Seguridad ciudadana
La importancia de este tema no se puede dejar a lo que le permita la coyuntura. Ejemplos en países vecinos y experiencias locales recientes permiten aseverar que es un tópico estratégico, jaqueado por factores que ponen en juego la propia estabilidad de los Estados.
¿No fue acaso una sorpresa desagradable e impactante la manera como fueron ultimados en Guatemala hace unas semanas tres parlamentarios salvadoreños? Y más impactante aún cómo terminaron los autores de ese magnicidio cuando, en una operación comando, fueron asesinados dentro de la propia cárcel? La ejecución y la forma como ocurrió la matanza, conllevaban un mensaje sobre el que pocos tendrán dudas a estas alturas. Los "capos" desde atrás dijeron a la sociedad y al Estado, "fuimos nosotros y tenemos capacidad para llegar hasta nuestros objetivos por muy ocultos o protegidos que parezcan. Nadie nos puede detener".
En El Salvador se sabe que La Mara se ha convertido en un factor dañino contra el cual el Estado hace esfuerzos enormes e invierte, para detenerla, sumas importantes. Honduras no escapa a esa situación. Y en el caso de Panamá, la no resuelta muerte de un jefe de la PTJ, la quema de aldeas en el área indígena y la reciente detención de un carguero con 20 toneladas de cocaínas son expresiones claras de la forma y los recursos como opera una internacional del crimen contra la que países y gobiernos parecen cada día más impotentes, pese a los golpes ocasionales que le asestan.
Son situaciones que parecen exigir, cada vez con rigor, más eficiencia de los órganos de seguridad del Estado. Pero reclama con mayor urgencia una participación ciudadana que se traduzca, aunque sea, en la vigilancia de acciones sospechosas dentro de las comunidades.
No es cierto que la seguridad ciudadana sea tema de preocupación sólo para las autoridades. Es de todos los que vivimos en este país, los que hemos cultivado un estilo de vida y una laboriosidad que ahora se ven amenazadas. Ahí están las evidencias.