¿Seguiremos siendo una sociedad solidaria?
LAS CIRCUNSTANCIAS que rodearon el proceso que culminó con la aprobación del denominado "programa de equidad fiscal" dejó lecciones que no se deben olvidad. La primera y más importante, es que el gobierno nunca tuvo verdadera intención de realizar una consulta amplia, transparente y democrática de su propuesta. Ello ya se habrán convencido aquellos que, ilusamente, creyeron que así sería.
La segunda enseñanza es que el partido que gobierna ya tiene trazados sus objetivos y está decidido a imponer su designio, utilizando, cada vez que lo estime conveniente, su ventaja numérica en la Asamblea. En otras palabras, que al PRD no le anima una disposición sincera de dialogar.
La tercera lección, es que los sectores opuestos a la reforma tributaria, a pesar de representar ampliamente a la mayoría del país, por su falta de coordinación, anularon la posibilidad de estructurar un frente común para forzar debate nacional del denominado "programa de equidad fiscal". Algunos sectores empresariales y profesionales, al preocuparse más por abogar por sus parcelas específicas de interés, resquebrajaron la unidad. Y ese hecho fue aprovechado por el gobierno para pasarlas en la Asamblea.
A lo anterior hay que agregar que tampoco hubo preparación y unidad en la bancada "de oposición", como lo comprobaron la falta de iniciativa, los votos emitidos por varios de sus diputados y la ausencia de un discurso común. Esa fue la cuarta lección.
En la estrategia escalonada que sigue el gobierno, el siguiente tema es las reformas a la seguridad social. Y si las lecciones derivadas del proceso de culminó con la aprobación de las reformas tributarias no han sido asimiladas ni generan un cambio de actitud, lo previsible es que el gobierno volverá a salirse con la suya.
Las proyectadas "reformas salvadoras" de la Caja del Seguro Social son un tema de mayor envergadura que las reformas tributarias. En esta ocasión, el gobierno, tal vez impactado por las secuelas negativas que dejó en la población su manejo apresurado y prepotente del tema fiscal, se ha comprometido a un debate reposado y abierto de sus propuestas para la seguridad social. Y debemos exigir que ese ofrecimiento se cumpla. Pero a la par, debemos estar en capacidad de ofrecer alternativas.
No se debe repetir el error de sentarse a esperar las propuestas gubernamentales para después reaccionar. Los otros sectores de la sociedad, y muy especialmente los partidos de oposición, también deben proponer.
El tema del Seguro Social, como ningún otro, pondrá a prueba a la sociedad panameña. Y cada uno se sus sectores deberá cuidad que no se distorsiones su naturaleza esencial, que es la base solidaria del sistema. Algunas voces ya comienzan a exponer criterios sobre el posible rumbo a seguir. Eso es positivo para motivar el gran diálogo nacional que es necesario en este caso. Pero preocupa enormemente que la mayoría de esas opiniones propugnen por soluciones "técnicas", que desconocen la perspectiva social y humana del problema.
El sistema de seguridad social, he escrito en otro momento, es la última barrera que nos separa de volver a la ley de la jungla. Si el sistema pierde su naturaleza solidaria y erigimos en norma que cada quien se defienda como pueda, no sólo sufrirán los más pobres; nuestra sociedad perderá más porque habremos retrocedido en nuestra condición de seres humanos.
La segunda enseñanza es que el partido que gobierna ya tiene trazados sus objetivos y está decidido a imponer su designio, utilizando, cada vez que lo estime conveniente, su ventaja numérica en la Asamblea. En otras palabras, que al PRD no le anima una disposición sincera de dialogar.
La tercera lección, es que los sectores opuestos a la reforma tributaria, a pesar de representar ampliamente a la mayoría del país, por su falta de coordinación, anularon la posibilidad de estructurar un frente común para forzar debate nacional del denominado "programa de equidad fiscal". Algunos sectores empresariales y profesionales, al preocuparse más por abogar por sus parcelas específicas de interés, resquebrajaron la unidad. Y ese hecho fue aprovechado por el gobierno para pasarlas en la Asamblea.
A lo anterior hay que agregar que tampoco hubo preparación y unidad en la bancada "de oposición", como lo comprobaron la falta de iniciativa, los votos emitidos por varios de sus diputados y la ausencia de un discurso común. Esa fue la cuarta lección.
En la estrategia escalonada que sigue el gobierno, el siguiente tema es las reformas a la seguridad social. Y si las lecciones derivadas del proceso de culminó con la aprobación de las reformas tributarias no han sido asimiladas ni generan un cambio de actitud, lo previsible es que el gobierno volverá a salirse con la suya.
Las proyectadas "reformas salvadoras" de la Caja del Seguro Social son un tema de mayor envergadura que las reformas tributarias. En esta ocasión, el gobierno, tal vez impactado por las secuelas negativas que dejó en la población su manejo apresurado y prepotente del tema fiscal, se ha comprometido a un debate reposado y abierto de sus propuestas para la seguridad social. Y debemos exigir que ese ofrecimiento se cumpla. Pero a la par, debemos estar en capacidad de ofrecer alternativas.
No se debe repetir el error de sentarse a esperar las propuestas gubernamentales para después reaccionar. Los otros sectores de la sociedad, y muy especialmente los partidos de oposición, también deben proponer.
El tema del Seguro Social, como ningún otro, pondrá a prueba a la sociedad panameña. Y cada uno se sus sectores deberá cuidad que no se distorsiones su naturaleza esencial, que es la base solidaria del sistema. Algunas voces ya comienzan a exponer criterios sobre el posible rumbo a seguir. Eso es positivo para motivar el gran diálogo nacional que es necesario en este caso. Pero preocupa enormemente que la mayoría de esas opiniones propugnen por soluciones "técnicas", que desconocen la perspectiva social y humana del problema.
El sistema de seguridad social, he escrito en otro momento, es la última barrera que nos separa de volver a la ley de la jungla. Si el sistema pierde su naturaleza solidaria y erigimos en norma que cada quien se defienda como pueda, no sólo sufrirán los más pobres; nuestra sociedad perderá más porque habremos retrocedido en nuestra condición de seres humanos.