "revisar unilateralmente lo acordado", retrotrayendo a sus inicios todo el proceso de negociación que ya había concluido en diciembre pasado, toda objetividad en la discusión se ha perdido, siendo permeada en adelante por consideraciones electoreras que estuvieron originalmente ausentes del proyecto.
Lo peor es que mientras más tiempo transcurre, sin que se tome una decisión definitiva, la situación política empeorará y será entonces más difícil aprobarlo. Así por ejemplo, quienes se oponen al CMA cuentan ahora con más oportunidad y recursos para organizarse; y su fuerza se multiplicará cuando mezclen sus argumentos con la campaña electoral. Todos los partidos querrán sacar provecho de los remozados mensajes nacionalistas para sumar votos, y la discusión del proyecto será influída inevitablemente por esa óptica.
Por otro lado, Raymont ha informado que en Estados Unidos se tiene la impresión de que no se dará mayores concesiones a Panamá que las ya acordadas; y que si se insiste en cambiarlas, el convenio podría requerir la aprobación del Senado donde sus posibilidades de ratificación son menores, puesto que aspiran a renegociar las bases militares en su actual concepto.
Así las cosas, el CMA que tan abrumadora aceptación tiene en las encuestas, podría naufragar en la vorágine de una campaña política que el propio gestor de la idea, el presidente Pérez Balladares, se ha encargado de iniciar prematuramente, con el anuncio de su aspiración a la reelección inmediata.
Por eso fue que, en su momento, creímos que diciembre era la fecha tope para concretar el acuerdo y enviarlo inmediatamente por la Asamblea Legislativa, para luego de aprobado, fuera sometido a referéndum popular no antes de tres meses después, como exige la Constitución, lo que calculamos tendría lugar en mayo próximo, antes de que las lluvias entorpecieran una votación masiva, que permitiera que el 70% que siempre lo favorece en las encuestas superara ampliamente al voto negativo.
El otro factor determinante para apurar el paso era a nuestro juicio la proximidad de la campaña política del 99 y su posibilidad de que fuera acelerada por las aspiraciones reeleccionistas del mandatario, cosa que lamentablemente ha ocurrido.
En las actuales circunstancias en que, según los estadounidenses, Panamá pretende "revisar unilateralmente lo acordado", retrotrayendo a sus inicios todo el proceso de negociación que ya había concluido en diciembre pasado, toda objetividad en la discusión se ha perdido, siendo permeada en adelante por consideraciones electoreras que estuvieron originalmente ausentes del proyecto.
Lo peor es que mientras más tiempo transcurre, sin que se tome una decisión definitiva, la situación política empeorará y será entonces más difícil aprobarlo. Así por ejemplo, quienes se oponen al CMA cuentan ahora con más oportunidad y recursos para organizarse; y su fuerza se multiplicará cuando mezclen sus argumentos con la campaña electoral. Todos los partidos querrán sacar provecho de los remozados mensajes nacionalistas para sumar votos, y la discusión del proyecto será influída inevitablemente por esa óptica.
Por otro lado, Raymont ha informado que en Estados Unidos se tiene la impresión de que no se dará mayores concesiones a Panamá que las ya acordadas; y que si se insiste en cambiarlas, el convenio podría requerir la aprobación del Senado donde sus posibilidades de ratificación son menores, puesto que aspiran a renegociar las bases militares en su actual concepto.
Así las cosas, el CMA que tan abrumadora aceptación tiene en las encuestas, podría naufragar en la vorágine de una campaña política que el propio gestor de la idea, el presidente Pérez Balladares, se ha encargado de iniciar prematuramente, con el anuncio de su aspiración a la reelección inmediata.