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Seguridad alimentaria


Hablábamos en editorial previo sobre la conveniencia de equilibrar y armonizar el interés del consumidor y el del productor agropecuario, sugiriendo que el último procurara dedicarse a los rubros en que más eficiencia y competitividad tuviera con respecto a los importados; y del papel del Estado de protegerlo frente a la competencia desleal, refiriéndonos en especial a los subsidios.
En materia agrícola, la tendencia es eliminar subsidios; pero no del todo. La razón radica, en parte, en la necesidad de preservar la fuente de empleo y diversificar el paisaje del aparato productor - no todos los países están felices de llenarse de chimeneas - y, en otra, está la seguridad alimenticia.
La crisis del petróleo, los desastres naturales y las guerras, enseñaron a las naciones la importancia de contar con sus propias fuentes de producción de alimentos y, por tanto, a no depender exclusivamente de los alimentos ajenos. Recordemos que las poderosas ciudades-estado fortificadas del Medievo, eran vencidas no por las armas sino por hambre, tras prolongados sitios. Por otro lado, las grandes guerras mundiales hicieron elevar los precios de los alimentos a la estratosfera, en vista de que el esfuerzo bélico de los beligerantes les impedía dedicarse a la producción de sus alimentos, lo cual les obligaba a importarlos a precio de oro. Argentina y Uruguay, vivieron en esa época, tiempos de bonanza, produciendo comida en tiempos de escasez.
Pasada la segunda guerra y aprendida la lección, las naciones industrializadas han hecho esfuerzos para desarrollar tecnológicamente su producción agropecuaria, no sólo para hacerla independiente sino, incluso, para usarla como arma económica, por medio del fomento de la dependencia ajena, acudiendo incluso a subsidios y barreras para estimular y proteger a los suyos. Ese es su juego, que los demás abran su mercado alimenticio, mientras ellos cierran el propio. La razón de todo ese esquema es, en gran medida, estratégico. "Los ejércitos marchan sobre su estómago", decía Napoleón; y antes que él, Alejandro Magno cifraba en las líneas de aprovisionamiento de alimentos el éxito de su conquista del mundo.
Y el último, fue un copartidario suyo, Gobernador de provincia, a quien sugirió dirigirse a la PTJ a interponer una denuncia por unos cheques que se encontró, sólo para quedar preso en el acto y destituido del cargo. Después de eso, ejerció un control absoluto sobre su partido y sobre el Legislativo, lo cual le permitió gobernar con tranquilidad.

101 años de Panamá América

 
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