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SENACYT


Atendiendo una muy gentil invitación del Dr. Gonzalo Córdoba, sus compañeros rotarios hicimos una visita a las instalaciones del Servicio Nacional de Ciencia y Tecnología (SENACYT), localizadas en lo que fue la base militar de Clayton. Sentí que estaba en otro país cuando ingresé al plantel y vi la calidad de los profesionales que allí prestan servicios, el entusiasmo con que trabajan y lo que están haciendo. Me llamó la atención que casi todas las explicaciones técnicas y científicas las recibimos de mujeres jóvenes.
SENACYT tiene un papel importantísimo que jugar en el desarrollo económico, social y cultural de Panamá, donde tenemos un rezago en el campo de la ciencia y la tecnología.
La economía mundial transita desde hace unos 30 años aproximadamente por una profunda mutación del patrón técnico-productivo a nivel global, lo que ha traído aparejados un nuevo esquema de división internacional del trabajo y nuevas condiciones para la participación de las distintas regiones y países en el comercio de bienes y servicios; en la producción científico-tecnológica y, naturalmente, en la constelación del poder.
La revolución tecnológica afecta tanto a los insumos materiales del proceso productivo, los nuevos productos y las modalidades mismas de la producción, así como a las relaciones tradicionales entre los factores productivos en el nivel de empresa, de las economías nacionales y de las propias relaciones internacionales. Por eso, el nuevo patrón técnico-productivo está modificando radicalmente las potencialidades y condiciones nacionales de crecimiento y desarrollo.
La posición relativa de las distintas regiones en la economía mundial depende ahora de su aptitud para dotarse de capacidades sistemáticas que incorporen el progreso tecnológico a lo largo y ancho de su sistema económico.
En ese sentido, la revolución tecnológica ha modificado radicalmente los factores determinantes de la capacidad competitiva de las economías, haciendo que la disponibilidad de mano de obra barata o de amplios recursos naturales dejen de representar el aspecto predominante del potencial exportador de los países.
Ahora, por el contrario, los determinantes principales de desempeño exitoso comprenden cuestiones como las siguientes: (1) la movilización de grandes volúmenes de inversión productiva, pero que ya no consiste de formación de grandes empresas en las ramas de la industria pesada, (2) la creación de condiciones sociales para el dominio del incesante cambio tecnológico, (3) la constitución de redes complejas de interacción entre los diferentes eslabones del circuito de producción, innovación y los servicios de apoyo correspondientes; y (4) el establecimiento de mercados integrados de dimensiones continentales, que es la manera de aglomerar los volúmenes necesarios de mercado, de recursos financieros y de capacidades científicas para emprender la reconversión completa de las ramas industriales de punta.
  1. Generar utilidades suficientes.

  2. Que las acciones sean complementarias.

  3. Que sean atractivas y que satisfaga sus necesidades.

  4. Que haya compatibilidad con la cultura ambiente.

  5. Que sea simple, de fácil manejo y con pocos requisitos.

  6. Debe existir disponibilidad (conocimientos, materiales y créditos).

  7. Deben ser de aplicación inmediata, nada de tanta planificación prolongada.

  8. El costo debe ser mínimo para poder que el agricultor pueda participar.

  9. Que haya poco riesgo para el agricultor.

  10. Que el programa pueda ser ampliado.

  11. Que tenga efectos espectaculares.

  12. Que haya visibilidad de los resultados.

  13. Que tenga efecto residual, es decir que proyecte al agricultor confianza en sí mismo.


Sin darle importancia a los aspectos mencionados, poco avanzaremos.
En consecuencia, todos los sectores deben crecer; y en ese sentido el rural, que comprende buen porcentaje de la población actual, debe lograr un crecimiento estable y constante, situación que no se da en estos momentos.
Si no medimos la efectividad de los programas agropecuarios con el crecimiento del sector, nunca podremos exigir a los ministros y a los burócratas resultados tangibles de su gestión y justificación de los millonarios presupuestos (más préstamos y donaciones extranjeras) que año tras año se solicitan.
Es por ello que la política agropecuaria debe considerarse como un programa de Estado y no de gobiernos, lo que debe entenderse así, sobre todo en esta etapa que negociamos tratados de libre comercio.

101 años de Panamá América

 
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