Sea un triunfador
Usted nació para triunfar. Reconozca que usted es hijo de Dios, por lo tanto hijo de un Gran Rey. Nacemos de nuevo en el bautismo, nos renovamos con los sacramentos y necesitamos decir un sí radical como han hecho todo los Santos. Si nos comportamos como hijos de Dios, las cosas cambian y empezaremos a triunfar en nuestras vidas. Todas las mañanas al despertar entable un diálogo de amor con el Señor y dígale: "Te doy gracias por este día, toma mi vida entera las 24 horas y haz tú lo que quieras". Dele gracias por todo lo que ocurre, haciendo caso omiso de las apariencias, porque Dios hace de las cosas que parecen malas mucho bien para nosotros.
El Señor quiere que todos sus hijos sean triunfadores pues lo repite una y otra vez en la palabra. - La voluntad del Señor es que tú prosperes en todas las cosas y que tengas salud y así prosperará tu alma. Y dice Jesús: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn.10,10). Como hijos de dios, hijos de un gran rey, nuestra sabiduría proviene de lo alto. Comenzamos una auténtica aventura en la vida bajo una nueva dirección en el Señor y no es dado esperar resultados que trasciendan lo natural. El transformarnos en triunfadores, al estilo de los hijos de Rey, supone cambios drásticos en nuestras actitudes e ideas, sobre la vida en general.
La vida en el Señor es realmente maravillosa, pero la disposición y buena voluntad son fundamentales para dejar nuestro modo de vida anterior. En San Juan 1 carta, Cap. 5 versículo 4 al 5, está clarísimo en el texto. Hay una sola manera de ser vencedores, y es transformándonos en hijos de Dios, pues todo lo que es nacido de Dios vence al mundo. Nos dice el Señor: "-Al vencedor yo le daré a comer del árbol de la Vida que se halla en el Paraíso de Dios"- (Ap 2,7) - "Ellos no sufrirán del daño de la segunda muerte, comerán del maná escondido, les dará autoridad sobre las naciones; vestirán de blanco y su nombre no será borrado del libro de la vida, confesado delante del Padre y de sus santos- (Ap. 2,11). Es maravilloso ser cristiano, y seguir a Cristo Jesús. l es el verdadero camino, la verdad y la vida; el mediador, el salvador, el buen pastor. l es el verbo encarnado. El que lucha con todas las armas posibles para mejorar su posición y hunde a los que se le oponen, pega primero, engaña mientras no lo vean, tanto en el campo político como económico, no es un auténtico triunfador. Ese ganar la carrera de la vida no importando los medios, no es para el verdadero cristiano. Los cristianos auténticos no están en esa pelea. Vamos a obtener la victoria de Jesucristo, la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo. Y para eso debemos rendirnos al Señor. Seamos pobres de espíritu, sencillos y humildes como María, Madre de Dios, y Madre nuestra. Dios actúa en los corazones sencillos y humildes. Pablo cita a Jesús en la siguiente palabra: -Bástate mi gracia porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por lo tanto, de buena gana me gloriaré en mis debilidades, afrentas, necesidades, persecuciones, angustias, porque es maravilloso sentirse fuerte con la fuerza de Cristo y no con la propia fuerza (2 Cor. 12,9). Nuestra propia fuerza es vana, se diluye rápidamente, no es auténtica. No creemos muy fuertes y capaces, más no somos nada sin el poder de Dios. En el sermón de la montaña, Jesús nos lo enseñó: -"Bendito los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de Dios" (Mt. 5,3). Fuimos creados para ser recipientes de la gloria de Dios y del cielo, para ser discípulos del Señor. Pero nos daremos cuenta de esto cuando renunciemos y entreguemos nuestros títulos de propiedad y derechos de todas nuestras pertenencias a Dios, y así despojándonos de nuestro egocentrismo, podrá Jesús entrar en nuestras vidas, y morar con toda abundancia.
Cuando Dios escogió a Salomón como Rey de Israel le dio ilimitados recursos. Le dijo: -"Pide lo que quieras", y Salomón le pidió únicamente sabiduría, para poder gobernar al pueblo de Dios. Se puso a los pies del Señor como su discípulo y Dios lo colmó de bendiciones. El único patrimonio que Dios necesita y que nosotros podemos brindarle es un recipiente vacío, en el cual pueda morar y colmarlo de justicia, sabiduría, santificación y redención. Al no poseer nada lo único que se requiere en un discípulo del Señor, es la fidelidad. Cuando el Señor nos da una misión y vienen los problemas, podemos decir: - "Mira Señor, lo que hacen contigo al hacérmelo a mí; ¿qué puedo hacer en esta situación? Tú Señor me ayudarás, yo acepto tu voluntad". ¡Qué lindas y maravillosas son las cosas del Señor y del cielo! Dios cumple lo que promete por lo tanto, no olvide que en l seremos vencedores. Mucha gente no quiere vivir esto por la soberbia. Una forma de vencer es luchar por las cosas sin caer en la agresividad, en la angustia, en la excesiva preocupación que nos convierte en títeres de las tinieblas. Cristo quiere que seamos triunfadores. Hay muchos triunfadores de verdad y otros que creen serlo y no lo son, pues viven llenos de odios y angustias.
El verdadero triunfo es vivir la vida como Jesús quiere, con cosas o sin cosas, con dinero o sin dinero, pero vivirla recta y honestamente; equilibrada, en paz y armonía. Con relaciones auténticas de amistad, cariño y ternura con los demás. Demostrando preocupación por los que nos necesitan y haciendo el bien a todos. Eso es ser triunfador. Usted debe triunfar y ser lo que el Señor quiere que sea. Con l podemos triunfar, usted sabe que así es porque, ¡con él usted es... invencible!.
El Señor quiere que todos sus hijos sean triunfadores pues lo repite una y otra vez en la palabra. - La voluntad del Señor es que tú prosperes en todas las cosas y que tengas salud y así prosperará tu alma. Y dice Jesús: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn.10,10). Como hijos de dios, hijos de un gran rey, nuestra sabiduría proviene de lo alto. Comenzamos una auténtica aventura en la vida bajo una nueva dirección en el Señor y no es dado esperar resultados que trasciendan lo natural. El transformarnos en triunfadores, al estilo de los hijos de Rey, supone cambios drásticos en nuestras actitudes e ideas, sobre la vida en general.
La vida en el Señor es realmente maravillosa, pero la disposición y buena voluntad son fundamentales para dejar nuestro modo de vida anterior. En San Juan 1 carta, Cap. 5 versículo 4 al 5, está clarísimo en el texto. Hay una sola manera de ser vencedores, y es transformándonos en hijos de Dios, pues todo lo que es nacido de Dios vence al mundo. Nos dice el Señor: "-Al vencedor yo le daré a comer del árbol de la Vida que se halla en el Paraíso de Dios"- (Ap 2,7) - "Ellos no sufrirán del daño de la segunda muerte, comerán del maná escondido, les dará autoridad sobre las naciones; vestirán de blanco y su nombre no será borrado del libro de la vida, confesado delante del Padre y de sus santos- (Ap. 2,11). Es maravilloso ser cristiano, y seguir a Cristo Jesús. l es el verdadero camino, la verdad y la vida; el mediador, el salvador, el buen pastor. l es el verbo encarnado. El que lucha con todas las armas posibles para mejorar su posición y hunde a los que se le oponen, pega primero, engaña mientras no lo vean, tanto en el campo político como económico, no es un auténtico triunfador. Ese ganar la carrera de la vida no importando los medios, no es para el verdadero cristiano. Los cristianos auténticos no están en esa pelea. Vamos a obtener la victoria de Jesucristo, la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo. Y para eso debemos rendirnos al Señor. Seamos pobres de espíritu, sencillos y humildes como María, Madre de Dios, y Madre nuestra. Dios actúa en los corazones sencillos y humildes. Pablo cita a Jesús en la siguiente palabra: -Bástate mi gracia porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por lo tanto, de buena gana me gloriaré en mis debilidades, afrentas, necesidades, persecuciones, angustias, porque es maravilloso sentirse fuerte con la fuerza de Cristo y no con la propia fuerza (2 Cor. 12,9). Nuestra propia fuerza es vana, se diluye rápidamente, no es auténtica. No creemos muy fuertes y capaces, más no somos nada sin el poder de Dios. En el sermón de la montaña, Jesús nos lo enseñó: -"Bendito los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de Dios" (Mt. 5,3). Fuimos creados para ser recipientes de la gloria de Dios y del cielo, para ser discípulos del Señor. Pero nos daremos cuenta de esto cuando renunciemos y entreguemos nuestros títulos de propiedad y derechos de todas nuestras pertenencias a Dios, y así despojándonos de nuestro egocentrismo, podrá Jesús entrar en nuestras vidas, y morar con toda abundancia.
Cuando Dios escogió a Salomón como Rey de Israel le dio ilimitados recursos. Le dijo: -"Pide lo que quieras", y Salomón le pidió únicamente sabiduría, para poder gobernar al pueblo de Dios. Se puso a los pies del Señor como su discípulo y Dios lo colmó de bendiciones. El único patrimonio que Dios necesita y que nosotros podemos brindarle es un recipiente vacío, en el cual pueda morar y colmarlo de justicia, sabiduría, santificación y redención. Al no poseer nada lo único que se requiere en un discípulo del Señor, es la fidelidad. Cuando el Señor nos da una misión y vienen los problemas, podemos decir: - "Mira Señor, lo que hacen contigo al hacérmelo a mí; ¿qué puedo hacer en esta situación? Tú Señor me ayudarás, yo acepto tu voluntad". ¡Qué lindas y maravillosas son las cosas del Señor y del cielo! Dios cumple lo que promete por lo tanto, no olvide que en l seremos vencedores. Mucha gente no quiere vivir esto por la soberbia. Una forma de vencer es luchar por las cosas sin caer en la agresividad, en la angustia, en la excesiva preocupación que nos convierte en títeres de las tinieblas. Cristo quiere que seamos triunfadores. Hay muchos triunfadores de verdad y otros que creen serlo y no lo son, pues viven llenos de odios y angustias.
El verdadero triunfo es vivir la vida como Jesús quiere, con cosas o sin cosas, con dinero o sin dinero, pero vivirla recta y honestamente; equilibrada, en paz y armonía. Con relaciones auténticas de amistad, cariño y ternura con los demás. Demostrando preocupación por los que nos necesitan y haciendo el bien a todos. Eso es ser triunfador. Usted debe triunfar y ser lo que el Señor quiere que sea. Con l podemos triunfar, usted sabe que así es porque, ¡con él usted es... invencible!.