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Seguridad e inteligencia fronteriza


La economía paralela construida por las drogas no ha dejado de crecer en el curso del último decenio. Se ve favorecida por numerosos factores (guerras, exorbitantes beneficios económicos en "paraísos fiscales", corrupción, etc.), y cada vez está mejor organizada. Lo más grave que se observa a nivel mundial es lo que se ha dado en llamar la "privatización de la violencia" que se manifiesta en un desarrollo acelerado de la criminalidad organizada.
Desde hace algunos años, especialmente en las últimas décadas, es relevante el papel que tiene Panamá en las operaciones de los circuitos de la droga para llevar a cabo sus actividades delictivas, sean de naturaleza criminal o económica. Esta situación puede salirse de las manos si no se afianzan en nuestro país las instituciones de seguridad e inteligencia que manejan estos temas conjuntamente con Colombia, un país que por su cercanía geográfica, a más de la frontera común, costas, estrechos y caminos, hacen que estos asuntos sean estratégicos para nuestra seguridad interna. Una seguridad que es la principal divisa para el desarrollo económico que estamos viviendo.
A más de 15 años luego de iniciarse la guerra contra los "cárteles" colombianos, los últimos cálculos de la DEA sobre las cantidades de cocaína y heroína producidas en Latinoamérica podrían causarnos vértigo. México se ha convertido, en ese mismo lapso de tiempo, en la principal plataforma de exportación de drogas del hemisferio occidental. En Colombia se ha incrementado de 45 mil hectáreas destinadas al cultivo de la coca en los años 80, a más de 125 mil hectáreas al principio de la presente década. El aumento de cultivo de coca en casi todas las demás regiones productoras (Perú y Bolivia) dan cuenta de incrementos considerables.
Así las cosas, los cuerpos policiales y los gobiernos del mundo entero, Panamá entre ellos, encaran hoy un enemigo multiforme, menos conocido y mucho más poderoso que se consolida ya no sólo detrás de una "narcoguerrilla" como las FARC, sino que "tiene muchos rostros", pero igualmente peligrosos. Por esta razón, hay que compartir los datos de inteligencia constantemente con Colombia para evitar convertirnos en una "economía narcodependiente", algo que tendría elevados costos para la seguridad nacional.

101 años de Panamá América

 
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