Sede permanente del ALCA: Aspiraciones y realidades
Después de un intervalo de varias semanas, y luego de haber concluido mis funciones como embajador de nuestro país en la OEA, vuelvo a esta conversación semanal con los lectores de El Panamá América, en la que mis comentarios continuarán enfocados en los temas que estimo de interés nacional. Comenzaré esta nueva etapa por uno de la mayor relevancia, por los eventuales e indudables beneficios que podría recibir nuestro país: La sede del ALCA.
Comparto y respaldo planamente la aspiración de que nuestro país llegue a convertirse en la sede la Secretaría Permanente del Area de Libre Comercio de las América. En ese esfuerzo se han invertido considerables recursos tanto materiales como humanos, que han sido patrocinados conjuntamente por sectores oficiales y privados. En buena hora el tema se ha manejado como un proyecto nacional, y así debe continuarse.
Panamá tiene considerables ventajas que ofrecer, que han sido expuestas con abundancia de detalles a lo largo y ancho del continente, durante los múltiples viajes y presentaciones efectuadas por los integrantes del Consejo Presidencial para la sede del ALCA, encabezados por su directora, la ex viceministra Castrellón.
Aunque hay otras ofertas de sede, presentadas por Trinidad y Tobago, México y también la aspiración de otras ciudades de los Estados Unidos, y sin pretender demeritarlas, desde el comienzo hemos sabido que la candidatura a vencer es la ciudad de Miami, por razones de mucho peso. Aparte de contar con mayores recursos económicos, su principal impulsador es el gobernador de la Florida, hermano del presidente Bush. Esa carta contará mucho, y más si los resultados de las elecciones de noviembre le favorecen, como parecen apuntar las encuestas de opinión.
Sumados a esos factores, existe, además, otro de singular importancia: Los empresarios de América Latina, con su peso específico, y motivados por sus intereses comerciales, cabildearán a sus gobiernos para inclinar sus votos. No hay que olvidar que en el pasado ya se han hecho algunos sondeos para medir sus preferencias entre las sedes propuestas y los resultados han favorecido a la ciudad de Miami.
Prestándole la debida atención a esos hechos, pues ignorarlos no ayuda a nuestra causa, debemos prepararnos de manera realista para enfrentar las etapas finales de la campaña que nuestro país deberá desarrollar en los meses próximos, en los que, con toda seguridad se requerirán mayores esfuerzos y recursos que los hasta ahora invertidos. Esa preparación debe comenzar por una evaluación realista y desapasionada de nuestras verdaderas posibilidades. Si como resultado de esa evaluación que, insisto, debe ser absolutamente objetiva, se llega a la conclusión de que nuestra candidatura tiene oportunidad de éxito, entonces, de manera bien planificada y haciendo el mejor usos de los recursos de que dispongamos, debemos lanzarnos a por todas. Pero si la evaluación arroja resultados negativos, no sería aconsejables alejarnos de la objetividad y hacer una inversión de recursos que podrían estar mejor empleados en otros asuntos.
Las viviendas populares se agrupan en tres categorías. Las barriadas de emergencia, las áreas de vivienda construidas por el sector privado o gubernamental, y las áreas centrales en deterioro. Las dos primeras son susceptibles a las inundaciones y derrumbes, y la tercera a los incendios y desplomes dada la decrepitud y el abandono de las edificaciones. Es necesario enfrentar esto con una estrategia de desarrollo urbano sobre la base de un ordenamiento territorial, una reforma urbana sostenible integral, y hacerle frente decididamente a la pobreza.
(raulleisr@hotmail.com)
Comparto y respaldo planamente la aspiración de que nuestro país llegue a convertirse en la sede la Secretaría Permanente del Area de Libre Comercio de las América. En ese esfuerzo se han invertido considerables recursos tanto materiales como humanos, que han sido patrocinados conjuntamente por sectores oficiales y privados. En buena hora el tema se ha manejado como un proyecto nacional, y así debe continuarse.
Panamá tiene considerables ventajas que ofrecer, que han sido expuestas con abundancia de detalles a lo largo y ancho del continente, durante los múltiples viajes y presentaciones efectuadas por los integrantes del Consejo Presidencial para la sede del ALCA, encabezados por su directora, la ex viceministra Castrellón.
Aunque hay otras ofertas de sede, presentadas por Trinidad y Tobago, México y también la aspiración de otras ciudades de los Estados Unidos, y sin pretender demeritarlas, desde el comienzo hemos sabido que la candidatura a vencer es la ciudad de Miami, por razones de mucho peso. Aparte de contar con mayores recursos económicos, su principal impulsador es el gobernador de la Florida, hermano del presidente Bush. Esa carta contará mucho, y más si los resultados de las elecciones de noviembre le favorecen, como parecen apuntar las encuestas de opinión.
Sumados a esos factores, existe, además, otro de singular importancia: Los empresarios de América Latina, con su peso específico, y motivados por sus intereses comerciales, cabildearán a sus gobiernos para inclinar sus votos. No hay que olvidar que en el pasado ya se han hecho algunos sondeos para medir sus preferencias entre las sedes propuestas y los resultados han favorecido a la ciudad de Miami.
Prestándole la debida atención a esos hechos, pues ignorarlos no ayuda a nuestra causa, debemos prepararnos de manera realista para enfrentar las etapas finales de la campaña que nuestro país deberá desarrollar en los meses próximos, en los que, con toda seguridad se requerirán mayores esfuerzos y recursos que los hasta ahora invertidos. Esa preparación debe comenzar por una evaluación realista y desapasionada de nuestras verdaderas posibilidades. Si como resultado de esa evaluación que, insisto, debe ser absolutamente objetiva, se llega a la conclusión de que nuestra candidatura tiene oportunidad de éxito, entonces, de manera bien planificada y haciendo el mejor usos de los recursos de que dispongamos, debemos lanzarnos a por todas. Pero si la evaluación arroja resultados negativos, no sería aconsejables alejarnos de la objetividad y hacer una inversión de recursos que podrían estar mejor empleados en otros asuntos.
Las viviendas populares se agrupan en tres categorías. Las barriadas de emergencia, las áreas de vivienda construidas por el sector privado o gubernamental, y las áreas centrales en deterioro. Las dos primeras son susceptibles a las inundaciones y derrumbes, y la tercera a los incendios y desplomes dada la decrepitud y el abandono de las edificaciones. Es necesario enfrentar esto con una estrategia de desarrollo urbano sobre la base de un ordenamiento territorial, una reforma urbana sostenible integral, y hacerle frente decididamente a la pobreza.
(raulleisr@hotmail.com)