Seguridad en democracia
En reiteradas ocasiones, hemos señalado, la importancia de que en democracia, el disenso o la crítica, se dé con respeto, tolerancia y procurando objetividad y transparencia. No es cierto y me resisto a aceptar, que en política el que más miente y desinforma, es el que mayor posibilidades tiene de éxito. Decía Antonio Gramsci, que la verdad siempre es revolucionaria.
Sobre los proyectos de decretos leyes de seguridad, nos llama la atención, que las críticas se sustentan en temores y preocupaciones y no tienen fundamento en los contenidos normativos. En una lectura a conciencia prevalece el enfoque político donde lo electoral y el tema del poder toman fuerza en el debate nacional.
Los ejes sobre los cuales descansan las propuestas de decretos leyes de seguridad, son el respeto a los derechos humanos y la dignidad e integridad del individuo, la subordinación de los estamentos a las autoridades civiles y desarrollo de la capacidad operativa y organizacional de la policía, para enfrentar el creciente poderío de las organizaciones del delito. En relación con esto último, observamos cierto grado de ingenuidad por parte de algunos críticos de los proyectos aludidos, al subestimar el hecho concreto, de que la ola delictual viene ganando espacio y existe el peligro real de que nuestro estado de derecho, sea objeto de contaminación. Eso sería el desastre para la democracia y los panameños.
En relación con el argumento o la crítica al proyecto de seguridad e inteligencia, de que desarrolla normas relativas a derechos y garantías fundamentales, no es cierto. Lo que la norma señala en el decreto ley es un mecanismo de limitación para actuar, cuando se trate de acciones, donde pueda haber interferencia con derechos individuales. En estos casos, se requerirá la autorización de las autoridades competentes, la Corte Suprema de Justicia, tal como lo manda la Constitución Nacional.