Seguridad y democracia
La sociedad panameña enfrenta retos formidables en el área de la seguridad ciudadana y democrática. Todos los días, los medios informativos dan cuenta de las atrocidades que están ocurriendo en esta área: los llamados ajusticiamientos, los asaltos a bancos, etc.
Pero cuando se oferta un proyecto de reforma de las leyes que rigen a los estamentos de seguridad, ante una sociedad como la panameña, hay factores que considerar. Primero, la difusión oportuna de la propuesta y luego la demostración de que lo que se propone no se puede hacer con lo que hasta ahora ha funcionado como fuerza pública. Si ese proceso no transcurre de manera fluida, transparente y abierta, nuestra sociedad se vuelve aprehensiva, porque ya transitó por una experiencia que le dejó muchas amarguras.
Así que no se trata de imponer normas a tambor batiente, o de evadir el debate a título de que somos una sociedad de necios que se oponen a todo.
Es necesaria más responsabilidad y percepción política para darse cuenta de que si las cosas se imponen de manera poco ortodoxa, se están plantando para el futuro semillas de incertidumbre. Y nuestro pasado reciente ha demostrado lo fatal que ello puede resultar.