Secuelas
El miedo a la recesión en EE.UU. es un pésimo consejero. A diferencia de la Reserva Federal, el Banco Central Europeo (BCE) decidió mantener las tasas de interés y su presidente, Jean Claude Trichet, declaró explícitamente que la preocupación de las autoridades monetarias de la zona euro es la inflación, no una eventual recesión. En este sentido, el mandato único del BCE, la estabilidad de precios, le otorga a Europa una inmensa ventaja sobre EE.UU., país que padece en materia monetaria un arreglo disfuncional y sumamente riesgoso, el famoso "mandato dual": buscar a la vez combatir la inflación e impulsar la generación de empleos. Un doble objetivo contradictorio que tiene dos consecuencias graves: 1. Reduce la capacidad del banco central para ejercer una política monetaria eficaz, y 2. reduce la autonomía de la autoridad monetaria ante los avatares de la política electoral.
La crisis económica que se fue gestando en México entre 1993 y 1994 es ejemplo de cómo el miedo a la recesión y a sus secuelas provoca decisiones catastróficas.
Vale la pena comparar las recientes intervenciones públicas del presidente de la Reserva Federal con las del presidente del BCE. El primero aparece alarmado por el espectro de la recesión pero no hace un diagnóstico de las causas últimas de las turbulencias, pero su contraparte europea, da un diagnóstico sistematizado y una clara "hoja de ruta" para corregir las causas del desajuste. El Dr. Bernanke recetó un cambio en la escala del termómetro para ilusoriamente "bajar la fiebre". El Dr. Trichet sabe, por el contrario, que la fiebre es sólo un síntoma.
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