Seamos serios, Sr. Ministro
Soy un pequeño productor y he escuchado discursos del Sr. Ministro de Desarrollo Agropecuario contra las Licencias de Importación, por eso escribo esta nota. Las políticas económicas implantadas por la globalización y abrazadas en nuestro país por los tradicionales enemigos de la producción nacional, crearon un desequilibrio en el sector agropecuario, que aún con las promesas de reconversión en el sistema de explotación agropecuaria, destila desconfianza en todos los niveles y modelos de producción. No se trata de imponer o diseñar programas de reconversión, si por otro lado desprotegemos a quien se inserta en los mismos.
De nada sirve que proclamemos que se están estudiando formas de reincorporar y rescatar al productor con moderna tecnología, si su inversión se ve frustrada y aniquilada por importaciones innecesarias, ya que el mercado local tiene suficientes fuentes de abastecimiento y se trae productos de peor calidad que el nacional, para mezclarlo con el nuestro, elevándole el precio a los importados.
Afirmar desde un alto nivel oficial que ANAGAN debe permitir la importación de carne bovina o porcina, es tanto como darle la espalda a la realidad nacional y continuar demoliendo a quien hace un esfuerzo por ofrecer trabajo al campesino, que forma parte del anunciado programa de asistencia social del gobierno. Es inaceptable Sr. Ministro que se continúen expidiendo Licencias de Importación de Carnes, cuando directivos de ANAGAN y funcionarios públicos identificados con las necesidades del país, hacen esfuerzos por buscar mercado en el exterior a la producción bovina nacional.
No podemos aceptar como sincera entonces, la ya reiterada manifestación de que estamos protegiendo e impulsando al productor nacional. No Sr. Ministro. Tenemos que actuar como funcionario, según el pregón que hacemos, pero su discurso dista mucho de lo que en realidad se hace. Si Panamá tiene suficiente producción para abastecer el consumo en todo el país y eso es una realidad que Ud. no puede negar, autorizar importaciones que posiblemente provengan de lugares a los que no se les ha hecho una científica revisión de los riesgos que presentan, es atentar contra los nuestros.
Tenemos que ser serios y congruentes con lo que decimos y lo que hacemos. Sería bueno saber cuántos países han sido incorporados como nuevos importadores de ganado panameño, durante la gestión del Sr. Ministro de Desarrollo Agropecuario, aún cuando se nos diga que no es función suya la de buscar mercados a nuestro ganado.
El hecho de que Panamá sea miembro de la Organización Mundial del Comercio, (OMC), en nada le obliga a desfavorecer a sus nacionales. El cumplimiento de los Acuerdos de la OMC permite excepciones que en alguna medida, son las vías de escape que dejaron abiertas quienes imponen las políticas de ese organismo, que son los países desarrollados. Hagamos uso de esas alternativas con inteligencia y con sentido de patria. Las importaciones al final de cuentas no las están haciendo sino nacionales, personas con identificación de panameñas (naturales o jurídicas), pero cuyos intereses no son los mismos del país, sino que están dirigidos al enriquecimiento de un reducido grupo, con sacrificio de la mayoría. Cuando su política termine con la inversión en la ganadería, tendremos que importar toda la carne y llegará el momento en que nos pondrán condiciones para vendernos la que les resulte desechos, al precio que se les antoje con los compromisos que nos exijan.
Tenemos que revisar si nuestros funcionarios de Salud Animal han hecho los análisis periódicos sobre la salud del ganado en el país o región de la cual importamos, pero no se trata de su simple certificado por vista informativa, sino de real trabajo de los nuestros en esos lugares. Por otro lado, La Dirección de Control de Alimentos y Vigilancia Veterinaria del Ministerio de Salud, algo debe decir acerca de las Licencias de Importación.
Supongamos que nos envían la carne, pero que las vísceras fueron eliminadas por alguna enfermedad que presentaba el animal, estaríamos exponiendo al consumidor local a riesgos que deben ser prevenidos por esta Dirección, hasta ahora ignorada en la expedición de Licencias de Importación, pues si aquí han clausurado Mataderos, pienso que en Nicaragua o Uruguay, por lo menos prohibirían la importación de algunos de ellos. Seamos coherentes en el dicho y en el hecho, Sr. Ministro.
De nada sirve que proclamemos que se están estudiando formas de reincorporar y rescatar al productor con moderna tecnología, si su inversión se ve frustrada y aniquilada por importaciones innecesarias, ya que el mercado local tiene suficientes fuentes de abastecimiento y se trae productos de peor calidad que el nacional, para mezclarlo con el nuestro, elevándole el precio a los importados.
Afirmar desde un alto nivel oficial que ANAGAN debe permitir la importación de carne bovina o porcina, es tanto como darle la espalda a la realidad nacional y continuar demoliendo a quien hace un esfuerzo por ofrecer trabajo al campesino, que forma parte del anunciado programa de asistencia social del gobierno. Es inaceptable Sr. Ministro que se continúen expidiendo Licencias de Importación de Carnes, cuando directivos de ANAGAN y funcionarios públicos identificados con las necesidades del país, hacen esfuerzos por buscar mercado en el exterior a la producción bovina nacional.
No podemos aceptar como sincera entonces, la ya reiterada manifestación de que estamos protegiendo e impulsando al productor nacional. No Sr. Ministro. Tenemos que actuar como funcionario, según el pregón que hacemos, pero su discurso dista mucho de lo que en realidad se hace. Si Panamá tiene suficiente producción para abastecer el consumo en todo el país y eso es una realidad que Ud. no puede negar, autorizar importaciones que posiblemente provengan de lugares a los que no se les ha hecho una científica revisión de los riesgos que presentan, es atentar contra los nuestros.
Tenemos que ser serios y congruentes con lo que decimos y lo que hacemos. Sería bueno saber cuántos países han sido incorporados como nuevos importadores de ganado panameño, durante la gestión del Sr. Ministro de Desarrollo Agropecuario, aún cuando se nos diga que no es función suya la de buscar mercados a nuestro ganado.
El hecho de que Panamá sea miembro de la Organización Mundial del Comercio, (OMC), en nada le obliga a desfavorecer a sus nacionales. El cumplimiento de los Acuerdos de la OMC permite excepciones que en alguna medida, son las vías de escape que dejaron abiertas quienes imponen las políticas de ese organismo, que son los países desarrollados. Hagamos uso de esas alternativas con inteligencia y con sentido de patria. Las importaciones al final de cuentas no las están haciendo sino nacionales, personas con identificación de panameñas (naturales o jurídicas), pero cuyos intereses no son los mismos del país, sino que están dirigidos al enriquecimiento de un reducido grupo, con sacrificio de la mayoría. Cuando su política termine con la inversión en la ganadería, tendremos que importar toda la carne y llegará el momento en que nos pondrán condiciones para vendernos la que les resulte desechos, al precio que se les antoje con los compromisos que nos exijan.
Tenemos que revisar si nuestros funcionarios de Salud Animal han hecho los análisis periódicos sobre la salud del ganado en el país o región de la cual importamos, pero no se trata de su simple certificado por vista informativa, sino de real trabajo de los nuestros en esos lugares. Por otro lado, La Dirección de Control de Alimentos y Vigilancia Veterinaria del Ministerio de Salud, algo debe decir acerca de las Licencias de Importación.
Supongamos que nos envían la carne, pero que las vísceras fueron eliminadas por alguna enfermedad que presentaba el animal, estaríamos exponiendo al consumidor local a riesgos que deben ser prevenidos por esta Dirección, hasta ahora ignorada en la expedición de Licencias de Importación, pues si aquí han clausurado Mataderos, pienso que en Nicaragua o Uruguay, por lo menos prohibirían la importación de algunos de ellos. Seamos coherentes en el dicho y en el hecho, Sr. Ministro.