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Secuestros y corsarios


Vuelven a ser noticia los secuestros de barcos pesqueros en las costas de Somalia. En cada país sólo se comentan cuando es apresado un buque de bandera española, o porque es español el capitán de un barco desvencijado matriculado en Kenia. Aunque ahora resulta que el armador es español que montó una sociedad fantasma reservándose el 99% de las acciones y poniendo una a nombre de una mujer Kenyatta para evadir impuestos y explotar a una marinería indígena sin contratos laborales.

Se comenta desde una perspectiva nacionalista y neocolonialista propia de tiempos pasados. Y claman al Gobierno y a la Unión Europea para que envíen barcos y helicópteros a su rescate, y los movilizan para tratar con los secuestradores mientras la oposición política acusa al Gobierno de hacerlo y lo crucificaría si no lo hiciese. Los responsables de los barcos son sus armadores, sus capitanes y patrones que esquilman los caladeros de otros pueblos, más que países.

Igual sucede cuando unos deportistas temerarios se hundieron en el Mar Rojo, mientras hacían pesca submarina en un cascajo no preparado. O cuando unos montañeros sin preparación ni medios adecuados sufren un accidente escalando una cima muy difícil. Si algo pasa, se acude a papá Estado para que tire del erario público formado con los tributos de todos los ciudadanos.

En pocos años, los mares quedarán esquilmados y desaparecerá el sector pesquero como agente económico. Como ha sucedido con los caladeros europeos donde han destrozado el hábitat de la mayoría de especies. Por eso nuestras flotas europeas y de otros países se fueron en busca de ricos caladeros de África, Latinoamérica y Asia. En muchos países, se sirvieron de gobernantes sin escrúpulos, de la falta de medios para defender su litoral.

Ahora todos se escandalizan de los ataques a los buques mientras las grandes potencias, España incluida, envían sus flotas de guerra con miles de marinos y de soldados, aviones, helicópteros, armas y las más modernas tecnologías para proteger a los corsarios de nuestro tiempo: las flotas pesqueras que esquilman desde hace décadas las aguas de Somalia bajo la farsa de que están en “aguas internacionales”. No hace muchos años los somalíes de la costa veían faenar a esos buques casi en la orilla, pero no tenían modo de defenderse. Ahora que unos aprovechados se han organizado con flotillas y armas para abordarlos les llamamos “piratas”. Nadie justifica los crímenes de esos piratas actuales que se aprovechan del desastre. Pero es preciso buscar las causas de esa situación antes de anatematizarlos. Hagamos amigos en lugar de concitar odios y rencores.

101 años de Panamá América

 
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