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Secuestros: reserva e información


La desaparición de los ciudadanos españoles José Vicente y Sergio Colastra el fin de semana pasado en las cercanías de la frontera con Darién, sugiere que han sido secuestrados por grupos armados colombianos. Las autoridades manifiestan que no tienen evidencias concretas y es mucho lo que se especula sobre las motivaciones que pudiera haber tras el probable ilícito, o las identidades de sus captores.
Sabiamente, la Cancillería panameña ha manejado el asunto con cautela y se ha abstenido de hacer declaraciones sobre la misteriosa desaparición que las entidades correspondientes investigan. De este modo, se ha vuelto a poner sobre el tapete el inevitable conflicto entre la necesidad de proteger a las víctimas por medio de una estricta reserva de la investigación y la necesidad, no menos sentida, que tiene la ciudadanía de saber qué es lo que realmente está pasando en la frontera darienita. No debe caber duda de que los medios de comunicación tienen el deber de cooperar con las autoridades y los familiares de las víctimas de secuestros, y abstenerse de publicar información sensitiva que pudiera, involuntariamente, precipitar un desenlace trágico y doloroso, o hacer difícil la recuperación del secuestrado. Quizás las autoridades pueden hacer un esfuerzo y entregar información de carácter estadístico que nos diga cuántos casos de secuestro se reportan cada año, en cada provincia, durante los diez últimos años, cuántos se resuelven favorablemente para las víctimas, y cuántos no han podido esclarecerse y siguen pendientes, y cuántas condenas se han logrado en los tribunales de justicia. Esto tendría un valor informativo vital y le permitiría a la ciudadanía hacer su propia evaluación sobre la realidad de los secuestros en Panamá, sin por ello afectar la desconocida situación de los Colastra.
Herrera dijo que tiene la percepción de que las anteriores administraciones no tenían un modelo o programa de resocialización para el privado de libertad. Cada ente trabajaba aislado y las cosas no funcionaban. Ahora con las nuevas regulaciones, el sistema debe caminar.
Para el doctor en Psicología Clínica, Fabio Bethancourt hay que tener presente que "nuestras cárceles son escuelas del crimen". Él aboga por la clasificación del delito y la implementación de programas como el Manejo Adecuado de los Impulsos.

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