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Seguridad jurídica, objetivo de la reforma


La prosperidad de la Nación descansa en la producción de la riqueza, pero ésta no se va a dar por arte de magia. El comercio, la industria, la agricultura, los servicios financieros y profesionales necesitan contar con reglas claras cuando surgen los conflictos y tener expectativas concretas de protección a sus derechos. Esta es la seguridad jurídica. Por eso se ha dicho innumerables veces que ella es un elemento sustancial del desarrollo de los pueblos. Así como los únicos que pueden proveerla son los magistrados y jueces, los únicos que pueden comprobar su solidez o precariedad son sus beneficiarios.
Un país que renuncia a fortalecer la seguridad jurídica, o se convertirá pronto en territorio de bandoleros o ya ha sido tomado por bandoleros. El día en que coincida gente iluminada al frente de los tres órganos del Estado se producirá una reforma de la justicia que acercará la operación diaria de los despachos judiciales al logro de este objetivo.
Fuera de esa finalidad, el sistema judicial está vacío de contenido, pues la retórica vana de la carrera judicial queda al descubierto en tanto protege, de modo subrepticio, a funcionarios desprovistos de rectitud moral, de precaria formación científica y con un bajo desempeño laboral. Los jueces son buenos sólo cuando son buenos para la sociedad; es decir, porque le sirven a los altos fines que la sociedad se ha trazado. Una carrera judicial hecha a la medida de quienes no han sabido guardar la pureza de su templo es corporativismo de la peor especie y no se la merece el país. El esfuerzo de los próximos años en materia de justicia debe estar encaminado a modernizar la administración del sistema judicial, lo que comprende a tribunales, fiscalías, Policía Técnica Judicial, así como los servicios administrativos y de apoyo de estas instancias. En el pasado reciente se hicieron intentos loables y hay que retomarlos. Esto es lo que el país requiere para mejorar sus metas de desarrollo humano y es la única reforma del sistema judicial que es patriótica y necesaria.

101 años de Panamá América

 
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