Seguridad peligrosa
Mis inquietudes sobre el tema de la seguridad aumentaron luego de las conversaciones que se dieron hace algunos días entre funcionarios panameños y norteamericanos.
Según noticias publicadas el fin de semana recién pasado se destacaba, en términos generales, haber logrado lineamientos precisos para la firma de acuerdos futuros en materia de seguridad, operaciones conjuntas contra el narcotráfico, prevención del terrorismo en el Canal así como el manejo, conservación y aumento de la cuenca hidrográfica que lo alimenta, además de asuntos relacionados con la salud pública - especialmente para la prevención del consumo de drogas - la represión del crimen organizado, la violencia y el medio ambiente.
Sobre el tema de la vía interoceánica expresé en este mismo diario (Reflexiones en Torno al Canal 1,2,3,) planteamientos sobre los que volveré pronto, dado que pretenden inundar 5,000 kilómetros cuadrados (área equivalente a una cuarta parte de la República de El Salvador) so pretexto de impedir una posible carestía de agua que pudiese afectar su operación, desconociendo otras posibilidades mucho más lógicas, económicas y ventajosas para redefinir su importancia dentro del mercado marítimo internacional.
Insisto en destacar que el único método de reducir al mínimo un posible atentado terrorista en el Canal no es otro que reforzar, cada vez más, el marco legal donde se sustenta la neutralidad de la vía.
¿Cómo pretenden los autores del esquema en mención lograr dicho propósito sobre la base de acuerdos bilaterales y selectivos? ¿No conseguirán con esta caprichosa y rebuscada actitud promover, precisamente, lo que estamos tratando de evitar? ¿No estaremos colocándonos innecesariamente como otro blanco más para esas mismas mentes que consideran a los Estados Unidos de América el enemigo a vencer y que planificaron, entre muchas otras barbaries, los actos extremistas contra las embajadas en Kenya y Tanzania, el World Trade Center en Nueva York y el asalto al cuartel militar estadounidense en Arabia Saudita, instalaciones supuestamente más protegidas contra este tipo de embates que las riberas, estructuras y embalses que conforman nuestros más importantes recursos comerciales?
Los conflictos e injerencias - geopolíticas y bélicas - con ciertos sectores beligerantes del mundo son asuntos que deberán resolver los Estados Unidos de América y las partes involucradas, no nuestro país ni muchas de las naciones usuarias del Canal.
El consumo de drogas dentro de la sociedad norteamericana - el más alto del mundo - es un problema que seguirá en aumento hasta que no controlen esa demanda brutal que proviene, precisamente, de las grandes ciudades del Norte, o en su defecto decidan manejarlo - al igual que lo hace Holanda - no como un delito, sino como una enfermedad.
¿Cómo pretende nuestro gobierno establecer "lineamientos precisos para la firma de acuerdos futuros en materia de represión contra el crimen organizado y la violencia" sin percatarse del peligroso grado en que estos temas se han entronizado dentro de todos los estratos humanos que conforman la esencia misma de los Estados Unidos de América?
¿Qué pueden aportar a la cuestión del medio ambiente estos primeros signatarios si no han aceptado - y mucho menos corregido - los grandes daños ecológicos que causaron a la República de Panamá, no sólo dentro de los tristemente célebres polígonos de tiro, sino también en islas, mares y otras áreas de la geografía nacional?
¡Qué pena! ¡Honestamente esperaba un mejor orden de prioridades por parte de quienes rigen hoy la cosa pública!
Según noticias publicadas el fin de semana recién pasado se destacaba, en términos generales, haber logrado lineamientos precisos para la firma de acuerdos futuros en materia de seguridad, operaciones conjuntas contra el narcotráfico, prevención del terrorismo en el Canal así como el manejo, conservación y aumento de la cuenca hidrográfica que lo alimenta, además de asuntos relacionados con la salud pública - especialmente para la prevención del consumo de drogas - la represión del crimen organizado, la violencia y el medio ambiente.
Sobre el tema de la vía interoceánica expresé en este mismo diario (Reflexiones en Torno al Canal 1,2,3,) planteamientos sobre los que volveré pronto, dado que pretenden inundar 5,000 kilómetros cuadrados (área equivalente a una cuarta parte de la República de El Salvador) so pretexto de impedir una posible carestía de agua que pudiese afectar su operación, desconociendo otras posibilidades mucho más lógicas, económicas y ventajosas para redefinir su importancia dentro del mercado marítimo internacional.
Insisto en destacar que el único método de reducir al mínimo un posible atentado terrorista en el Canal no es otro que reforzar, cada vez más, el marco legal donde se sustenta la neutralidad de la vía.
¿Cómo pretenden los autores del esquema en mención lograr dicho propósito sobre la base de acuerdos bilaterales y selectivos? ¿No conseguirán con esta caprichosa y rebuscada actitud promover, precisamente, lo que estamos tratando de evitar? ¿No estaremos colocándonos innecesariamente como otro blanco más para esas mismas mentes que consideran a los Estados Unidos de América el enemigo a vencer y que planificaron, entre muchas otras barbaries, los actos extremistas contra las embajadas en Kenya y Tanzania, el World Trade Center en Nueva York y el asalto al cuartel militar estadounidense en Arabia Saudita, instalaciones supuestamente más protegidas contra este tipo de embates que las riberas, estructuras y embalses que conforman nuestros más importantes recursos comerciales?
Los conflictos e injerencias - geopolíticas y bélicas - con ciertos sectores beligerantes del mundo son asuntos que deberán resolver los Estados Unidos de América y las partes involucradas, no nuestro país ni muchas de las naciones usuarias del Canal.
El consumo de drogas dentro de la sociedad norteamericana - el más alto del mundo - es un problema que seguirá en aumento hasta que no controlen esa demanda brutal que proviene, precisamente, de las grandes ciudades del Norte, o en su defecto decidan manejarlo - al igual que lo hace Holanda - no como un delito, sino como una enfermedad.
¿Cómo pretende nuestro gobierno establecer "lineamientos precisos para la firma de acuerdos futuros en materia de represión contra el crimen organizado y la violencia" sin percatarse del peligroso grado en que estos temas se han entronizado dentro de todos los estratos humanos que conforman la esencia misma de los Estados Unidos de América?
¿Qué pueden aportar a la cuestión del medio ambiente estos primeros signatarios si no han aceptado - y mucho menos corregido - los grandes daños ecológicos que causaron a la República de Panamá, no sólo dentro de los tristemente célebres polígonos de tiro, sino también en islas, mares y otras áreas de la geografía nacional?
¡Qué pena! ¡Honestamente esperaba un mejor orden de prioridades por parte de quienes rigen hoy la cosa pública!