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Semáforos: lo advertimos a tiempo


Panamá América dijo editorialmente el pasado 30 de octubre: “Quiera Dios que, al final, los nuevos semáforos instalados resulten tan inteligentes como los han descrito y permitan un tráfico vehicular fluido y ordenado. De lo contrario, el desorden descomunal que han creado en distintas avenidas haría de la ciudad de Panamá la primera ciudad donde un proceso de modernización como este se convierte en un tema político”.

Este martes las autoridades han anunciado la suspensión del proceso de funcionamiento de estos aparatos, porque el desorden anunciado se produjo. Parte de un intento por ordenar el tráfico vehicular, lo abrupto de la medida es lo que explica el trauma generado. Si las acciones se aplicaran paulatina y metódicamente es probable que la reacción no hubiera sido tal, porque cambios como el promovido retan el hábito de los conductores, y los hábitos no cambian a grandes velocidades.

En algunos puntos, por ejemplo, se ha denunciado que el tiempo que los semáforos detienen a los conductores le ha servido a los delincuentes para sus fechorías. Y en otros lugares el tiempo de tránsito se ha multiplicado. En el fondo de estos hechos transita una verdad: Panamá no es ya la aldea de hace un par de décadas, así que no se trata de invertir carriles o instalar semáforo, sino de ampliar las vías y dictar políticas inteligentes sobre importación y máximo tiempo de vida de vehículos a motor en el territorio nacional. Permitir el crecimiento desmedido del parque automotor, sin medidas de mitigación, es suicida. Ese es el plan que hay que iniciar.

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