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Señales de polarización


Tradicionalmente se ha dicho que aquí no hay espacio para terceras fuerzas. Rubén Blades, Rubén Carles y Alberto Vallarino, no obstante, llegaron bastante lejos como para probar lo contrario. Pero ninguno de ellos dio continuidad a su proyecto como para hacer la excepción. Todos desistieron tras un prometedor primer intento. En esta ocasión tenemos a cuatro candidatos presidenciales, uno del oficialismo y tres de la oposición, aunque de los últimos, dos (Endara y Martinelli), sean más bien producto de disidencias surgidas dentro del seno de la alianza gubernamental que opositores raizales. Bajo este esquema, la actual campaña política nos presenta, en términos generales, más de lo mismo, sin nada nuevo que invite a mayor entusiasmo.
La Iglesia misma, en su órgano oficial, Panorama Católico, aludió a ese fenómeno bajo la expresión de una “campaña fría” ausente de propuestas nuevas. De ese modo, salvo los insultos usuales - “payaso” llamó el candidato Alemán, del partido Arnulfista, a su adversario, Endara, luego de verlo con una banda elástica de raegge en la frente - nada hay que caliente esta campaña.
Mas es un hecho que conforme marcha la contienda, se afianza la tendencia a la polarización, como lo indican algunas señales de esta semana. La primera, fue el salto de Leo González, jefe de campaña de Martinelli, candidato del opositor partido Cambio Democrático, cuarto en las encuestas, que se pasa a las filas de Endara, del también opositor Solidaridad, quien a su vez marcha segundo en las encuestas.
Las otras señales se dieron en el partido MOLIRENA, de la alianza de gobierno, del que emigra la tercera de sus principales figuras, el ex vicepresidente de la República y ex ministro de Economía, Guillermo Ford, para aceptar una vice presidencia de Endara. Junto con él, emigra también el pimentoso ex legislador y ex ministro de Agricultura arnulfista bajo el presente gobierno, Alejandro Posse Martiz, miembro de una acaudalada familia con asiento en las tierras altas chiricanas.
La polarización es pues, bastante clara hacia los partidos y alianzas cuyos candidatos encabezan las preferencias. Ford, en especial, le da un importante toque de reciedumbre callejera y empresarial a la nómina de Endara, quien a su vez se proyecta con personalidad de Santa Claus (“Pan de dulce”, le llama el populacho) y Posse Martinz, podría cubrir su flanco más débil, el interior del país, con el cual, si bien no se ganan las elecciones, pueden perderse si no se le atiende.
Martín Torrijos, por su parte, a la cabeza de todas las encuestas, aunque no logra sumar ninguna nueva figura pública, cosa que sí consiguió Rubén Blades en su intento, parece sentirse conforme con superar por más de 10 puntos porcentuales el techo tradicional de su partido que es de 33%. Y tiene razón, con bastante menos que eso, en esta oportunidad, gana. Quizás por eso se da el lujo de distanciarse del grupo de Pérez Balladares, hecho simbolizado con la salida de Olmedo Miranda como su jefe de imagen. Alguien, sin embargo recuerda, que fue eso lo que causó su derrota la vez anterior.

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