Seguro Social, lo estructural y determinante
LA BÚSQUEDA de una solución a las dificultades que enfrenta la Caja de Seguro Social, está generando un espinoso debate centrado en el rechazo de las reformas paramétricas. No obstante, los cambios paramétricos son necesarios para mantener transitoriamente el balance operativo de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM), hasta que se reemplace el desahuciado formato del seguro social vigente.
Además, no existe otra alternativa de reformas cuantificada conocida, que cierre la creciente brecha entre los egresos y los ingresos de IVM, por lo menos temporalmente y conserve el esquema de financiamiento vigente. Tampoco podrán mantenerse los beneficios actuales del programa indefinidamente con ninguna reforma.
Según los diagnósticos, sin reformas IVM colapsa en el 2013, al agotar las reservas. En el 2017 necesitaría B/.516 millones adicionales a los estimados por recaudar para pagar sus prestaciones, en el 2025 B/.1,000 millones adicionales, para el 2030 B/.1,500 millones, en el 2034 B/.2,000 millones y en el 2038 B/.2,500 millones. Cualquier cambio deberá subsanar dichas carencias.
Con las reformas paramétricas revisadas IVM mantendrá un balance operativo por 26 años y el déficit actuarial aumentará permanentemente durante ese período hasta casi alcanzar B/.16 mil millones.
Es conveniente, que establezcamos el momento más conveniente, para reemplazar el formato del seguro social vigente por uno nuevo, más permanente y verdaderamente solidario entre cotizantes y evitar tener que transferirle un desastre financiero inmanejable (un déficit actuarial multimillonario varias veces mayor que el actual), a la generación de los 2020 que intentará darle una solución concluyente a la dificultades recurrentes del seguro.
Por motivos estructurales el esquema de financiación se ha desgastado y el aspecto demográfico, principal determinante estructural de la crisis y del incremento descomunal de las pensiones, no puede ser regulado por ninguna legislación.
En 1950 las personas de 60 y más años constituían el 6.5% del total de la población, en el 2005 el 8.7% y en el 2050 constituirán el 22.3%. Con casi un cuarto de la población prospectada para pensionarse, mucho antes del 2050 no habrá manera de pagar las pensiones con el formato vigente de seguro social, ni reformado. Los cambios demográficos anotados elevan los costos de IVM y de Enfermedad y Maternidad.
Asimismo, insuficiencias económicas estructurales restringen las posibilidades de incrementar los ingresos. El limitado crecimiento económico, en el número de empleos y de cotizantes; el elevado desempleo, la creciente informalidad, las caídas en el salario medio, el creciente aumento del costo de la vida, la inestabilidad laboral, la enorme desigualdad, los elevados índices de pobreza, la baja productividad, el bajo rendimiento de las inversiones, truncan las expectativas de aumentar los ingresos.
Con la recesión económica de finales de los 80 se perdieron 60, 000 cotizantes (13.9% del total) y con la desaceleración económica de inicios del presente siglo se perdieron 40, 608 empleos y casi B/.40 millones de salarios mensuales. Las bajas recurrentes en el ritmo de crecimiento económico afectan al seguro social.
Los cambios deben dar respuesta a los crecientes compromisos de las jubilaciones y mejorar las desahuciadas posibilidades de poder mantener un régimen de pensión ahora y después.
Diversas peticiones y compromisos dificultan elegir sosegadamente una alternativa salvadora y debido a que la situación política y emocional del país no permite reemplazar el actual formato del seguro social en estos momentos, al menos concertemos reemplazarlo lo antes posible.
Propiciemos el entorno social y económico apropiado para el reemplazo, implementando las políticas que permitan aprovechar los beneficios del crecimiento económico en condiciones de igualdad; concediéndole a IVM nuevos ingresos, ofreciéndole mejor atención de salud, educación, alimentación, desarrollo humano y empleo a la niñez y a la juventud que escogerá mañana el nuevo formato de seguro social, los cuales poseen los mayores índices de pobreza actualmente; brindándole atención a los diversos riesgos sociales y a los diversos grupos de riesgos lo que disminuirá la desigualdad.
Rescatar al Seguro Social no involucra únicamente eliminar el déficit operativo temporalmente, además es necesario implementar las políticas sociales que sellen las profundas grietas estructurales producidas por el estilo de crecimiento económico excluyente en que estamos insumidos, que mantiene en la pobreza al 40% de la población y es una de las causas estructurales de la crisis del seguro.
Debemos proponernos corregir el desnivel económico y social existente en el país, que limita las posibilidades de mantener en vigor un seguro social solidario y que también es un factor estructural del posible colapso del mismo. Es necesario ver lo del seguro científica, objetivamente y sin agendas ocultas.
Además, no existe otra alternativa de reformas cuantificada conocida, que cierre la creciente brecha entre los egresos y los ingresos de IVM, por lo menos temporalmente y conserve el esquema de financiamiento vigente. Tampoco podrán mantenerse los beneficios actuales del programa indefinidamente con ninguna reforma.
Según los diagnósticos, sin reformas IVM colapsa en el 2013, al agotar las reservas. En el 2017 necesitaría B/.516 millones adicionales a los estimados por recaudar para pagar sus prestaciones, en el 2025 B/.1,000 millones adicionales, para el 2030 B/.1,500 millones, en el 2034 B/.2,000 millones y en el 2038 B/.2,500 millones. Cualquier cambio deberá subsanar dichas carencias.
Con las reformas paramétricas revisadas IVM mantendrá un balance operativo por 26 años y el déficit actuarial aumentará permanentemente durante ese período hasta casi alcanzar B/.16 mil millones.
Es conveniente, que establezcamos el momento más conveniente, para reemplazar el formato del seguro social vigente por uno nuevo, más permanente y verdaderamente solidario entre cotizantes y evitar tener que transferirle un desastre financiero inmanejable (un déficit actuarial multimillonario varias veces mayor que el actual), a la generación de los 2020 que intentará darle una solución concluyente a la dificultades recurrentes del seguro.
Por motivos estructurales el esquema de financiación se ha desgastado y el aspecto demográfico, principal determinante estructural de la crisis y del incremento descomunal de las pensiones, no puede ser regulado por ninguna legislación.
En 1950 las personas de 60 y más años constituían el 6.5% del total de la población, en el 2005 el 8.7% y en el 2050 constituirán el 22.3%. Con casi un cuarto de la población prospectada para pensionarse, mucho antes del 2050 no habrá manera de pagar las pensiones con el formato vigente de seguro social, ni reformado. Los cambios demográficos anotados elevan los costos de IVM y de Enfermedad y Maternidad.
Asimismo, insuficiencias económicas estructurales restringen las posibilidades de incrementar los ingresos. El limitado crecimiento económico, en el número de empleos y de cotizantes; el elevado desempleo, la creciente informalidad, las caídas en el salario medio, el creciente aumento del costo de la vida, la inestabilidad laboral, la enorme desigualdad, los elevados índices de pobreza, la baja productividad, el bajo rendimiento de las inversiones, truncan las expectativas de aumentar los ingresos.
Con la recesión económica de finales de los 80 se perdieron 60, 000 cotizantes (13.9% del total) y con la desaceleración económica de inicios del presente siglo se perdieron 40, 608 empleos y casi B/.40 millones de salarios mensuales. Las bajas recurrentes en el ritmo de crecimiento económico afectan al seguro social.
Los cambios deben dar respuesta a los crecientes compromisos de las jubilaciones y mejorar las desahuciadas posibilidades de poder mantener un régimen de pensión ahora y después.
Diversas peticiones y compromisos dificultan elegir sosegadamente una alternativa salvadora y debido a que la situación política y emocional del país no permite reemplazar el actual formato del seguro social en estos momentos, al menos concertemos reemplazarlo lo antes posible.
Propiciemos el entorno social y económico apropiado para el reemplazo, implementando las políticas que permitan aprovechar los beneficios del crecimiento económico en condiciones de igualdad; concediéndole a IVM nuevos ingresos, ofreciéndole mejor atención de salud, educación, alimentación, desarrollo humano y empleo a la niñez y a la juventud que escogerá mañana el nuevo formato de seguro social, los cuales poseen los mayores índices de pobreza actualmente; brindándole atención a los diversos riesgos sociales y a los diversos grupos de riesgos lo que disminuirá la desigualdad.
Rescatar al Seguro Social no involucra únicamente eliminar el déficit operativo temporalmente, además es necesario implementar las políticas sociales que sellen las profundas grietas estructurales producidas por el estilo de crecimiento económico excluyente en que estamos insumidos, que mantiene en la pobreza al 40% de la población y es una de las causas estructurales de la crisis del seguro.
Debemos proponernos corregir el desnivel económico y social existente en el país, que limita las posibilidades de mantener en vigor un seguro social solidario y que también es un factor estructural del posible colapso del mismo. Es necesario ver lo del seguro científica, objetivamente y sin agendas ocultas.