Segunda vuelta en Perú
La Defensoría del Pueblo de Perú ha propuesto condiciones que aseguren en la segunda vuelta la eliminación de los vicios que arrojaron graves recriminaciones sobre la primera vuelta electoral. La misión de la OEA y los principales grupos de observadores nacionales e internacionales, han expresado su respaldo a condiciones aceptables para la limpieza del sufragio, tales como una administración electoral imparcial e independiente, el acceso equitativo a los medios de comunicación y la firma de un compromiso ético de limpieza electoral entre Fujimori y Toledo y los medios de comunicación.
No se conoce aún el mecanismo que reemplace o mejore la actuación parcializada del organismo encargado del cómputo de los votos. Por lo pronto, se sabe que se exigirá que los representantes de los candidatos y los observadores tengan acceso a la base de datos que recopila la información electoral, acceso que el ente estatal negó a la OEA en la primera vuelta. El repudio contra el ente se concentra en la exigencia de renuncia del jefe de la ONPE, pues este funcionario nombrado por el Poder Ejecutivo mostró un comportamiento poco confiable. La solicitud de acceso a los medios de comunicación se debe al hecho de que los canales privados de señal abierta, mediatizados por la publicidad estatal, rechazaron transmitir cuñas pagadas de los candidatos de oposición, en tanto que sí promovían a todo vapor, con el refuerzo del canal estatal, al candidato presidente. Al propio tiempo una gavilla de pasquines subvencionados, según es vox pópuli en Perú, por el servicio de inteligencia del ejército a órdenes del asesor Vladimiro Montesinos, atacó en forma soez y despiadada a los candidatos de la oposición y ahora se ha lanzado a denigrar la vida familiar de Alejandro Toledo.
La primera vuelta es descrita como uno de los capítulos más sórdidos de las elecciones peruanas. Las trampas empleadas por el régimen trataron de pintar con brochazos de imparcialidad lo que muchos tachan como métodos fríamente urdidos para reprimir a los opositores y desfigurar el resultado de los comicios. Pero ya se le vieron los pelos al lobo en la primera vuelta y se intentará trasquilarlo en la segunda. Cien ojos sagaces observan el escenario electoral peruano.
No se conoce aún el mecanismo que reemplace o mejore la actuación parcializada del organismo encargado del cómputo de los votos. Por lo pronto, se sabe que se exigirá que los representantes de los candidatos y los observadores tengan acceso a la base de datos que recopila la información electoral, acceso que el ente estatal negó a la OEA en la primera vuelta. El repudio contra el ente se concentra en la exigencia de renuncia del jefe de la ONPE, pues este funcionario nombrado por el Poder Ejecutivo mostró un comportamiento poco confiable. La solicitud de acceso a los medios de comunicación se debe al hecho de que los canales privados de señal abierta, mediatizados por la publicidad estatal, rechazaron transmitir cuñas pagadas de los candidatos de oposición, en tanto que sí promovían a todo vapor, con el refuerzo del canal estatal, al candidato presidente. Al propio tiempo una gavilla de pasquines subvencionados, según es vox pópuli en Perú, por el servicio de inteligencia del ejército a órdenes del asesor Vladimiro Montesinos, atacó en forma soez y despiadada a los candidatos de la oposición y ahora se ha lanzado a denigrar la vida familiar de Alejandro Toledo.
La primera vuelta es descrita como uno de los capítulos más sórdidos de las elecciones peruanas. Las trampas empleadas por el régimen trataron de pintar con brochazos de imparcialidad lo que muchos tachan como métodos fríamente urdidos para reprimir a los opositores y desfigurar el resultado de los comicios. Pero ya se le vieron los pelos al lobo en la primera vuelta y se intentará trasquilarlo en la segunda. Cien ojos sagaces observan el escenario electoral peruano.