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Seguridad social y capital


NUESTRA "seguridad social" no es ni segura ni social. No es social debido a que el sistema de reparto o de transferencia nos lleva a la misma dependencia que supuestamente está llamado a corregir, y no es segura porque el sistema comprensivo benefactor socava la prosperidad económica.
En Panamá, los gobiernos han perfeccionado el sistema de dependencia que garantizar pobreza, pues no sólo el sistema se seguridad social ha demostrado sus defectos sino que a ello le debemos sumar las perversas políticas fiscales, burocráticas, clientelistas, populistas, y otras más, que van transfiriendo coercitiva y sistemáticamente el capital de los sectores económicamente activos a los económicamente inactivos. Nuestros líderes se empeñan en birlar los ahorros de los ciudadanos emprendedores, particularmente de clase media y no contentos con ello, hacen poco o nada por atajar la burra de trabas que les endilgan.
No hay que ser brujo en economía para advertir que una de las pocas formas que tienen las empresas, desde las chicas a las grandes, de sobrevivir es buscando negocios y formas de trabajar con menos empleados. Hoy, más que nunca, el emprendedor, inmerso en una realidad competitiva que rebosa nuestras fronteras, se ve forzado a ser mucho más ágil; de tener la capacidad de adaptación tecnológica, pero no olvidemos que ello requiere los ahorros que vorazmente le están pillando entre el mal sistema "solidario" e impuestos que jamás llegan a su destino.
Cuando los más altos personeros de un gobierno rompen palito con un sector empresarial que ha logrado una singular unión de criterio, es obvio que no entienden el propósito del capital; cómo se produce y transforma, y lo único que podemos vaticinar es menos desarrollo.
No existe cosa más difícil que la transformación de bienes y servicios, dándoles vida a través de una valiente y noble acción empresarial. Muchos funcionarios que jamás han sido empresarios piensan que el dinero va en montones directamente de la caja registradora a la diversión, y ¡eso es pueril! La realidad exige una acumulación y adaptación del capital como necesidad permanente de la inversión. No tiene sentido invertir en un país en donde los burrócratas piensan que ellos saben mejor qué se debe hacer con los ahorros de otros.
La única media lógica que tiene la actual "reforma" de nuestra CSS es la de un trampolín que presupone más reformas futuras, pues de lo contrario no es sino una deforma que aumenta los costos y el déficit. Las tramoyas de seguridad social de reparto y aun otras son concebidas como sistemas de flujo financiero que regulan la circulación de fondos entre la llamada parte económicamente "activa" de la población hacia la "inactiva". Entre los viejos y los jóvenes, los sanos y enfermos y en los sistemas supuestamente solidarios, entre pobres y ricos. Pero lo que debe ser obvio es que estos sistemas se abocan a una crisis cuando va en disminución la participación del grupo activo en proporción a la del grupo económicamente inactivo. Sencillamente no existe sistema alguno capaz de cargar con esa múcura.
En tales situaciones, bajo el peso de un sistema absurdamente confiscatorio, quienes se encuentran en la marginalidad naturalmente emigran hacia el sector inactivo, y más cuando allí sus ingresos aumentan dado que no tienen que pagar impuestos, seguridad social, salarios mínimos, etc. A su vez, todo esto va imponiendo una carga insoportable al sector activo y en particular al de las pequeñas y medianas empresas.
El giro hacia sistemas de dependencia es el realce del populismo, del Estado interventor y eventualmente va socavando las bases del mismo sistema del cual depende y con ello queda asegurada una crisis financiera permanente. Eventualmente esto conlleva a la "solución" del asunto vía el colapso.
Algo aún más siniestro ocurre cuando el sistema enfrenta a los jóvenes contra sus progenitores, degradando los vínculos de la familia; que en nuestro Panamá ya están bastante maltrechos, como también va socavando el mecanismo natural de una solidaridad espontánea entre ciudadanos.
El Panamá supuestamente benefactor en que vivimos ya ni siquiera se puede decir que se sirve el interés de los más pobres, y ello lo vemos cuando los asegurados claman por los dineros de todos para salvar su pellejo. Todo esto nos lleva a revivir aquel dictamen de Frederic Bastiat que decía: "el Estado es aquella gran ficción a través de la cual todos nos afanamos para vivir a expensas de los demás".

101 años de Panamá América

 
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