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Seis millardos


No. Esta no es la deuda pública nacional (la cual, de acuerdo al gobierno saliente, excede los siete millardos). Según estimaciones de la Organización de Naciones Unidas (ONU), durante este mes nacerá un infante que llevará a la población en este planeta Tierra a la suma que lleva por título este editorial. Nos preguntamos ¿podemos continuar produciendo más y más comida para atender las necesidades de los 230,000 humanos que nacen por día?
Mientras que la población mundial en 1900 era aproximadamente 1.7 millardos y hoy asciende a seis millardos, para el 2050 las Naciones Unidas proyecta que habrá once millardos de habitantes en este planeta. Y el 98% del crecimiento en la población tendrá lugar en los países en desarrollo.
Aunque estas cifras son impresionantes, las predicciones de los pesimistas, quienes comenzaron a hacer públicos sus pronósticos desde los tiempos de Sócrates, no se han hecho realidad. El hombre ha podido extraer del planeta suficiente comida para sostener a la creciente población por medio de importantes incrementos en productividad.
Según la ONU, el suministro de comida en el mundo alcanzó las 2,360 calorías por día, por persona, en los años sesenta, mientras que hoy supera las 2,700 calorías. Y según los expertos en dicha institución, todo indica que el abastecimiento de comida continuará creciendo, al menos durante la primera década del próximo siglo.
La oferta de comida ha aumentado en una forma tan importante que el precio de productos básicos como trigo y maíz ha disminuido casi la mitad en los últimos cuarenta años. Por lo tanto, si se toma en cuenta que el 80% de la comida constituye granos, resulta difícil pensar que el hombre no continúe ingeniándoselas para incrementar la producción de sus tierras.
Sin embargo, el incremento en la población tiene unos efectos secundarios que podrían influir negativamente en nuestra capacidad de producir. Más población significa más contaminación, lo cual influye indirectamente en la capacidad productiva de la tierra. Además, si tomamos en cuenta la creciente presión sobre las fuentes de agua potable, la cual es esencial no sólo para la producción de nuestra comida sino también sobre nuestro propio sostenimiento, la visión optimista pierde sustento.
Y asumiendo que los adelantos tecnológicos que hasta ahora han permitido que mejore la productividad de nuestros suelos, la siguiente interrogante por confrontar es: ¿Podemos distribuir equitativamente esa comida para sostener a la población mundial, donde sea que esté? A juzgar por lo hecho hasta ahora, la respuesta es no.


101 años de Panamá América

 
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