Seguridad ciudadana perfecta
Salvo que el ministro de Gobierno y Justicia, Daniel Delgado Diamante, brinde más explicaciones y someta a amplia discusión su proyecto de seguridad, el mismo parece concentrarse más en la seguridad del Estado que del ciudadano. Enfatiza en el delito transnacional (subversión, terrorismo, narcotráfico, salvaguarda de fronteras, Plan Mérida) y muy poco en la acción de maleantes y pandillas que altera la calidad de vida del panameño común. Cierto, hay un grado de conexión entre ambos, pero son dos problemas diferentes con distinto tratamiento. Uno requiere, quizás, de una guardia fronteriza, guardacostas y helicópteros; la otra, de policías de a pié y motorizados, bien comunicados y entrenados. El servicio de inteligencia de que habla el titular, atañe al delito transnacional no al local, como es el caso de las bandas.
El alcalde de Chicago, Richard Daley, tiene, en cambio, para su ciudad un sistema de seguridad casi perfecto, ideal, para lo que quiere el ciudadano común, que es el que paga con sus impuestos la fiesta de la nueva burocracia uniformada, con sus juegos de guerra, buques, aviones, cañones y fusiles de combate. La vigilancia a través de cámaras de vídeo en Chicago, es abrumadora por las calles y en cada vagón del metro y de los trenes de superficie, incluso en los buses. La gente está segura que el más leve estornudo está filmado. Y cada noche, las sirenas ululan hasta el amanecer, entre sueño y pesadilla, parece el anuncio de un ataque aéreo, hasta que alguien explica que son meras advertencias a los maleantes, un "estamos alertas, los estamos vigilando".
En los parques de su Cinta Costera (Milenium y Navy Pier) hay muchos guardias privados patrullando cada rincón en silenciosos biciclos de a pie. Quien no se conduzca correctamente, es enseguida reprimido. Los barrios calientes de la periferia, están bajo patrullaje más intenso. La justicia trabaja eficientemente; y la Policía, al igual que el ciudadano, sabe que ella no ampara impunidad ni prolonga al infinito sus fallos. La gente común está satisfecha y orgullosa de su ciudad.