Seguidilla de conmemoraciones
Concluyendo octubre, nos encontramos en medio de una seguidilla de conmemoraciones tan diversas. Fiestas religiosas (Todos los Santos, Día de Difuntos), conmemoraciones patrióticas (Separación de Colombia, Fiesta de Colón, gritos independentistas), Día del Niño. Dejando a un lado por ahora, los homenajes patrióticos para los cuales han pasado meses los estudiantes secundarios aporreando tambores y viviendo experiencias anuales juveniles conjuntamente con la serie de gastos de sus padres para que se luzcan en el colorido exhibicionismo patriótico. Le dedico el espacio de hoy a pensar en los niños y niñas. A juzgar por lo que se escribe y divulga, pareciera que existe una preocupación primordial por esa gran parte de la población que son los niños y niñas. Se habla de actualizar las leyes educativas, se mencionan inversiones estatales en mejoras de instalaciones colegiales, se crean instituciones cívicas en pro de la Educación adaptada a los tiempos, existen proyectos privados de dotar a los niños y niñas de los colegios públicos de equipos de informática en forma supletoria, como lo hace la Fundación Gabriel Lewis Galindo, al mismo tiempo entrenando profesores para que sean facilitadores; se revisan planes de salud para garantizar un mejoramiento de la salud mental, intelectual y física de los panameños de este siglo XXI. La situación de Panamá en este aspecto no es ni mejor ni peor que el resto de Latinoamérica, en donde también se hacen esfuerzos y experimentos orientados a hacerle frente a este gran reto que siempre tendrán los adultos del hemisferio no ya por motivos egoístas ni de sólo ventajas personales, sino por razones de elemental supervivencia.
Cuando se habla del niño, el algo en que todos coinciden es en la palabra Educación y sobre ella no sólo hablan los profesionales educativos, sino los economistas, los políticos, los padres de familia, los comerciantes, los transportistas, los médicos, los ministros religiosos y, en una palabra, todos los estamentos de la sociedad. Obviamente, caemos en comparaciones con la tónica repetitiva de que "Todo tiempo pasado fue mejor". Es casi lugar común en las conversaciones, recurrir a decir "en mi tiempo... en nuestro tiempo...las cosas eran distintas", "Cómo han cambiado las cosas" y decimos "en mi tiempo cuando una persona mayor subía al bus, o una dama, el joven o la joven se levantaban y le cedían el puesto", "En mi tiempo, cualquiera, cuando encontraba a un niño haciendo algo incorrecto en la calle, le llamaba la atención, lo corregía y el niño aceptaba la corrección y no había problema". No sé si todo eso fue verdad o nuestra memoria es "recreativa" de comportamientos pluscuamperfectos. Hoy día no es extraño escuchar que los padres de familia les traten de pegar a los maestros por problemas surgidos en las aulas o en los patios o instalaciones de la escuela". Hoy está olvidada la ortografía, la lectura, la urbanidad; no les preocupa a los muchachos ni muchachas, no les preocupa la religión ni la moral, ni el culto, nada más buscan las experiencias sabrosas momentáneas, están engolfados en el reggae, en la frivolidad, cuando no expuestos a la consumición de drogas y la descripción que hacemos es siempre patética cuando, incluso, con motivos de los crímenes perpetrados por los menores, se pide a gritos que se legisle sobre el incremento de las penas como medio de corregir esta aparente plaga.
Yo pienso que aquí como en otros aspectos de la vida desarrollada ciudadana, se está dando la ley de causa y efecto. Estamos recogiendo lo que hemos sembrado". Y se cumplen aquellos aforismos: "De aquellos polvos, estos lodos", "Quien siembra vientos recoge tempestades", "De tal palo tal astilla".
Los adultos con nuestra despreocupación y con nuestros malos ejemplos, nuestro egoísmo y ambición buscando nada más que nuestra propia comodidad y perdiendo de vista el horizonte patrio, les hemos entregado una realidad llena de toda clase de problemas y pésimos ejemplos. "Las palabras vuelan, los ejemplos arrastran". Tanto desgreño administrativo, falta de transparencia y insolidaridad comunitaria, viviendo la filosofía del "juega vivo" a la enésima potencia, llegamos a estos momentos en que farisaicamente levantamos la voz y las manos en son de protesta exclamando: "Hacia dónde vamos, dónde estamos, cada vez esto se pone peor". Lo cual en parte es cierto, pero no podemos quedarnos en el "Dies, irae, dies illa", sino tratando de encontrar cada uno una nueva solución porque las aplicadas hasta ahora como que no están dando resultado, a pesar de la buena voluntad.
Para interesarnos de verdad en el problema de los niños, el primer paso sería familiarizase con la Convención sobre los Derechos del Niño de la UNICEF que los resume: "Tenemos derecho a tener derechos, a la no discriminación, al más alto grado de salud y nutrición, a expresar nuestras opiniones, a descansar, jugar y tener acceso a la cultura, a una educación que desarrolle todas nuestras potencialidades, a la protección contra el abuso físico, mental o sexual, abandono y maltrato, a la protección contra la explotación económica y los trabajos peligrosos, a la libertad de pensamiento, conciencia y religión, a la convivencia familiar, a un nombre y a una nacionalidad". Es como un paradigma para someterse a un buen examen de conciencia.
Cada día más nos convencemos que la insustituible escuela, la mejor escuela de costumbres y de valores y de religiones: es el hogar. Lo que no te da tu casa, no te lo va a dar la escuela. Para educar al niño, tenemos que reeducar al adulto. Otra de las convicciones que aunque lenta se está imponiendo, es que se necesitan escuelas de padres y madres. Para eso existen todos esos centros de educación de adultos y de universidades de la tercera edad, ya que hay que seguirse educando, pues con un tercer grado deficiente o con un sexto grado o con un diploma de secundaria, e, incluso, un cartón de la Universidad, no lo sabes todo.
A juicio de Staff, en esta relación, que ha sido productiva y de gran colaboración, el Seguro Social ha podido medir el trabajo y la calidad de la formación que reciben "nuestros egresados".
Por su parte, Quintero reconoció que la CSS también ha seleccionado a un número menor de sus egresados para el internado, no obstante, atribuyó esta situación a la necesidad de "recurso humano" que enfrenta la entidad de seguridad social, "porque ha sido objeto de muchas críticas por parte de la población que demanda servicios a tiempo y de calidad".
Con miras a buscar una solución a la distribución del estudiantado en todas las instalaciones hospitalarias del país, Carlos Staff recomendó definir cuáles son los hospitales con capacidad docente y cuál es la capacidad de recepción de estudiantes de cada uno de ellos y, sobre esa base, hacer una distribución equitativa de los espacios.
Esta distribución equitativa, agregó, debe estar contenida en un "plan nacional de rotación clínico-quirúrgica", que permita a todos los estudiantes pasar por las mismas experiencias, y acceder a una educación de calidad enmarcada en lo que el país demanda.
Asimismo sugirió que, como una forma de darle prioridad al estudiante de la UP, se les asignen los primeros espacios de las prácticas, pues esta facultad tiene un prestigio ganado que nadie puede poner en duda.
Por su parte, Emperatriz de Quintero considera que con organización y planificación puede hacerse un calendario de rotaciones clínicas, y se podrá comprobar que hay espacio para todos "y sobra", tal como lo han hecho la Columbus University y la Latina en las instalaciones del Ministerio de Salud.
En ese sentido, señaló que desde hace dos semestres, los estudiantes de ambas universidades realizan sus rotaciones en hospitales del MINSA y hasta ahora no se ha presentado "esa situación de desastres, que vislumbraba el decano Mendoza", quien aseguraba que los pacientes iban a estar muy demandados por los futuros médicos.
Ello es así, sostuvo, porque en los convenios se ha establecido que los preceptores clínicos, es decir, los funcionarios de la institución, no deben atender más de cinco estudiantes.
Para el decano de la Facultad de Medicina de la UP, Enrique Mendoza, un aspecto que no debe perderse de vista es que las universidades privadas son agentes económicos y, "desde una perspectiva ética, no deben lucrar con los bienes del Estado".
A su juicio, lo anterior es evidenciado en la reciente resolución N° 201-2756 de 25 de septiembre de 2002, dictada por la Dirección General de Ingresos y promulgada en la Gaceta Oficial, que elimina el privilegio que tenían las universidades privadas de no pagar el Impuesto a la Transferencia de Bienes Corporales Muebles.
Sobre este particular, Mendoza citó una noticia publicada en El Panamá América sobre este tema en la que se afirma que "fuentes del sector educativo consultados sobre la aplicación de esta medida explicaron que ésta obedece a que el Gobierno considera a la educación superior privada como un negocio bien lucrativo".
Sin embargo, para los voceros de las facultades de medicina particulares, éstas están llenando un vacío que existía en el país, pues vale recordar que previo a su creación, un número importante de jóvenes panameños que no alcanzaban un cupo para estudiar medicina y carreras afines en la Universidad de Panamá se iban al extranjero, lo que representa una gran fuga de divisas para el país.
Staff explicó que en el año de 1992 se realizó un estudio que determinó que anualmente once millones de dólares se escapaban del país, debido al alto número de jóvenes panameños que se iban a otros países a formarse en estas profesiones, no obstante, desconoce cómo ha cambiado esta situación en la actualidad.
Explicó que de no existir las nuevas facultades de medicina, quizás un tercio de los jóvenes que allí se forman, se hubiese ido a México, Costa Rica u otros países, mientras que los restantes no hubiesen podido continuar sus estudios y hubieran visto frustradas sus aspiraciones.
Cuando se habla del niño, el algo en que todos coinciden es en la palabra Educación y sobre ella no sólo hablan los profesionales educativos, sino los economistas, los políticos, los padres de familia, los comerciantes, los transportistas, los médicos, los ministros religiosos y, en una palabra, todos los estamentos de la sociedad. Obviamente, caemos en comparaciones con la tónica repetitiva de que "Todo tiempo pasado fue mejor". Es casi lugar común en las conversaciones, recurrir a decir "en mi tiempo... en nuestro tiempo...las cosas eran distintas", "Cómo han cambiado las cosas" y decimos "en mi tiempo cuando una persona mayor subía al bus, o una dama, el joven o la joven se levantaban y le cedían el puesto", "En mi tiempo, cualquiera, cuando encontraba a un niño haciendo algo incorrecto en la calle, le llamaba la atención, lo corregía y el niño aceptaba la corrección y no había problema". No sé si todo eso fue verdad o nuestra memoria es "recreativa" de comportamientos pluscuamperfectos. Hoy día no es extraño escuchar que los padres de familia les traten de pegar a los maestros por problemas surgidos en las aulas o en los patios o instalaciones de la escuela". Hoy está olvidada la ortografía, la lectura, la urbanidad; no les preocupa a los muchachos ni muchachas, no les preocupa la religión ni la moral, ni el culto, nada más buscan las experiencias sabrosas momentáneas, están engolfados en el reggae, en la frivolidad, cuando no expuestos a la consumición de drogas y la descripción que hacemos es siempre patética cuando, incluso, con motivos de los crímenes perpetrados por los menores, se pide a gritos que se legisle sobre el incremento de las penas como medio de corregir esta aparente plaga.
Yo pienso que aquí como en otros aspectos de la vida desarrollada ciudadana, se está dando la ley de causa y efecto. Estamos recogiendo lo que hemos sembrado". Y se cumplen aquellos aforismos: "De aquellos polvos, estos lodos", "Quien siembra vientos recoge tempestades", "De tal palo tal astilla".
Los adultos con nuestra despreocupación y con nuestros malos ejemplos, nuestro egoísmo y ambición buscando nada más que nuestra propia comodidad y perdiendo de vista el horizonte patrio, les hemos entregado una realidad llena de toda clase de problemas y pésimos ejemplos. "Las palabras vuelan, los ejemplos arrastran". Tanto desgreño administrativo, falta de transparencia y insolidaridad comunitaria, viviendo la filosofía del "juega vivo" a la enésima potencia, llegamos a estos momentos en que farisaicamente levantamos la voz y las manos en son de protesta exclamando: "Hacia dónde vamos, dónde estamos, cada vez esto se pone peor". Lo cual en parte es cierto, pero no podemos quedarnos en el "Dies, irae, dies illa", sino tratando de encontrar cada uno una nueva solución porque las aplicadas hasta ahora como que no están dando resultado, a pesar de la buena voluntad.
Para interesarnos de verdad en el problema de los niños, el primer paso sería familiarizase con la Convención sobre los Derechos del Niño de la UNICEF que los resume: "Tenemos derecho a tener derechos, a la no discriminación, al más alto grado de salud y nutrición, a expresar nuestras opiniones, a descansar, jugar y tener acceso a la cultura, a una educación que desarrolle todas nuestras potencialidades, a la protección contra el abuso físico, mental o sexual, abandono y maltrato, a la protección contra la explotación económica y los trabajos peligrosos, a la libertad de pensamiento, conciencia y religión, a la convivencia familiar, a un nombre y a una nacionalidad". Es como un paradigma para someterse a un buen examen de conciencia.
Cada día más nos convencemos que la insustituible escuela, la mejor escuela de costumbres y de valores y de religiones: es el hogar. Lo que no te da tu casa, no te lo va a dar la escuela. Para educar al niño, tenemos que reeducar al adulto. Otra de las convicciones que aunque lenta se está imponiendo, es que se necesitan escuelas de padres y madres. Para eso existen todos esos centros de educación de adultos y de universidades de la tercera edad, ya que hay que seguirse educando, pues con un tercer grado deficiente o con un sexto grado o con un diploma de secundaria, e, incluso, un cartón de la Universidad, no lo sabes todo.
A juicio de Staff, en esta relación, que ha sido productiva y de gran colaboración, el Seguro Social ha podido medir el trabajo y la calidad de la formación que reciben "nuestros egresados".
Por su parte, Quintero reconoció que la CSS también ha seleccionado a un número menor de sus egresados para el internado, no obstante, atribuyó esta situación a la necesidad de "recurso humano" que enfrenta la entidad de seguridad social, "porque ha sido objeto de muchas críticas por parte de la población que demanda servicios a tiempo y de calidad".
Con miras a buscar una solución a la distribución del estudiantado en todas las instalaciones hospitalarias del país, Carlos Staff recomendó definir cuáles son los hospitales con capacidad docente y cuál es la capacidad de recepción de estudiantes de cada uno de ellos y, sobre esa base, hacer una distribución equitativa de los espacios.
Esta distribución equitativa, agregó, debe estar contenida en un "plan nacional de rotación clínico-quirúrgica", que permita a todos los estudiantes pasar por las mismas experiencias, y acceder a una educación de calidad enmarcada en lo que el país demanda.
Asimismo sugirió que, como una forma de darle prioridad al estudiante de la UP, se les asignen los primeros espacios de las prácticas, pues esta facultad tiene un prestigio ganado que nadie puede poner en duda.
Por su parte, Emperatriz de Quintero considera que con organización y planificación puede hacerse un calendario de rotaciones clínicas, y se podrá comprobar que hay espacio para todos "y sobra", tal como lo han hecho la Columbus University y la Latina en las instalaciones del Ministerio de Salud.
En ese sentido, señaló que desde hace dos semestres, los estudiantes de ambas universidades realizan sus rotaciones en hospitales del MINSA y hasta ahora no se ha presentado "esa situación de desastres, que vislumbraba el decano Mendoza", quien aseguraba que los pacientes iban a estar muy demandados por los futuros médicos.
Ello es así, sostuvo, porque en los convenios se ha establecido que los preceptores clínicos, es decir, los funcionarios de la institución, no deben atender más de cinco estudiantes.
Para el decano de la Facultad de Medicina de la UP, Enrique Mendoza, un aspecto que no debe perderse de vista es que las universidades privadas son agentes económicos y, "desde una perspectiva ética, no deben lucrar con los bienes del Estado".
A su juicio, lo anterior es evidenciado en la reciente resolución N° 201-2756 de 25 de septiembre de 2002, dictada por la Dirección General de Ingresos y promulgada en la Gaceta Oficial, que elimina el privilegio que tenían las universidades privadas de no pagar el Impuesto a la Transferencia de Bienes Corporales Muebles.
Sobre este particular, Mendoza citó una noticia publicada en El Panamá América sobre este tema en la que se afirma que "fuentes del sector educativo consultados sobre la aplicación de esta medida explicaron que ésta obedece a que el Gobierno considera a la educación superior privada como un negocio bien lucrativo".
Sin embargo, para los voceros de las facultades de medicina particulares, éstas están llenando un vacío que existía en el país, pues vale recordar que previo a su creación, un número importante de jóvenes panameños que no alcanzaban un cupo para estudiar medicina y carreras afines en la Universidad de Panamá se iban al extranjero, lo que representa una gran fuga de divisas para el país.
Staff explicó que en el año de 1992 se realizó un estudio que determinó que anualmente once millones de dólares se escapaban del país, debido al alto número de jóvenes panameños que se iban a otros países a formarse en estas profesiones, no obstante, desconoce cómo ha cambiado esta situación en la actualidad.
Explicó que de no existir las nuevas facultades de medicina, quizás un tercio de los jóvenes que allí se forman, se hubiese ido a México, Costa Rica u otros países, mientras que los restantes no hubiesen podido continuar sus estudios y hubieran visto frustradas sus aspiraciones.