Seguridad pública: compromiso de todos
Los diarios panameños, y la opinión pública en general, se han referido últimamente al incremento de los índices de violencia en todo el país.
Desde un punto de vista objetivo, esto es cierto, y poco favor le hacemos al bienestar del país tratando de justificar ese incremento al compararlo con el crecimiento demográfico, con la recesión económica o con la falta de recursos para combatir el crimen en sus múltiples formas.
Diversos analistas, algunos más certeros que otros, han apuntado hacia diversos factores en busca de las causales de este nefasto incremento, planteando a la vez una gama de paliativos: que se deben generar más empleos, que se deben construir más canchas de juegos (por aquello de que el deporte aleja el vicio), que hay que erigir más cárceles en todo el país, que hay que incrementar las condenas y decretar la pena de muerte, o simplemente que se debe aumentar el pie de fuerza de la Policía Nacional (un piquete policial en cada esquina sería recomendable, dicen).
Muchos de estos analistas tienen toda la razón en sus conclusiones, pero la mayoría falla al quedarse fuera de las posibles soluciones, pues resulta que la seguridad pública, aunque algunos la estimen como exclusiva competencia de los cuerpos policiales, es en realidad una responsabilidad de la que todos formamos parte.
En su Diccionario de Sociología, Henry Pratt ofrece una definición muy completa de lo que es la seguridad pública, y nos describe este concepto diciéndonos que es aquel que se "refiere a la totalidad de las relaciones humanas y a la cultura de cualquier área o tiempo determinado..." A continuación, agrega que se trata del "funcionamiento sin roces, en el seno de una sociedad, de la acción recíproca de los individuos".
Con visión acertada, la actual administración policial ha fomentado el programa Vecinos Vigilantes en todo la República, iniciativa que se ha visto complementada con otras de igual éxito, como son Transportistas Vigilantes, Comercios Vigilantes y Empleados Vigilantes.
Un reciente encuentro nacional de Vecinos Vigilantes, celebrado a mediados de abril en ATLAPA, reunió a un considerable número de ciudadanos de todo el país, aglutinados por el propósito común de revisar las estrategias puestas en práctica para enfrentar el delito en sus comunidades.
Uno de los asistentes a ese acto coincidió con la definición de Pratt, al afirmar que sus esfuerzos no constituían una tarea de la Policía "y" la comunidad, sino de la Policía "con" la comunidad.
Cualquier plan que se contemple en el presente o en el futuro inmediato, con el fin de contener el aludido incremento de la delincuencia en Panamá debe afrontar los hechos con esa visión integral, en cuya formulación no deben dejarse fuera a ninguno de los actores sociales, partiendo -primordialmente- del hogar, que es donde al fin y al cabo se forman (o deforman) los valores que ha de ostentar el individuo a su paso por la sociedad.
Partiendo de esa base, en las siguientes partes del plan hemos de vernos involucrados todos los que integramos la gran sociedad llamada Panamá, sin que puedan quedarse fuera los medios de comunicación social (cuyo papel es sumamente relevante), las escuelas y sus docentes, los órganos de gobierno y sus instituciones y, en fin, cada uno de nosotros desde el lugar que ocupemos.
En realidad, la Policía Nacional debe figurar como un complemento (importante, pero complemento al fin) cuyas actividades habrán de dirigirse activamente a la función profesional de salvaguardar vidas y bienes, sin que esto signifique que ha de vérsele como la barrera infranqueable contra los delitos, porque eso no corresponde a la realidad de una nación democrática y progresista.
En resumen, no es multiplicando las filas policiales como se puede poner un alto a todas las amenazas que surjan contra la seguridad pública en este país, sino a través de un esfuerzo concertado, común, integral, que involucre a todos los panameños, basados en estrategias de éxito ya comprobado, como son Vecinos Vigilantes.
Analicemos nuestras posibilidades de contribuir en esta tarea, sólo así podremos enterarnos de cuán útiles resultamos cuando se unan esos esfuerzos que hoy el país requiere para dar más tranquilidad a todos, ofreciendo mejor seguridad a quienes día a día llevamos adelante el progreso de la Nación.
Desde un punto de vista objetivo, esto es cierto, y poco favor le hacemos al bienestar del país tratando de justificar ese incremento al compararlo con el crecimiento demográfico, con la recesión económica o con la falta de recursos para combatir el crimen en sus múltiples formas.
Diversos analistas, algunos más certeros que otros, han apuntado hacia diversos factores en busca de las causales de este nefasto incremento, planteando a la vez una gama de paliativos: que se deben generar más empleos, que se deben construir más canchas de juegos (por aquello de que el deporte aleja el vicio), que hay que erigir más cárceles en todo el país, que hay que incrementar las condenas y decretar la pena de muerte, o simplemente que se debe aumentar el pie de fuerza de la Policía Nacional (un piquete policial en cada esquina sería recomendable, dicen).
Muchos de estos analistas tienen toda la razón en sus conclusiones, pero la mayoría falla al quedarse fuera de las posibles soluciones, pues resulta que la seguridad pública, aunque algunos la estimen como exclusiva competencia de los cuerpos policiales, es en realidad una responsabilidad de la que todos formamos parte.
En su Diccionario de Sociología, Henry Pratt ofrece una definición muy completa de lo que es la seguridad pública, y nos describe este concepto diciéndonos que es aquel que se "refiere a la totalidad de las relaciones humanas y a la cultura de cualquier área o tiempo determinado..." A continuación, agrega que se trata del "funcionamiento sin roces, en el seno de una sociedad, de la acción recíproca de los individuos".
Con visión acertada, la actual administración policial ha fomentado el programa Vecinos Vigilantes en todo la República, iniciativa que se ha visto complementada con otras de igual éxito, como son Transportistas Vigilantes, Comercios Vigilantes y Empleados Vigilantes.
Un reciente encuentro nacional de Vecinos Vigilantes, celebrado a mediados de abril en ATLAPA, reunió a un considerable número de ciudadanos de todo el país, aglutinados por el propósito común de revisar las estrategias puestas en práctica para enfrentar el delito en sus comunidades.
Uno de los asistentes a ese acto coincidió con la definición de Pratt, al afirmar que sus esfuerzos no constituían una tarea de la Policía "y" la comunidad, sino de la Policía "con" la comunidad.
Cualquier plan que se contemple en el presente o en el futuro inmediato, con el fin de contener el aludido incremento de la delincuencia en Panamá debe afrontar los hechos con esa visión integral, en cuya formulación no deben dejarse fuera a ninguno de los actores sociales, partiendo -primordialmente- del hogar, que es donde al fin y al cabo se forman (o deforman) los valores que ha de ostentar el individuo a su paso por la sociedad.
Partiendo de esa base, en las siguientes partes del plan hemos de vernos involucrados todos los que integramos la gran sociedad llamada Panamá, sin que puedan quedarse fuera los medios de comunicación social (cuyo papel es sumamente relevante), las escuelas y sus docentes, los órganos de gobierno y sus instituciones y, en fin, cada uno de nosotros desde el lugar que ocupemos.
En realidad, la Policía Nacional debe figurar como un complemento (importante, pero complemento al fin) cuyas actividades habrán de dirigirse activamente a la función profesional de salvaguardar vidas y bienes, sin que esto signifique que ha de vérsele como la barrera infranqueable contra los delitos, porque eso no corresponde a la realidad de una nación democrática y progresista.
En resumen, no es multiplicando las filas policiales como se puede poner un alto a todas las amenazas que surjan contra la seguridad pública en este país, sino a través de un esfuerzo concertado, común, integral, que involucre a todos los panameños, basados en estrategias de éxito ya comprobado, como son Vecinos Vigilantes.
Analicemos nuestras posibilidades de contribuir en esta tarea, sólo así podremos enterarnos de cuán útiles resultamos cuando se unan esos esfuerzos que hoy el país requiere para dar más tranquilidad a todos, ofreciendo mejor seguridad a quienes día a día llevamos adelante el progreso de la Nación.