Seguridad marítima
Asistí el pasado lunes, por invitación de la Asociación Panameña de Derecho Marítimo, a una reunión que, por la relevancia del tema, debió haberse revestido de mayor cobertura, ya que es de vital importancia para Panamá, si queremos continuar siendo un país competitivo en todas las actividades que rodean nuestra Estrategia Marítima Nacional. Por razón de los dolorosos hechos del 11 de septiembre de 2001, los conceptos de seguridad cambiaron radicalmente en el mundo. El ámbito de la actividad marítima internacional no podía ser la excepción. Panamá ha sido parte desde 1977 de la Convención Internacional para la Vida Humana en el Mar (SOLAS). La misma ha sido parte fundamental, sobre todo en los últimos años, de toda la normativa que, entre otras disposiciones internacionales, rige a todo los buques que portan nuestro emblema patrio y que, desde 1925, constituyen con orgullo la Flota Mercante Panameña. Sobra explicar las ventajas que esta actividad ha representado para nuestra economía de servicios y la forma competitiva como la misma se desarrolló y se insertó en la esfera internacional. Hoy, por las razones antes dichas, esta Convención ha sufrido ciertas modificaciones que la sitúan en condiciones para responder a las exigencias de seguridad que las nuevas realidades imponen y que, desde todo punto de vista, inciden en la actividad marítima.
El Código Internacional para la Seguridad de Buques e Instalaciones Portuarias que, como una enmienda de SOLAS entra a regir en junio de 2004, fue el tema de la reunión que motiva este artículo, la cual fue presidida por el Sr. William O´Neil, Secretario General de la Organización Marítima Internacional (OMI), de la cual Panamá es una de las naciones que integran su consejo directivo, y contó con la presencia de las más altas autoridades panameñas tanto de la Autoridad Marítima como de la Autoridad del Canal. Las explicaciones y opiniones que los expertos aportaron a los concurrentes, tienen que ver, de manera integral en mi concepto, con todo el conjunto de actividades que como país estamos desarrollando en la esfera marítima. Desde el registro de naves, el tránsito de naves por el Canal, la actividad portuaria, y la operación incipiente pero prometedora de trasbordo de mercancías por razón de nuestra posición geográfica, se entienden incluidas. Así las cosas, podemos decir que las nuevas regulaciones imprimen en toda nuestra actividad una responsabilidad y un reto que, sin titubeos ni demoras, debemos cumplir y afrontar si deseamos continuar en el mapa como país marítimo.
Las normas que buscan evitar las amenazas a la actividad requieren de nosotros la actualización efectiva, antes de la entrada en vigencia, no sólo de las normas pertinentes sino de todos nuestros procedimientos. En los últimos años, producto de mis viajes de trabajo a las principales ciudades de Europa y Asia con las cuales Panamá tiene viejos contactos, he podido advertir dos cosas: la feroz competencia de otros registros-franquicias (Panamá, a diferencia de muchos, es un país detrás de su registro) y la poca atención que como país le prestamos a todo el tema de la profesionalización, despolitización y modernización de nuestro tradicional sistema de registro de naves. Menciono éste en particular porque los demás, el Canal y los puertos, se manejan de manera independiente y al margen del gobierno central, pero que si, de manera integral, no se ve todo el entorno, también se pueden ver afectados. Sin embargo, al registro de naves sólo le vemos los resultados al final del proceso y no tratamos de verdad de dotar a las instituciones respectivas, de las autonomías ni de los recursos que incidan en su real y efectivo desarrollo. Recomendaciones han habido centenares en el tiempo, pero pocas han sido acogidas y las que así se han acogido, han demostrado ser eficientes y oportunas. La Autoridad Marítima de Panamá ha resultado ser en el poco tiempo de vida, otra institución politizada, mediatizada y señalada por el germen de la corrupción, sin detenerse a meditar el daño que hacia el futuro le hacemos a esta vital y estratégica actividad nacional. Sin embargo, la vida sigue igual, como dice la canción.
Los participantes en la reunión explicaron los distintos pasos que requiere adoptar el gobierno panameño para cumplir con esta responsabilidad. La vinculación del país de registro con estas nuevas normas es un aspecto que se toma en cuenta y cada vez más, para determinar si se escoge el pabellón panameño o no para registrar un buque. Las quejas han sido frecuentes en el pasado reciente respecto de la gran cantidad de detenciones en los puertos internacionales por no cumplir nuestras naves con todas las exigencias que han venido implementándose en materia de seguridad y administración del riesgo marítimo, incluso antes del 11 de septiembre. No obstante, lo preocupante es que esas detenciones, como manifestaron los expertos y usuarios, se den sólo por el hecho de que las naves usan nuestra bandera como pabellón de registro. Ese sí es un real problema que ha empezado a producir cambios de banderas a otros registros competidores. Ahora, el factor del terrorismo, en toda sus manifestaciones, ha introducido mecanismos de seguridad que tienen que ver no sólo con el tránsito de mercancías a bordo de las naves, sino con todo el proceso de transporte de las mismas desde y hacia los puertos, pasando por los sistemas de transporte, terrestre o ferroviario, que se utilicen en las etapas intermedias o finales de transportación de las mercancías.
En pocas palabras, toda la actividad marítima se ve afectada y está en la sola decisión de los panameños hacer lo que tengamos que hacer para adaptarnos o desaparecer como país vinculado, de manera segura, a esta actividad de la cual depende el comercio mundial. En esto es importante destacar que el efecto de las eventuales sanciones que allí se anunciaron, sería, de manera inmediata, irreversible, por decir lo menos. Reconozco que el tema es muy técnico, pero me preocupa lo que allí explicaron y sentenciaron si no hacemos las cosas bien.
Como ven, las amenazas existen de manera real y con fecha de cumpleaños en el corto plazo. Recibo con beneplácito la manifestación de nuestras autoridades de que el país hará lo que corresponda hacer para adecuar su legislación, sistemas y procedimientos a las nuevas realidades. Ojalá y así sea. De lo contrario, tal y como dijo el asesor panameño ante la OMI, nos estaremos disparando en nuestro propio pie.
El Código Internacional para la Seguridad de Buques e Instalaciones Portuarias que, como una enmienda de SOLAS entra a regir en junio de 2004, fue el tema de la reunión que motiva este artículo, la cual fue presidida por el Sr. William O´Neil, Secretario General de la Organización Marítima Internacional (OMI), de la cual Panamá es una de las naciones que integran su consejo directivo, y contó con la presencia de las más altas autoridades panameñas tanto de la Autoridad Marítima como de la Autoridad del Canal. Las explicaciones y opiniones que los expertos aportaron a los concurrentes, tienen que ver, de manera integral en mi concepto, con todo el conjunto de actividades que como país estamos desarrollando en la esfera marítima. Desde el registro de naves, el tránsito de naves por el Canal, la actividad portuaria, y la operación incipiente pero prometedora de trasbordo de mercancías por razón de nuestra posición geográfica, se entienden incluidas. Así las cosas, podemos decir que las nuevas regulaciones imprimen en toda nuestra actividad una responsabilidad y un reto que, sin titubeos ni demoras, debemos cumplir y afrontar si deseamos continuar en el mapa como país marítimo.
Las normas que buscan evitar las amenazas a la actividad requieren de nosotros la actualización efectiva, antes de la entrada en vigencia, no sólo de las normas pertinentes sino de todos nuestros procedimientos. En los últimos años, producto de mis viajes de trabajo a las principales ciudades de Europa y Asia con las cuales Panamá tiene viejos contactos, he podido advertir dos cosas: la feroz competencia de otros registros-franquicias (Panamá, a diferencia de muchos, es un país detrás de su registro) y la poca atención que como país le prestamos a todo el tema de la profesionalización, despolitización y modernización de nuestro tradicional sistema de registro de naves. Menciono éste en particular porque los demás, el Canal y los puertos, se manejan de manera independiente y al margen del gobierno central, pero que si, de manera integral, no se ve todo el entorno, también se pueden ver afectados. Sin embargo, al registro de naves sólo le vemos los resultados al final del proceso y no tratamos de verdad de dotar a las instituciones respectivas, de las autonomías ni de los recursos que incidan en su real y efectivo desarrollo. Recomendaciones han habido centenares en el tiempo, pero pocas han sido acogidas y las que así se han acogido, han demostrado ser eficientes y oportunas. La Autoridad Marítima de Panamá ha resultado ser en el poco tiempo de vida, otra institución politizada, mediatizada y señalada por el germen de la corrupción, sin detenerse a meditar el daño que hacia el futuro le hacemos a esta vital y estratégica actividad nacional. Sin embargo, la vida sigue igual, como dice la canción.
Los participantes en la reunión explicaron los distintos pasos que requiere adoptar el gobierno panameño para cumplir con esta responsabilidad. La vinculación del país de registro con estas nuevas normas es un aspecto que se toma en cuenta y cada vez más, para determinar si se escoge el pabellón panameño o no para registrar un buque. Las quejas han sido frecuentes en el pasado reciente respecto de la gran cantidad de detenciones en los puertos internacionales por no cumplir nuestras naves con todas las exigencias que han venido implementándose en materia de seguridad y administración del riesgo marítimo, incluso antes del 11 de septiembre. No obstante, lo preocupante es que esas detenciones, como manifestaron los expertos y usuarios, se den sólo por el hecho de que las naves usan nuestra bandera como pabellón de registro. Ese sí es un real problema que ha empezado a producir cambios de banderas a otros registros competidores. Ahora, el factor del terrorismo, en toda sus manifestaciones, ha introducido mecanismos de seguridad que tienen que ver no sólo con el tránsito de mercancías a bordo de las naves, sino con todo el proceso de transporte de las mismas desde y hacia los puertos, pasando por los sistemas de transporte, terrestre o ferroviario, que se utilicen en las etapas intermedias o finales de transportación de las mercancías.
En pocas palabras, toda la actividad marítima se ve afectada y está en la sola decisión de los panameños hacer lo que tengamos que hacer para adaptarnos o desaparecer como país vinculado, de manera segura, a esta actividad de la cual depende el comercio mundial. En esto es importante destacar que el efecto de las eventuales sanciones que allí se anunciaron, sería, de manera inmediata, irreversible, por decir lo menos. Reconozco que el tema es muy técnico, pero me preocupa lo que allí explicaron y sentenciaron si no hacemos las cosas bien.
Como ven, las amenazas existen de manera real y con fecha de cumpleaños en el corto plazo. Recibo con beneplácito la manifestación de nuestras autoridades de que el país hará lo que corresponda hacer para adecuar su legislación, sistemas y procedimientos a las nuevas realidades. Ojalá y así sea. De lo contrario, tal y como dijo el asesor panameño ante la OMI, nos estaremos disparando en nuestro propio pie.