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Segunda ola de la crisis asiática


En varias oportunidades hemos opinado sobre la génesis y repercusiones de la crisis económica que padece Asia. En esta ocasión volvemos sobre el tema para recordar que el peligro no ha pasado.
El viernes pasado, los índices de las bolsas de Sao Paulo, Río de Janeiro, México, Buenos Aires y Caracas, volvieron a desplomarse, mientras el Dow Jones de Nueva York, pese al anuncio de que la Reserva Federal mantenía la misma tasa de interés ante la favorable evolución de la economía norteamericana, apenas superaba el cero por ciento.
Antes de que eso ocurriera, Norio Ohga, presidente de la gigante electrónica Sony Corp., había anunciado que "la economía del Japón estaba al borde del colapso", anticipando efectos perjudiciales para la economía mundial. A su juicio "incluso la economía de Estados Unidos no podría mantener su condición favorable si la economía del Japón continúa tan lenta".
La crisis japonesa, secuela en dominó de la iniciada hace meses en Indonesia, Malasia y Tailandia, con repercusiones inmediatas en Corea y Hong Kong, ha provocado que los ahorristas corran a refugiarse en la divisa estadounidense, disparando el valor del dólar a su nivel más alto en los últimos seis años, alcanzando los 135.20 yenes.
La empresa evaluadora de riesgos financieros, Moody"s Investors Service, acaba de disminuir la calificación de los papeles de crédito japoneses, de "estable" a "negativo". Y como consecuencia, los inversionistas están deshaciéndose de sus papeles japoneses y reinvirtiendo en Estados Unidos, con el consiguiente riesgo de aumento de la presión inflacionaria sobre el último a mediano término.
Estados Unidos, a cuya economía está atada Panamá por el cordón umbilical del dólar y la dependencia del comercio bilateral, puede sufrir también el impacto negativo del incremento de la desfavorable balanza comercial norteamericana que podría empujarlo hacia la pérdida de empleos y a la merma del ritmo de crecimiento con baja inflación de que goza actualmente.
Por lo pronto Japón, del que se esperaba fuera el motor de la recuperación de Asia, se precipita hacia una recesión que se vislumbra inevitable. Igual opina Lehman Brothers, corredores de inversión de Nueva York, que ha dicho que la situación del Banco de Japón es "catastrófica".
De paso se esfuma la esperanza de que la segunda economía mundial aportara más ayuda al programa de 100 mil millones de dólares que ha adelantado el Fondo Monetario Internacional en rescate de la atribulada región. Asia semeja un dragón que se traga todos los millones, sin salir a flote, cual un vaso de agua derramado en el desierto.
Por nuestro lado, conviene recordar que no somos una isla y que tarde o temprano nos tocará parte del coletazo de la crisis. No hagamos como con el Fenómeno del Niño, esperar que nos azote para correr entonces a tomar medidas.

101 años de Panamá América

 
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