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Seguridad y democracia


La democracia panameña tiene un sinfín de problemas por resolver, y la seguridad es quizás el más acuciante de todos. Pero el problema de la seguridad es doble, porque se trata de un problema que tiene muchos espejismos y pocas soluciones verdaderas que generen un consenso inmediato, sean de fácil implementación y produzcan resultados en un muy corto plazo. Esto significa que una vez diseñado un curso de acción apropiado, será todo un reto obtener un amplio consenso político y social que lo avale.

Si se lograra ese consenso, entonces se requeriría un gran esfuerzo para poner el plan en ejecución, y finalmente, cuando ya se encuentre en ejecución, habrá que esperar un cierto lapso de tiempo para que produzca resultados estables y contundentes. El gobierno no se ayuda a sí mismo legislando por decreto en esta materia, pues la experiencia enseña que el gobierno o no sabe, o no quiere, o no puede, difundir y explicar sus políticas de cara al público. Y una política de seguridad que no goza del respaldo ciudadano, ya sea porque el público no la entiende, o no la quiere, es siempre una mala política.

Concediendo que los contenidos de los próximos decretos sobre seguridad sean acertados y cónsonos con la democracia, la forma que se piensa utilizar para hacerlos aprobar conlleva un déficit de legitimidad que les restará fuerza y respaldo ciudadano. El Ejecutivo no debe perder de vista que seguridad y democracia siempre van de la mano.

101 años de Panamá América

 
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