Seguridad ciudadana y derechos humanos
Al conmemorarse ayer un aniversario más de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el sentido y el alcance de los principios en ella recogidos, cobran mayor valor para los centenares de millones de mujeres y hombres que en el mundo entero, libran a diario miles de acciones a favor de las libertades, la justicia y la paz.
El ejercicio pleno de los derechos fundamentales es la base que garantiza el respeto de los Derechos Humanos y de la seguridad ciudadana. Es lo que permite crear y desarrollar los mecanismos e instrumentos adicionales de participación democrática para que pueda darse una mayor democratización de la democracia.
Preocupa entonces, la actitud que asumen los principales rectores de los distintos Órganos del Estado, cuando se les recuerda que, mientras en Panamá los derechos fundamentales continúen obligados a moverse dentro de las limitaciones legales, y no sean estas las que se muevan conforme a los derechos fundamentales, peligran tanto los Derechos Humanos como la seguridad ciudadana, la cual debe ser entendida nada mas que como la vigencia o no de los derechos y libertades de los ciudadanos en su territorio.
El disentimiento público, la manifestación vehemente de inconformidad y los actos pacíficos de repulsa deben estar, en todo momento y lugar, institucionalmente protegidos. No pueden, ni deben, como pretenden algunos en Panamá, asimilarse a los comportamientos merecedores de reproche y punición. No hay causa política ni grado de autoridad que sea invocable para vulnerar o amenazar los Derechos Humanos. Lo grave es que, de unos años para acá por ejemplo, los "operativos" que realizan ciertos estamentos de la Policía Nacional, son ejecutados en flagrante violación de las Leyes, la seguridad ciudadana y los Derechos Humanos.
De nuestros días, la seguridad ciudadana y los Derechos Humanos es un tema de actualidad permanente. Se destaca su importancia, se difunde su valor, se enseña su alcance, se reprueban sus violaciones, se denuncia a los Estados y Gobiernos que los ignoran o violan. Esto ha venido a significar un progreso importante. Hoy por hoy, el campo de los Derechos Humanos goza de una mayor protección internacional que antaño. No podemos entonces permitir que, nuevamente en Panamá, la brutalidad policiaca y el abuso de autoridad se retomen impunemente por parte de quienes están llamados a ser sus más respetuosos observadores.
El poco progreso alcanzado en la materia en nuestro país, pretende ser desvirtuado por los detractores clásicos de la felicidad humana, pero nadie puede negar que los preceptos internacionales de los Derechos Humanos imponen al Estado panameño y a sus agentes, una línea de conducta, presionan y exigen a los miembros del Gobierno que obren de cierta forma y, al mismo tiempo, legitiman a todos los individuos para que eleven bien alto su voz, cuando sus libertades o sus derechos no son respetados.