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Seguridad en el transporte marítimo


Las acciones realizadas hasta el momento en el ámbito multilateral mundial en relación con la seguridad en el transporte marítimo de material radiactivo demuestran que el fortalecimiento del régimen internacional para regular esta materia está en proceso de desarrollo.
Los Estados interesados en el tema del transporte marítimo de material radiactivo han formulado diversas declaraciones, expresando su preocupación por los riesgos que implica el tránsito de este tipo de material, para la salud de las poblaciones ribereñas y para el medio ambiente de las regiones costeras. En consecuencia, se están realizando acciones comunes para fortalecer y perfeccionar el ordenamiento jurídico internacional que regula esta temática, específicamente en el ámbito de la seguridad del transporte y la responsabilidad en caso de accidente.
Los Estados remitentes de material radiactivo deben proporcionar las garantías correspondientes a los Estados potencialmente afectados, y elevar las medidas de seguridad físicas y tecnológicas acordes al reglamento de las principales organizaciones internacionales encargadas de las distintas modalidades de este tipo de transporte.
Los Estados remitentes y expedidores sólo ofrecen algún tipo de garantía en relación con la seguridad de los embarques y su respuesta, en caso de un incidente, es muy escasa. Las limitaciones y vacíos importantes que existen en la legislación internacional demuestran la necesidad de reforzar la normativa sobre el transporte marítimo internacional.
La comunidad internacional ha expresado su voluntad de continuar trabajando con el objetivo de completar el ordenamiento en materia de medidas de seguridad aplicables a este tipo de transporte, para que sean incluidas las garantías sobre la no contaminación del medio marino, la recuperación de material radiactivo, incluyendo desechos; en caso de derrame o pérdida accidental, las provisiones para las retribuciones correspondientes a las poblaciones afectadas y la invitación a los países que transportan material radiactivo a proveer información oportuna relacionada con dichos embarques, a los Estados potencialmente afectados.
Es menester que los organismos pertinentes, sigan promoviendo los esfuerzos a nivel internacional, regional y bilateral para examinar y mejorar las medidas y reglamentos relacionados con el transporte marítimo de materiales radiactivos y combustible gastado, de conformidad con el derecho internacional, y que sigan destacando la importancia de establecer los mecanismos eficaces de responsabilidad en caso de daños o efectos nocivos.
¿Dónde está el sociólogo Raúl Leis, la demógrafa Dra. Carmen Miró, el entomólogo Abdiel Adames, el ecologista agrónomo Eduardo Esquivel Ríos, autor de más de quince artículos sobre la Cuenca del Canal? ¿Por qué no se incorpora al Dr. Estanley Heckadon, antropólogo y sociólogo, autor de varias obras sobre la vida del campesino en la Cuenca? ¿Dónde está un representante de ANCON? ¿Por qué no se invita a un miembro de la ONG; la iniciativa de la Sociedad Civil para el Ambiente?
¿Por qué la ACP sometió a la Asamblea Legislativa, todo un Organo del Estado, hasta lograr que se archivara el Proyecto de Ley 58 que prohibía el trasiego de plutonio por el propio corazón de la República? ¿Cuántos parientes de políticos influyentes y legisladores, gozan de altos salarios en la ACP? ¿Estarán enterado los tres presidentes, lo que está ocurriendo en la República vecina?
Muchos de esos guías abandonan a los incautos jóvenes en las montañas, después de haber cobrado el dinero. ¿Consecuencia? Una muerte segura.
El experimentado caminante relató que en la trocha de Acandí a Tuquesa hay un punto que se llama "Adiós mi pueblo", que debe cruzarse introduciendo dedos y pies en la roca. Abajo, además del precipicio, le esperan a la persona árboles totalmente pelados, cual gigantescas espinas.
"El que cae, ¡no vuelve!", comentó. De ahí el nombre.
También hay la alternativa de cruzar el río, pero la debilidad de sus cuerpos adoloridos y agotados, los hace presas fáciles de las corrientes.
"Sólo hay dos caminos: llegar o morir", recalcó Mena.
Dijo haber visto cómo mujeres y hombres caminan con los pies desangrándose, porque sus zapatos no aguantan la caminata entre piedras, palos, monte y agua.
Muchos van dejando poco a poco los escasos utensilios y prendas de vestir por el camino, a fin de aminorar el peso.
Quienes se aventuran por esos caminos, deben enfrentarse a víboras X, Mapaná, Patoca o Verrugosa, así como a los tigres y al mosquito, que él denomina "Pito", pero que en realidad es el Flebotomo, que trasmite la leshmaniasis.
A Mena le tocó pasar 18 días en el hospital como consecuencia de la picada de "Pito".
Informó, como dato curioso, que hay expedicionarios que arriesgan su vida, sólo para escribir sobre los peligros de las trochas. Ellos hacen el recorrido, armados con mapas y brújulas, aun cuando cuentan con el recurso económico para viajar en avión a donde se les antoje.
Esos caminos también son usados por comerciantes que venden sus productos en poblaciones fronterizas colombianas, donde ganan más aunque tengan que arriesgar sus vidas.
El caminante, siempre dispuesto a hablar, aunque con mucha cautela y eligiendo las palabras, informó que había varias trochas más, pero que por la falta de uso, se han perdido en la espesura de la selva.
Ahora bien, se trata sólo de las trochas de Darién centro, pues también las hay en el sector Pacífico (para llegar a Jaqué) y en el Caribe (para llegar a Puerto Obaldía).
Allá en Yaviza quedó el intrépido aventurero, presto a seguir retando a la suerte transitando esos caminos de terror, uno de ellos recorrido parcialmente por El Panamá América.

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