Seguridad alimentaria, un problema de todos
Vivimos un cambio de época que nos hace oscilar entre un cierto optimismo, por las oportunidades que se presentan y un cierto pesimismo por la incertidumbre que todo lo rodea. La sensación de que el futuro es incierto, que la pobreza no cede, que el hambre se convierta en tema mundial, que el individualismo es lo único que cuenta, que la democracia ya no satisface necesidades; todo esto daña el sentido colectivo de las cosas, el sentido de pertinencia, en fin la cohesión social. Bajo este panorama, hace poco, 40 jefes de Estados se reunieron en Roma para hablar sobre la seguridad alimentaria, organizada por la FAO. Allí, el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, señaló que hay que aumentar en un 50% la producción mundial de alimentos, de aquí al año 2030, si el mundo quiere evitar guerras y otras crisis. Jacques Diourf, director general de la FAO, advierte que se necesitan 30.000 millones de dólares anuales para asegurar a 862 millones de pobres los alimentos para vivir, hecho que podrá frenar el espectro de los conflictos a nivel mundial. Cuando oímos a nuestros conciudadanos protestar porque subió el precio del pan, la gasolina, la carne, el arroz, la papa, el tomate, la cebolla etc., simplemente estamos reflejando una alerta mundial que puede desatar rebeliones y protestas del mundo en hambre. Que acá lo hacemos a lo panameño, con nuestras propias características caribeñas, es cierto, pero el final es el mismo, el hambre recorre el Istmo.
El francés Dominique Strauss-Kahn, presidente del FMI, afirma que una inflación en aumento, especialmente en alimentos, puede tener consecuencias "terribles" para el mundo, por lo que es necesario adoptar medidas para contener el alza de precios.
El Banco Mundial (BM), a través de su presidente, Robert Zoellick, propone elaborar una política alimentaria mundial.
Otros afirman que la comida es cara porque el mundo no estaba preparado para que millones de chinos, de indios y de africanos comieran tres veces al día. En fin, el problema está ahí, ya no es un sueño, es una cruda realidad. ¿Qué hacer?, devolver la mirada al campo interiorano, producir nuestro consumo alimenticio, incentivar al productor nacional, protegerlo del mercado externo, devolverle la confianza en nuestro mercado, habilitar a nuestros consumidores a reestructurar su consumo hacia los productos nacionales, hacia nuestra comida nacional y así fortalecer nuestro mercado primario. Generar políticas de Estado frente a la producción nacional, sin la voracidad utilitaria del intermediario, para que nuestro ciudadano común compre lo nuestro a bajos precios y garantice una alimentación saludable, de calidad y nacional.
No queremos protestas sociales de un pueblo famélico pidiendo comida, hasta allá no queremos llegar. Transformemos el campo, hagamos del campesinado actual, empresarios agrícolas modernos, progresistas y muy panameño.