Seguridad de Panamá
Una vez que han comenzado las ceremonias protocolares previas a la entrega física del Canal que se llevará a cabo el 31 de diciembre, cada vez toma mayor cuerpo la preocupación hemisférica en torno a la seguridad de ese sector de singular importancia estratégica.
En esta oportunidad no voy a comentar respecto al impacto en la economía y otros órdenes que ocasionará la retirada de varios miles de soldados norteamericanos, tampoco sobre el mantenimiento de la costosa infraestructura , la modernización de la vía acuática o los vaivenes de la política partidista y la corrupción tan generalizada, especialmente en áreas de América Latina y el Caribe.
Quiero en este artículo poner énfasis en torno a la acechanza de varios factores adversos que gravitan en esos territorios amenazados por el narcotráfico y la violencia que estremecen diariamente a Colombia, con claros indicios de extenderse de manera particular a los países vecinos.
Precisamente, debido a esta vecindad, la situación panameña es sumamente compleja, sobre todo en la provincia de Darién donde la presencia de las FARC, al momento, no es algo desconocido sino una inquietante realidad que, de un momento a otro, puede volverse por demás explosiva.
Este asunto no es nada simple ni un mero decir si no los reflejos de una evidencia frente a la que, por protervos intereses o negligentes comportamientos, no se puede cerrar los ojos.
No se puede negar que la narcosubversión constituye un serio peligro, no únicamente para la desventurada nación que sufre la arremetida de esos bandoleros que se han apropiado de más del cincuenta por ciento de aquellos territorios y que enfrentan de igual a igual, inclusive en no pocas ocasiones con ventaja, a las fuerzas militares, dentro de esa corriente de secuestros, extorsiones , asesinatos y destrucción.
En materia de narcotráfico, el 4 de mayo de 1999 la agencia EFE informaba lo siguiente sobre la eficacia del centro regional de operaciones que funcionaba en la Base Aérea de Howard: "Las naciones latinoamericanas, con el apoyo del centro, lograron durante el último año el decomiso de ciento cuarenta y cinco toneladas de cocaína, la detención de centenares de narcotraficantes y la destrucción de treinta y ocho aviones de las mafias de las drogas". ¿Qué reemplazará a ese baluarte de la lucha antinarcóticos?
En 1997, en Panamá, fueron decomisadas veinte y tres toneladas y media de droga y reducidos a prisión quinientos cuarenta y cinco ciudadanos acusados de narcotráfico, entre ellos, cuatrocientos treinta y seis panameños, setenta y cinco colombianos, doce españoles, seis estadounidenses, cuatro guatemaltecos, dos haitianos, tres mexicanos, un jamaiquino y cinco asiáticos.
Para darse cuenta del riesgo que tiene la nación panameña, a más de lo referido, es suficiente puntualizar que el narcotráfico llegó a la propia Presidencia de la República. El caso Noriega es indiscutible indicador sobre el particular. A las pintorescas tierras panameñas hicieron teatro de operaciones grandes capos, como Pastor Perafán o José Castrillón Henao, por no mencionar a las mafias rusa y china, además de las de Colombia y México. En esta materia, lo que acontece al momento no es nada estimulante, pese a los positivos esfuerzos de las autoridades.
Por estas y otras razones, la seguridad panameña necesariamente tiene que consolidarse con el oportuno apoyo internacional, de lo contrario de nada valdrán los tardíos lamentos.
Amenazan a Panamá el narcotráfico y la violencia guerrillera frente a los que no se puede cerrar los ojos. La seguridad necesariamente tiene que consolidarse con el oportuno apoyo internacional.
En esta oportunidad no voy a comentar respecto al impacto en la economía y otros órdenes que ocasionará la retirada de varios miles de soldados norteamericanos, tampoco sobre el mantenimiento de la costosa infraestructura , la modernización de la vía acuática o los vaivenes de la política partidista y la corrupción tan generalizada, especialmente en áreas de América Latina y el Caribe.
Quiero en este artículo poner énfasis en torno a la acechanza de varios factores adversos que gravitan en esos territorios amenazados por el narcotráfico y la violencia que estremecen diariamente a Colombia, con claros indicios de extenderse de manera particular a los países vecinos.
Precisamente, debido a esta vecindad, la situación panameña es sumamente compleja, sobre todo en la provincia de Darién donde la presencia de las FARC, al momento, no es algo desconocido sino una inquietante realidad que, de un momento a otro, puede volverse por demás explosiva.
Este asunto no es nada simple ni un mero decir si no los reflejos de una evidencia frente a la que, por protervos intereses o negligentes comportamientos, no se puede cerrar los ojos.
No se puede negar que la narcosubversión constituye un serio peligro, no únicamente para la desventurada nación que sufre la arremetida de esos bandoleros que se han apropiado de más del cincuenta por ciento de aquellos territorios y que enfrentan de igual a igual, inclusive en no pocas ocasiones con ventaja, a las fuerzas militares, dentro de esa corriente de secuestros, extorsiones , asesinatos y destrucción.
En materia de narcotráfico, el 4 de mayo de 1999 la agencia EFE informaba lo siguiente sobre la eficacia del centro regional de operaciones que funcionaba en la Base Aérea de Howard: "Las naciones latinoamericanas, con el apoyo del centro, lograron durante el último año el decomiso de ciento cuarenta y cinco toneladas de cocaína, la detención de centenares de narcotraficantes y la destrucción de treinta y ocho aviones de las mafias de las drogas". ¿Qué reemplazará a ese baluarte de la lucha antinarcóticos?
En 1997, en Panamá, fueron decomisadas veinte y tres toneladas y media de droga y reducidos a prisión quinientos cuarenta y cinco ciudadanos acusados de narcotráfico, entre ellos, cuatrocientos treinta y seis panameños, setenta y cinco colombianos, doce españoles, seis estadounidenses, cuatro guatemaltecos, dos haitianos, tres mexicanos, un jamaiquino y cinco asiáticos.
Para darse cuenta del riesgo que tiene la nación panameña, a más de lo referido, es suficiente puntualizar que el narcotráfico llegó a la propia Presidencia de la República. El caso Noriega es indiscutible indicador sobre el particular. A las pintorescas tierras panameñas hicieron teatro de operaciones grandes capos, como Pastor Perafán o José Castrillón Henao, por no mencionar a las mafias rusa y china, además de las de Colombia y México. En esta materia, lo que acontece al momento no es nada estimulante, pese a los positivos esfuerzos de las autoridades.
Por estas y otras razones, la seguridad panameña necesariamente tiene que consolidarse con el oportuno apoyo internacional, de lo contrario de nada valdrán los tardíos lamentos.
Amenazan a Panamá el narcotráfico y la violencia guerrillera frente a los que no se puede cerrar los ojos. La seguridad necesariamente tiene que consolidarse con el oportuno apoyo internacional.