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Seguridad laboral



La ciudad va cambiando, un nuevo paisaje urbano van conformando nuevos edificios que, como hongos, surgen cada día. Sin duda, tal situación mejora la oferta internacional de la urbe y da muestras de cierto progreso en el país. Pero durante el año 2006 y lo que va del 2007, decenas son las familias que han sufrido la pérdida de alguno de los trabajadores que laboran en esas edificaciones, un hecho que genera, además de dolor, interrogantes. ¿Dónde radica la responsabilidad de estas tragedias? ¿Es posible eliminarlas de plano? ¿Hasta dónde llegará el costo que en vidas tendrá que pagar el país a título de este progreso?
Tres sectores comparten la responsabilidad en este tema. Podría ser temerario culpar a uno solo. Se sabe que a las empresas les compete parte de responsabilidad, que la misma ha sido exigida por las autoridades y por los propios trabajadores. Sin embargo, las muertes se siguen sucediendo y, al ritmo que han comenzado en el 2007, podrían superar las ocurridas el año pasado.
No basta que las autoridades a cargo exijan a las empresas el cumplimiento de las disposiciones en materia de seguridad. Podría ser necesario mayor permanencia de los inspectores en las obras, así como recorridos más frecuentes para constatar que ambas partes, obreros y empresarios, estén cumpliendo con las leyes.
Cierto es que hay que exigir a las empresas el cumplimiento con las normas de seguridad laboral, pero en este terreno el cumplimiento debe iniciarlo el propio obrero, porque dadas las muertes la pregunta que puede hacerse es, hasta dónde interviene el descuido del propio trabajador, cierta temeridad que en más de una ocasión termina de manera lamentable.
Cuando la muerte ocurre, es irreparable la vida que se pierde, lamentable el luto que cubre a la familia; aparecen costos no contabilizados para la empresa y la decepción y el desprestigio caen sobre las autoridades. Son razones suficientes para que esos componentes armonicen sus acciones y cierren el paso, de una vez por todas, a este tipo de desgracia. No más muertes de obreros en la construcción.

101 años de Panamá América

 
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