Secretas y discrecionales
HAY DIFERENCIAS idiomáticas entre las dos palabras del título enunciado. Partidas discrecionales serían las que no están reglamentadas, y pueden utilizarse al libre arbitrio del titular. Las partidas secretas son las que obedecen a una finalidad oculta, que no debe o puede ser revelada. Sin embargo, es tal el descuido verborrágico panameño, claro que debido a su ignorancia proverbial, que ambos vocablos se usan como si fueran sinónimos, para referirse a una de las fórmulas hasta ahora más escandalosas con que se gastan o apropian dineros estatales.
Como en materia de gastos presupuestarios ilegales hemos llegado a insólitas cumbres, resulta que ya se han recorrido, en las últimas décadas, todos los tonos de la escala punible. presidentes, primeras damas y diputados son los principales protagonistas de esta munificencia. Recordamos que a raíz de la Dictadura policíaca iniciada en octubre de 1968, los 505 representantes de corregimientos, quienes formaban la espina dorsal del régimen máximo representativo de ese entonces, fueron premiados con diez mil balboas anuales cada uno de los 505, para que invirtieran en los "problemas" de sus respectivos feudos. Pero luego se pasó a las partidas discrecionales o secretas de los legisladores o diputados, como quiera llamárseles, máxime en razón de la última reforma constitucional, que borró lo de Legisladores y usó el viejo apelativo, sin que nadie pudiera explicar si había omisión, yerro o prejuicio, en una u otra de tales designaciones, o en las dos. Y desde luego que los presidentes y primeras damas fueron adornados espléndidamente con tales regalías.
Según se ha publicado últimamente, el quinquenio tauromático estableció un récord al revelarse en esas semanas que la partida secreta presidencial de ese período alcanzó la cantidad récord de B/. 28 millones, porque la del quinquenio último, únicamente se sabe, por confesión propia, que se quedó por los 23 millones. Sin embargo, tanto en un caso como en el otro, las facturas, comprobantes u otras prendas no han aparecido aún y algunos creen que están muy bien guardados en algún lugar que nadie conoce. El desplome presupuestario de los últimos días de Pompeya ha obligado a los inquilinos actuales del Palacio de las Garzas cautivas a aceptar la rara cantidad de un millón de dólares anuales, para el fin de partidas discrecionales que, como hemos dicho, hasta hace poco se calificaban de secretas.
La anterior síntesis histórica de las célebres partidas, ya discrecionales, ya secretas y siempre discretas, tiene la finalidad de que tal alegre disposición libre, pero presupuestada, de dichas partidas, quede sólo como un lamentable recuerdo, principalmente a causa de que las que correspondieron, según los presupuestos, a los legisladores o diputados (cambio constitucional último no explicado), llegaron al extremo de que hicieron crisis presupuestal (nos perdonen los gramáticos este adjetivo que ya figura en los diccionarios), y en el último quinquenio fueron llevados a renglones menos notorios de la Gaceta y documentos adjuntos del Presupuesto Público. Conviene apuntar, para que no quede en el olvido absoluto, que la munificencia presupuestaria descrita, fue una de las características tempranas que la Dictadura policíaca nacional (1968-1989), partidas que hoy han parado casi en la quiebra. No obstante, todos sabemos que esas prácticas o algunas muy parecidas continuarán sucediendo en forma simple de partidas del despilfarro reinante en las arcas públicas panameñas, pero con disimulos en los que nadie cree, porque el resultado seguirá igual. La práctica que hemos venido recordando, fue uno de los grandes filones de lo que en los últimos tiempos ha recibido el término genérico de corrupción, infiltrado no sólo en la sangre, sino también en la columna vertebral de todo nuestro país. En un cuerpo torcido y acostumbrado a las jugosas partidas a que hemos aludido, no se cura de la noche a la mañana, por la sencilla razón de que todo el ser humano poblacional panameño se inficionó de mal tan grave, y por su consustancialidad, no puede desaparecer con la simple buena voluntad, ya que según el conocido refrán, "de buenas intenciones están empedrados los caminos del infierno".
Es bueno que el lector descanse de tanta maravilla. Mas ahora mismo se enciende una lucecita en nuestra memoria, porque hace muy pocos días, un grupo ilustre del Ministerio Público, en señal de despedida porque no pocos sintieron que ya estaba la cama tendida, se hicieron pagar ultra-rápidamente algunos millones a que tenían "derecho según sabias consultas", a base de sobresueldos y otras justificaciones ad-hoc. Parecía que esos funcionarios investigadores ya estaban dormidos sobre los laureles. Pero no. Todavía les faltaba la despedida. Y hasta algunos que ya no estaban en servicio, recibieron su mesada.
Agreguemos un dato adicional ilustrativo. Nosotros creemos que es legítimo que cuando se trata de grandes potencias, con verdaderos secretos militares, políticos, etc., se pongan a disposición del Presidente del país, las cantidades presupuestarias en verdad secretas para que puedan llevar a cabo ciertas actividades, o sus mensajeros anónimos, cuando se necesita actuar con dicho secretismo presidencial bélico o estratégico. Pero una "republiquita microscópica", como afirmaba irónicamente el poeta Demetrio Korsi, no tiene por qué andar en los saltos (si el lector quiere agregarle una "a" inicial a esta palabra, puede hacerlo sin desentonar con lo escrito) y con los salditos de las partidas secretas panameñas, que sabiamente ya no tienen nombre propio en el Presupuesto Nacional, documento que podríamos denominar, para mayor precisión, "El charco sin fondo de los despilfarros nacionales".
Como en materia de gastos presupuestarios ilegales hemos llegado a insólitas cumbres, resulta que ya se han recorrido, en las últimas décadas, todos los tonos de la escala punible. presidentes, primeras damas y diputados son los principales protagonistas de esta munificencia. Recordamos que a raíz de la Dictadura policíaca iniciada en octubre de 1968, los 505 representantes de corregimientos, quienes formaban la espina dorsal del régimen máximo representativo de ese entonces, fueron premiados con diez mil balboas anuales cada uno de los 505, para que invirtieran en los "problemas" de sus respectivos feudos. Pero luego se pasó a las partidas discrecionales o secretas de los legisladores o diputados, como quiera llamárseles, máxime en razón de la última reforma constitucional, que borró lo de Legisladores y usó el viejo apelativo, sin que nadie pudiera explicar si había omisión, yerro o prejuicio, en una u otra de tales designaciones, o en las dos. Y desde luego que los presidentes y primeras damas fueron adornados espléndidamente con tales regalías.
Según se ha publicado últimamente, el quinquenio tauromático estableció un récord al revelarse en esas semanas que la partida secreta presidencial de ese período alcanzó la cantidad récord de B/. 28 millones, porque la del quinquenio último, únicamente se sabe, por confesión propia, que se quedó por los 23 millones. Sin embargo, tanto en un caso como en el otro, las facturas, comprobantes u otras prendas no han aparecido aún y algunos creen que están muy bien guardados en algún lugar que nadie conoce. El desplome presupuestario de los últimos días de Pompeya ha obligado a los inquilinos actuales del Palacio de las Garzas cautivas a aceptar la rara cantidad de un millón de dólares anuales, para el fin de partidas discrecionales que, como hemos dicho, hasta hace poco se calificaban de secretas.
La anterior síntesis histórica de las célebres partidas, ya discrecionales, ya secretas y siempre discretas, tiene la finalidad de que tal alegre disposición libre, pero presupuestada, de dichas partidas, quede sólo como un lamentable recuerdo, principalmente a causa de que las que correspondieron, según los presupuestos, a los legisladores o diputados (cambio constitucional último no explicado), llegaron al extremo de que hicieron crisis presupuestal (nos perdonen los gramáticos este adjetivo que ya figura en los diccionarios), y en el último quinquenio fueron llevados a renglones menos notorios de la Gaceta y documentos adjuntos del Presupuesto Público. Conviene apuntar, para que no quede en el olvido absoluto, que la munificencia presupuestaria descrita, fue una de las características tempranas que la Dictadura policíaca nacional (1968-1989), partidas que hoy han parado casi en la quiebra. No obstante, todos sabemos que esas prácticas o algunas muy parecidas continuarán sucediendo en forma simple de partidas del despilfarro reinante en las arcas públicas panameñas, pero con disimulos en los que nadie cree, porque el resultado seguirá igual. La práctica que hemos venido recordando, fue uno de los grandes filones de lo que en los últimos tiempos ha recibido el término genérico de corrupción, infiltrado no sólo en la sangre, sino también en la columna vertebral de todo nuestro país. En un cuerpo torcido y acostumbrado a las jugosas partidas a que hemos aludido, no se cura de la noche a la mañana, por la sencilla razón de que todo el ser humano poblacional panameño se inficionó de mal tan grave, y por su consustancialidad, no puede desaparecer con la simple buena voluntad, ya que según el conocido refrán, "de buenas intenciones están empedrados los caminos del infierno".
Es bueno que el lector descanse de tanta maravilla. Mas ahora mismo se enciende una lucecita en nuestra memoria, porque hace muy pocos días, un grupo ilustre del Ministerio Público, en señal de despedida porque no pocos sintieron que ya estaba la cama tendida, se hicieron pagar ultra-rápidamente algunos millones a que tenían "derecho según sabias consultas", a base de sobresueldos y otras justificaciones ad-hoc. Parecía que esos funcionarios investigadores ya estaban dormidos sobre los laureles. Pero no. Todavía les faltaba la despedida. Y hasta algunos que ya no estaban en servicio, recibieron su mesada.
Agreguemos un dato adicional ilustrativo. Nosotros creemos que es legítimo que cuando se trata de grandes potencias, con verdaderos secretos militares, políticos, etc., se pongan a disposición del Presidente del país, las cantidades presupuestarias en verdad secretas para que puedan llevar a cabo ciertas actividades, o sus mensajeros anónimos, cuando se necesita actuar con dicho secretismo presidencial bélico o estratégico. Pero una "republiquita microscópica", como afirmaba irónicamente el poeta Demetrio Korsi, no tiene por qué andar en los saltos (si el lector quiere agregarle una "a" inicial a esta palabra, puede hacerlo sin desentonar con lo escrito) y con los salditos de las partidas secretas panameñas, que sabiamente ya no tienen nombre propio en el Presupuesto Nacional, documento que podríamos denominar, para mayor precisión, "El charco sin fondo de los despilfarros nacionales".