Seguridad nacional o seguridad humana
RECORDEMOS que la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN) es la que considera a los propios ciudadanos de un país como posibles amenazas a la seguridad.
La doctrina fue un producto del pensamiento de la guerra fría que mantuvo al mundo dividido en dos campos antagónicos. Existía la convicción, en ciertas áreas del gobierno estadounidense que el bloque comunista (surgido pos segunda guerra mundial) tenía como principal objetivo el convertirse en la única potencia mundial y reorganizar la sociedad mediante la expansión de la esfera soviética.
Sobre ese fundamento se propagó el temor que surgiera la manifestación de esta expansión en América Latina. EE.UU. tenían sus intereses latinoamericanos bien protegidos por los gobiernos dictatoriales que habían instalado o tolerado en épocas anteriores, pero con la influencia de la revolución cubana en 1959 y la nicaragüense en 1979, el auge de los derechos humanos, la teología de la liberación, planteamientos alternativos y disidentes, se afirmó en muchos gobiernos la idea de la contención contrainsurgente, creando así el fantasma de la amenaza del enemigo interno.
La DSN propagó una visión amplia de ese enemigo interno no sólo compuesta insurgentes armados, sino también a las personas que disentían o adversaban al gobierno, o simplemente pensaban diferente. Cuando se interpreta de esta manera, fácilmente se clasificaba a mucha gente el mundo bajo la definición de enemigos por lo que se les consideraba como subversivos, traidores a la patria y por consiguiente no se los veía como sujetos de derecho, sino como seres viles y malévolos, por lo que la DSN justificaba usar los métodos más atroces para tratar y eliminar ese enemigo. Ejemplo Pinochet en Chile, Somoza en Nicaragua o el régimen de Noriega en Panamá.
La DSN llegó a formar una parte importante de la ideología de las fuerzas armadas en América Latina, quienes confundieron su papel de defensores de las fronteras nacionales, como lo que entendieron era una guerra interna contra su propio pueblo.
Hoy, en un mundo sin guerra fría, pero marcado por la presencia del terrorismo y la globalización de los mercados, se corre el riesgo de una reedición, de una "neodoctrina" de la seguridad nacional, que se expresa en las creciente remilitarización de los países.
Tanto en una como en otra, el común denominador es la definición de un enemigo interno que constituye una hipótesis de conflicto las fuerzas armadas y policiales, así también para estamentos civiles gobernantes, a partir de las cuales se organizan, equipan, forman cuadros, hacen inteligencia y operan. Una visión de democracia restringida puede conducir a la reedición de esta doctrina convirtiendo a las fuerzas militares y policiales en fuerzas de ocupación de sus propios países conculcando derechos humanos y libertades democráticas, sustituyendo o avanzando progresivamente sobre las instituciones democráticas y, finalmente, enfrentándose con su propio pueblo.
Contrario a esa doctrina es el concepto de seguridad humana, tal como está propuesto en el Informe del PNUD de 1993, que establece: "El concepto de seguridad humana debe cambiar evolucionando de tal manera que de basarse exclusivamente en la seguridad nacional, pase a destacar mucho más la seguridad de la gente, de la seguridad mediante el armamentismo hacia la seguridad del desarrollo humano, de la seguridad territorial a la seguridad alimentaria, en el empleo y el medio ambiente".
En dicho documento, se fusionan las variables de desarrollo humano y seguridad personal, bajo la categoría de Desarrollo Humano Sostenible. Luego se amplifica el concepto de seguridad humana al ubicar que es una preocupación universal por la vida y la dignidad humana, que sus componentes son interdependientes (en los ámbitos político, social, económico y ambiental), y que los efectos de las principales amenazas que la afectan son de alcance global (tráfico de drogas, terrorismo, presiones migratorias, degradación ambiental, sobrepoblación, desigualdad socioeconómica).
"La seguridad humana es una categoría de carácter integrativo que se aparta de un concepto de seguridad defensivo limitado al territorio o al poder militar. En ese sentido, la seguridad humana se basa en la noción de la seguridad de la gente, bajo el acuerdo de que el desarrollo debe involucrar a todas las personas (lo que le otorga un valor democrático). Los criterios que deben garantizar la seguridad humana de las sociedades se encuentran vinculados estrechamente a la percepción de inseguridad y a la satisfacción de necesidades básicas. Supone dos tipos de libertad: a) una población libre de temor; y b) una población libre de carencias". (M. Villanueva, 2000).
Si las inclinaciones del sector político en el poder en Panamá van por los caminos de neodoctrina de seguridad nacional estaríamos ingresando a un escenario amenazador para la profundización de la democracia y la construcción de un desarrollo integral. La opción es por la seguridad humana, por el impulso a la capacidad incluyente, dialógica y participativa. Claro está que esto supone también el desarrollo de la capacidad de los diversos actores a animar una cultura de paz y de resolución pacífica de los conflictos en el marco del paradigma de los derechos humanos.
raulleisr@hotmail.com
"Si usted me dice a mí que eso no es así susténtelo", pidió.
De los tres nuevos reglamentos de seguridad, según Rojas, la polémica está en el Sistema de Rociadores contra Incendios (NFPA 13, Edición 2002 en Español).
"Es donde se han dado las diferentes opiniones. Que encarece el proyecto, es un sistema costoso", confesó.
Mientras, el teniente Franklin Alba, encargado de la aprobación de planos de la Ventanilla Única del CBP, reiteró que parte del sector inmobiliario está reacio a aplicar las normas, porque "supuestamente no se ha adaptado".
Destacó que sienten preocupación ya que se están adoptando las normas nuevas y no se han adaptado a Panamá.
"Ellos indican que la norma se adoptó en su totalidad en Panamá, pero hacen ciertos planteamientos en que el sistema constructivo de Estados Unidos no es el mismo que en Panamá", puntualizó.
Sin embargo, lo que si dejó claro es que se seguirán aplicando y la seguridad de las construcciones está a salvo.
El arquitecto Álvaro González Clare, quien diseña edificios e hizo un modelo de la Cinta Costera, explicó que ahora cuando tiene que hacer una torre debe contactar a un experto en seguridad para que lo ilustre en el tema.
El arquitecto hizo la salvedad de que no está muy enterado del problema, pero agregó que ha comenzado a recabar información sobre el tema.
"Creo que lo que ha pasado es que no tenemos normas y entonces lo que están haciendo es aplicando normas o códigos de otros países que tienen experiencias en seguridad", manifestó.
Opinó que está a favor que se norme para proteger la vida de los que ocupan los edificios, pero eso tendría que tener un procedimiento jurídico establecido y que ese código se normalice y se legalice para el uso del país.
En tanto, el director de Obras y Construcciones del Municipio de Panamá, Jaime Salas, confesó que desde que llegó la norma se ha producido un estancamiento con los anteproyectos de construcción.
El ingeniero municipal dijo que el día 8 de agosto participó de una reunión para ponerse de acuerdo con la nueva norma de seguridad, pero se extrañó cuando salió la publicación de la JTIA, donde explica que si no se adopta la norma como tal les van a quitar la idoneidad a los profesionales.
Su extrañeza la sustenta cuando menciona que estaban todos los involucrados en el tema, entre ellos la JTIA.
"No entiendo como tú estás sentado en una mesa de negociación y por otro lado sacas un comunicado diciendo que le vas a quitar la idoneidad a todo el mundo", criticó Salas.
La doctrina fue un producto del pensamiento de la guerra fría que mantuvo al mundo dividido en dos campos antagónicos. Existía la convicción, en ciertas áreas del gobierno estadounidense que el bloque comunista (surgido pos segunda guerra mundial) tenía como principal objetivo el convertirse en la única potencia mundial y reorganizar la sociedad mediante la expansión de la esfera soviética.
Sobre ese fundamento se propagó el temor que surgiera la manifestación de esta expansión en América Latina. EE.UU. tenían sus intereses latinoamericanos bien protegidos por los gobiernos dictatoriales que habían instalado o tolerado en épocas anteriores, pero con la influencia de la revolución cubana en 1959 y la nicaragüense en 1979, el auge de los derechos humanos, la teología de la liberación, planteamientos alternativos y disidentes, se afirmó en muchos gobiernos la idea de la contención contrainsurgente, creando así el fantasma de la amenaza del enemigo interno.
La DSN propagó una visión amplia de ese enemigo interno no sólo compuesta insurgentes armados, sino también a las personas que disentían o adversaban al gobierno, o simplemente pensaban diferente. Cuando se interpreta de esta manera, fácilmente se clasificaba a mucha gente el mundo bajo la definición de enemigos por lo que se les consideraba como subversivos, traidores a la patria y por consiguiente no se los veía como sujetos de derecho, sino como seres viles y malévolos, por lo que la DSN justificaba usar los métodos más atroces para tratar y eliminar ese enemigo. Ejemplo Pinochet en Chile, Somoza en Nicaragua o el régimen de Noriega en Panamá.
La DSN llegó a formar una parte importante de la ideología de las fuerzas armadas en América Latina, quienes confundieron su papel de defensores de las fronteras nacionales, como lo que entendieron era una guerra interna contra su propio pueblo.
Hoy, en un mundo sin guerra fría, pero marcado por la presencia del terrorismo y la globalización de los mercados, se corre el riesgo de una reedición, de una "neodoctrina" de la seguridad nacional, que se expresa en las creciente remilitarización de los países.
Tanto en una como en otra, el común denominador es la definición de un enemigo interno que constituye una hipótesis de conflicto las fuerzas armadas y policiales, así también para estamentos civiles gobernantes, a partir de las cuales se organizan, equipan, forman cuadros, hacen inteligencia y operan. Una visión de democracia restringida puede conducir a la reedición de esta doctrina convirtiendo a las fuerzas militares y policiales en fuerzas de ocupación de sus propios países conculcando derechos humanos y libertades democráticas, sustituyendo o avanzando progresivamente sobre las instituciones democráticas y, finalmente, enfrentándose con su propio pueblo.
Contrario a esa doctrina es el concepto de seguridad humana, tal como está propuesto en el Informe del PNUD de 1993, que establece: "El concepto de seguridad humana debe cambiar evolucionando de tal manera que de basarse exclusivamente en la seguridad nacional, pase a destacar mucho más la seguridad de la gente, de la seguridad mediante el armamentismo hacia la seguridad del desarrollo humano, de la seguridad territorial a la seguridad alimentaria, en el empleo y el medio ambiente".
En dicho documento, se fusionan las variables de desarrollo humano y seguridad personal, bajo la categoría de Desarrollo Humano Sostenible. Luego se amplifica el concepto de seguridad humana al ubicar que es una preocupación universal por la vida y la dignidad humana, que sus componentes son interdependientes (en los ámbitos político, social, económico y ambiental), y que los efectos de las principales amenazas que la afectan son de alcance global (tráfico de drogas, terrorismo, presiones migratorias, degradación ambiental, sobrepoblación, desigualdad socioeconómica).
"La seguridad humana es una categoría de carácter integrativo que se aparta de un concepto de seguridad defensivo limitado al territorio o al poder militar. En ese sentido, la seguridad humana se basa en la noción de la seguridad de la gente, bajo el acuerdo de que el desarrollo debe involucrar a todas las personas (lo que le otorga un valor democrático). Los criterios que deben garantizar la seguridad humana de las sociedades se encuentran vinculados estrechamente a la percepción de inseguridad y a la satisfacción de necesidades básicas. Supone dos tipos de libertad: a) una población libre de temor; y b) una población libre de carencias". (M. Villanueva, 2000).
Si las inclinaciones del sector político en el poder en Panamá van por los caminos de neodoctrina de seguridad nacional estaríamos ingresando a un escenario amenazador para la profundización de la democracia y la construcción de un desarrollo integral. La opción es por la seguridad humana, por el impulso a la capacidad incluyente, dialógica y participativa. Claro está que esto supone también el desarrollo de la capacidad de los diversos actores a animar una cultura de paz y de resolución pacífica de los conflictos en el marco del paradigma de los derechos humanos.
raulleisr@hotmail.com
"Si usted me dice a mí que eso no es así susténtelo", pidió.
De los tres nuevos reglamentos de seguridad, según Rojas, la polémica está en el Sistema de Rociadores contra Incendios (NFPA 13, Edición 2002 en Español).
"Es donde se han dado las diferentes opiniones. Que encarece el proyecto, es un sistema costoso", confesó.
Mientras, el teniente Franklin Alba, encargado de la aprobación de planos de la Ventanilla Única del CBP, reiteró que parte del sector inmobiliario está reacio a aplicar las normas, porque "supuestamente no se ha adaptado".
Destacó que sienten preocupación ya que se están adoptando las normas nuevas y no se han adaptado a Panamá.
"Ellos indican que la norma se adoptó en su totalidad en Panamá, pero hacen ciertos planteamientos en que el sistema constructivo de Estados Unidos no es el mismo que en Panamá", puntualizó.
Sin embargo, lo que si dejó claro es que se seguirán aplicando y la seguridad de las construcciones está a salvo.
Actualmente unos 43 edificios han sido aprobados en el sector de la Avenida Balboa.
Según la Dirección de Desarrollo Urbano, se están construyendo unos 175 edificios, en diversas áreas de la ciudad.
También existen 125 anteproyectos aprobados y unos 80 en vías de aprobación.
De acuerdo con la Ley 6 del 1 de febrero de 2006, el MIVI debe reglamentar el ordenamiento territorial para el desarrollo urbano, y someter los proyectos a consulta pública.
El arquitecto Álvaro González Clare, quien diseña edificios e hizo un modelo de la Cinta Costera, explicó que ahora cuando tiene que hacer una torre debe contactar a un experto en seguridad para que lo ilustre en el tema.
El arquitecto hizo la salvedad de que no está muy enterado del problema, pero agregó que ha comenzado a recabar información sobre el tema.
"Creo que lo que ha pasado es que no tenemos normas y entonces lo que están haciendo es aplicando normas o códigos de otros países que tienen experiencias en seguridad", manifestó.
Opinó que está a favor que se norme para proteger la vida de los que ocupan los edificios, pero eso tendría que tener un procedimiento jurídico establecido y que ese código se normalice y se legalice para el uso del país.
En tanto, el director de Obras y Construcciones del Municipio de Panamá, Jaime Salas, confesó que desde que llegó la norma se ha producido un estancamiento con los anteproyectos de construcción.
El ingeniero municipal dijo que el día 8 de agosto participó de una reunión para ponerse de acuerdo con la nueva norma de seguridad, pero se extrañó cuando salió la publicación de la JTIA, donde explica que si no se adopta la norma como tal les van a quitar la idoneidad a los profesionales.
Su extrañeza la sustenta cuando menciona que estaban todos los involucrados en el tema, entre ellos la JTIA.
"No entiendo como tú estás sentado en una mesa de negociación y por otro lado sacas un comunicado diciendo que le vas a quitar la idoneidad a todo el mundo", criticó Salas.