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Seamos inteligentes


Desde niños se nos inculca que el ser humano es inteligente, piensa, analiza y esa capacidad y cualidad es lo que nos distingue de los animales salvajes, que no razonan, actúan por instinto y nada más. Pero cuando observo cómo actúan los hombres y mujeres, y los comparo con el comportamiento de los llamados seres irracionales, no puedo menos que decir que me asaltan muchas dudas sobre la inteligencia de los humanos.
El hombre y la mujer se dieron cuenta que para sobrevivir en este mundo requerían tener leyes y reglamentos que los guiaran dentro de un ambiente de convivencia pacífica de respeto mutuo, donde el fiel acatamiento de esas reglas, era garantía de paz y tranquilidad para todos los habitantes del planeta tierra.
Existen sistemas para escoger a las personas que dirigirán los destinos de un país, parte integral del mundo civilizado moderno, pero aquí la inteligencia no parece funcionar. En la práctica no se escogen a conciencia o raciocinio a los honestos, los responsables, los mejores, sino a los que más ofrecen durante las campañas políticas; aquí nuevamente se fracasa, pues si escogemos malos funcionarios públicos, nos estamos condenando a padecer una administración deficiente.
Se dice por todos los medios modernos de comunicación social que tirar desechos sólidos a los ríos, quebradas, zanjas y mares, es la causa principal de las inundaciones, con todos los daños y perjuicios que esa práctica conlleva; aquí otra vez, los mismos afectados son los responsables de las causas. ¿Es esto prueba de inteligencia?. La tala de árboles, quema de herbazales, deforestación indiscriminada son causas de sequía y contaminación del ambiente, y aquí también los responsables directos son los más afectados, ¿Se podrá calificar esto de actos bien pensados y analizados?.
Para cubrir los costos de la administración pública, se fijaron cuotas escalonadas de acuerdo al negocio, profesión, ocupación o fuente de ingreso de cada persona, de manera que en una forma justa, todos contribuyamos al financiamiento de los gastos del Gobierno Nacional. Nuevamente nos encontramos con la falta de inteligencia del ser humano; mientras unos se dedican a pelechar del erario público, utilizando en forma dolosa los fondos del Estado, algunos contribuyentes, quizás motivados por la falta de honestidad de ciertos funcionarios del Estado, alteran sus declaraciones de rentas para pagar menos impuestos, dando como consecuencia un descalabro en las finanzas públicas que revierte en alza de impuestos, de alimentos, de servicios públicos, luz, agua, teléfono. ¿Es esto otra prueba de inteligencia?.
Revisión anual de las condiciones mecánicas del automóvil, para mi propia seguridad. ¡Para qué, si puedo pagar a alguien para no revisarlo! ¿Impuesto anual de circulación vial?. Por qué pagar, si con tantos autos es difícil que me descubran.
Pagar las boletas de estacionómetros o del tránsito, utilizar siempre las luces direccionales, estacionar sólo en lugares permitidos, no cerrar el paso vehicular a los demás, ser cortés en el manejo, respetar las luces de los semáforos, no robar las señales de televisión por cable, no robar luz, cumplir los compromisos adquiridos, son sólo algunas de las reglas que un porcentaje de nuestra población inteligente no practica; entonces no nos extrañemos de la falta de ética y moral en los actos públicos y privados. Si de veras queremos distinguirnos como seres inteligentes, actuemos como tales, pues hasta ahora, los animales irracionales nos llevan la ventaja.

101 años de Panamá América

 
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