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Seguridad para América


Los pueblos y los gobiernos representados en la Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente suscribieron en 1947, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, mejor conocido por sus siglas TIAR.
Entre las principales motivaciones para la vigencia de este importante documento del Derecho Internacional consta la obligación de mutua ayuda y de común defensa de las repúblicas americanas que se hallan ligadas por los ideales democráticos y la voluntad de permanente cooperación, a fin de realizar los propósitos de una política pacífica orientada hacia la justicia y la seguridad.
En esa ocasión, las altas partes contratantes renovaron su adhesión a los principios de solidaridad y cooperación internacional, dentro del marco de acción regional y en concordancia a los postulados de las Naciones Unidas.
Sin duda, el TIAR ha tenido trascendental función en los campos de la defensa y el desarrollo, sobre todo cuando la presencia imperialista proveniente de otras latitudes amenazaba poderosamente la libertad y la democracia de América.
Estos antecedentes son necesarios que se recuerden para entender y respaldar el afán del gobierno colombiano de reformar el TIAR, al que, con razón, actualmente se le considera obsoleto en vista de que, en más de medio siglo, la dinámica social ha hecho que cambien las condiciones del continente y del mundo. Frente a ello, el surgir de grandes factores adversos que atentan a la concordia y el progreso del orbe nuevas y acertadas iniciativas.
Entre esos enormes factores adversos se encuentran el terrorismo y el narcotráfico, cuya incidencia es permanente y sin fronteras, de consecuencias nocivas y gravemente destructoras para la sociedad, lo que obliga a los países a cohesionarse más y colaborar entre sí, en pro de su armonía, bienestar y adelanto.
En ese sentido va caminando la comunidad internacional, acorde al tiempo contemporáneo y sus desafíos, como la globalización del terror. Un positivo antecedente al respecto se localiza en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que aceptó en su seno a siete ex países comunistas que, por ser tales, integraban el Pacto de Varsovia.
También, la OTAN resolvió conformar una fuerza de respuesta rápida para que intervenga en cualquier parte donde acontezcan amenazas a la seguridad, particularmente atentados terroristas. La acechanza del narcotráfico en unión de su íntimo aliado, el terrorismo, por eso con propiedad se habla de violencia narcoterrorista, tiene en Colombia su epicentro con ondas, devastadoras y expansivas, que constituyen una realidad de pesadilla que atormenta ya no sólo a la vapuleada nación sudamericana, con nefastas proyecciones al resto de países de nuestro hemisferio, en especial.
Conocedores, en carne propia, de lo que sucede por acción del narcoterrorismo, los representantes colombianos plantearán la revisión del TIAR, en la Conferencia Especial de Seguridad que se llevará a cabo en México, el 27 y 28 de octubre del año en curso.
Voceros del régimen de Álvaro Uribe han expresado públicamente que el objetivo de esta valiosa iniciativa es crear consenso hemisférico para incluir en el TIAR fenómenos como el narcotráfico y el terrorismo, y ampliar el apoyo regional para que se supere el largo y sangriento conflicto armado. Una de las opciones podría ser la intervención de tropas aliadas, contando con la venia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Se debe tener presente, en todo momento, que el de la violencia no es problema exclusivo de Colombia.
Si no existe efectiva y recíproca solidaridad entre los gobiernos ante la presencia de peligrosos fenómenos comunes, será muy difícil que se combata con éxito a siniestros enemigos del continente y del planeta en general.
Sobre todo en la región andina, la más vulnerable, ¿por qué no hacer un frente que, además, evite la paulatina infiltración de grupos irregulares, que impida el tráfico de armas y precursores químicos, que no permita el lavado de dinero, que de una vez por todas neutralice al flagelo del narcotráfico y no olvide tampoco a la desgarrante pobreza que agobia, particularmente, a crecidos porcentajes de la población latinoamericana? Solamente el correcto control de fronteras sería gran ayuda en lo sugerido. El TIAR, con las indispensables e indicadas innovaciones, sería un recomendable instrumento del Derecho para la consecución de la paz y el progreso, singularmente en los vastos y conflictivos territorios de América Latina.

101 años de Panamá América

 
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