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Seguridad, cada vez peor 


El asesinato del abogado Manuel Caballero Pérez, ocurrido el pasado fin de semana en la Vía Argentina, quien fuera sorprendido a plena luz del día por dos sujetos que le propinaron disparos de bala desde un vehículo en marcha, y que inmediatamente se dieron a la fuga y no han sido aún detenidos, es el más reciente caso de homicidio inexplicable que ha sucedido en la capital panameña el cual, al margen del móvil del mismo, afecta seriamente el clima de seguridad ciudadana.

Pero lo que hay que destacar aquí es que, además del repudio que merecen tales hechos, lo que resulta absolutamente escandaloso, inadmisible y vergonzoso es la facilidad con que opera la delincuencia organizada en nuestro país.

Es inocultable que las mafias cuentan no sólo con el poder de fuego y el grado organización criminal necesaria para perpetrar tales asesinatos; sino que también disponen, como ocurrió con el caso de Caballero Pérez, de información precisa sobre las actividades de sus víctimas. Hechos que constatan la desprotección que hay en la calles de la ciudades del país, además del resquebrajamiento del estado de derecho, debilitado por el crimen organizado.

Debido al incremento de estos sucesos es justo pensar que el Gobierno Nacional no ha ponderado suficientemente las dimensiones peligrosas que está asumiendo este fenómeno en Panamá, donde a ratos, la delincuencia se muestra mejor organizada y mucho más fuerte que las autoridades.  

Tras una década perdida en los propagandísticos planes de seguridad anunciados por diversos gobiernos, lo único evidente es que los mismos parecen haber fracasado, pues la sensación de seguridad ha venido aumentando. Hay que corregir cuanto antes, no vaya a ser que la violencia criminal termine triunfando y tomándose las calles.

101 años de Panamá América

 
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