Senderos de guerra
El fantasma de la guerra, como no es novedad en nuestra historia humana, vuelve a asomar su rostro en el panorama internacional, justo en el sector más convulsionado de todos los tiempos, el Oriente Medio. Si repasamos la historia de esta mal llamada humanidad, veremos como desde épocas remotas, esta parte del mundo ha sido escenario de las más cruentas batallas que, en medio de sus conceptos divinos o simplemente territoriales, han dado nacimiento y muerte a más de un imperio.
Milenios han pasado y la vida humana narra con horror las historias de sanguinarias batallas que nunca han contribuido a la generalización de una verdadera paz, ni a la comprensión final del verdadero significado de la palabra humanidad. Analizar las guerras de los egipcios, persas, romanos, griegos; o la eterna batalla santa de los descendientes de Jacob, que después de miles de años no logran su hegemonía en la tierra que ellos dicen Dios les regaló, y que hoy pelean a costa de la vida de miles de palestinos, quienes sienten hoy más odio hacia la tendencia judía que nunca en la historia, es una tarea de cuando empezar y nunca acabar.
También podemos hablar de otros conflictos que han llenado de luto, dolor y pánico al mundo entero. El pasado siglo XX tuvo como nota característica la evolución, no sólo tecnológica e industrial, sino en todo lo concerniente a la logística de la guerra. Dos guerras mundiales, un sinnúmero de conflictos regionales (Irán-Irak, Vietnam, Corea, El Salvador, Nicaragua, Rusia-Afganistán, Guerra del Golfo, etc.) y la muy sonada y distinta Guerra Fría, cuya secuela de terror aún hace sucumbir los imponentes Balcanes, en medio de la desintegración de la Yugoslavia, la inmoral guerra de Kosovo y, un tanto más allá, la infame fiebre rusa de mantener a la rebelde Chechenia bajo el yugo del dizque occidentalizado Kremlim.
En medio de esto, hay quienes se atreven a decir que la Guerra Fría terminó con la caída del muro de Berlín, pero los que estamos viviendo los momentos de zozobra en que la primera potencia global nos mantiene, sabemos que el principal monstruo creado por la post guerra está haciendo de las suyas, y el pasado 11 de septiembre dio el más impactante golpe de su historia. Hablo del terrorismo. Un monstruo que durante décadas ha asolado a muchas naciones, de manera cruel y destructiva; ese monstruo al que nadie se le ocurrió declararle la guerra en el pasado, hoy ha sido recordado y visto como el peor de los enemigos, sólo por el hecho de haber golpeado al país más poderoso, a la cabeza de cualquier organización a la que pertenezca -llámese OTAN, ONU, OEA, TIAR, TLC, G-7, ALCA, etc.-, al líder del capitalismo occidental, sistema que no deja de ser igual de cruel que el socialismo mal implementado.
Lo ocurrido el 11 de septiembre merece el repudio de todos, pero a la vez hace un llamado a analizar y comprender qué está pasando y a qué se debe tanto odio hacia la nación del Novus Ordo Seclorum. Algunos dicen que su política exterior no sólo con el mundo árabe, sino con cualquier otra región que no responda a sus intereses, es la principal responsable. No dejan de tener razón, pero tal vez la ideología más preponderante que explicaría la ironía que acompaña cualquiera de las actitudes globales del policía del mundo, es su nefasto planteamiento del Destino Manifiesto, la Doctrina Moroe que sembró en las mentes estadounidenses la idea de que Dios los había elegido para civilizar a los salvajes.
Durante décadas hemos visto a EU irrumpir en donde les parezca, queriendo hacer valer sus ideas por encima de las de cualquier otro; queriendo imponer sus conceptos civiles, políticos y económicos, así se tenga que recurrir a metodologías extremas, así se tenga que sacrificar cientos o miles de vidas. Bloqueos, invasiones, restricciones económicas, controles militares, espionaje internacional, presencias militares continuas y amenzantes son los mecanismos que le han dado el poder al imperio más trascendental que ningún emperador de la antigüedad jamás imaginó que existiría.
Estados Unidos ha iniciado la cosecha del odio que él mismo ha sembrado y la traición de las bestias que él mismo ha creado. Lo que ha sucedido desde hace unas semanas es sólo una muestra de las consecuencias fatales de la política de imposición, que siempre han querido llevar por encima de la razón y de apadrinamiento de quienes en su momento le fueron útiles a sus intereses. Todo lo que vemos en los medios día tras día, nos muestra que la confrontación que se asoma a la ventana y que amenaza con convertirnos en víctimas de la intransigencia humana, no es más que la clásica batalla del mal contra sí mismo, porque el día en que el bien en verdad esté en conflicto y triunfe, la paz será real y no la farsa que se ha vivido durante milenios antes y después de cada guerra; misma farsa que ha demostrado el viejo refrán de que la violencia sólo engendra violencia y más violencia.
Siempre he sido del pensar que lo que vivimos hoy es consecuencia de lo que hicimos en el pasado, y lo que no vivimos es consecuencia de lo que no hicimos; seguimos viviendo la guerra porque no nos cansamos de fomentarla y nunca vivimos la paz porque jamás hemos trabajo por ella. Hasta cuándo seguiremos viviendo de este modo, qué tiene que pasar para que dejemos de odiarnos y comprendamos que formamos parte de un solo mundo y de una sola raza llamada humanidad. Que Dios nos ampare. agusto1@latinsite.com
Milenios han pasado y la vida humana narra con horror las historias de sanguinarias batallas que nunca han contribuido a la generalización de una verdadera paz, ni a la comprensión final del verdadero significado de la palabra humanidad. Analizar las guerras de los egipcios, persas, romanos, griegos; o la eterna batalla santa de los descendientes de Jacob, que después de miles de años no logran su hegemonía en la tierra que ellos dicen Dios les regaló, y que hoy pelean a costa de la vida de miles de palestinos, quienes sienten hoy más odio hacia la tendencia judía que nunca en la historia, es una tarea de cuando empezar y nunca acabar.
También podemos hablar de otros conflictos que han llenado de luto, dolor y pánico al mundo entero. El pasado siglo XX tuvo como nota característica la evolución, no sólo tecnológica e industrial, sino en todo lo concerniente a la logística de la guerra. Dos guerras mundiales, un sinnúmero de conflictos regionales (Irán-Irak, Vietnam, Corea, El Salvador, Nicaragua, Rusia-Afganistán, Guerra del Golfo, etc.) y la muy sonada y distinta Guerra Fría, cuya secuela de terror aún hace sucumbir los imponentes Balcanes, en medio de la desintegración de la Yugoslavia, la inmoral guerra de Kosovo y, un tanto más allá, la infame fiebre rusa de mantener a la rebelde Chechenia bajo el yugo del dizque occidentalizado Kremlim.
En medio de esto, hay quienes se atreven a decir que la Guerra Fría terminó con la caída del muro de Berlín, pero los que estamos viviendo los momentos de zozobra en que la primera potencia global nos mantiene, sabemos que el principal monstruo creado por la post guerra está haciendo de las suyas, y el pasado 11 de septiembre dio el más impactante golpe de su historia. Hablo del terrorismo. Un monstruo que durante décadas ha asolado a muchas naciones, de manera cruel y destructiva; ese monstruo al que nadie se le ocurrió declararle la guerra en el pasado, hoy ha sido recordado y visto como el peor de los enemigos, sólo por el hecho de haber golpeado al país más poderoso, a la cabeza de cualquier organización a la que pertenezca -llámese OTAN, ONU, OEA, TIAR, TLC, G-7, ALCA, etc.-, al líder del capitalismo occidental, sistema que no deja de ser igual de cruel que el socialismo mal implementado.
Lo ocurrido el 11 de septiembre merece el repudio de todos, pero a la vez hace un llamado a analizar y comprender qué está pasando y a qué se debe tanto odio hacia la nación del Novus Ordo Seclorum. Algunos dicen que su política exterior no sólo con el mundo árabe, sino con cualquier otra región que no responda a sus intereses, es la principal responsable. No dejan de tener razón, pero tal vez la ideología más preponderante que explicaría la ironía que acompaña cualquiera de las actitudes globales del policía del mundo, es su nefasto planteamiento del Destino Manifiesto, la Doctrina Moroe que sembró en las mentes estadounidenses la idea de que Dios los había elegido para civilizar a los salvajes.
Durante décadas hemos visto a EU irrumpir en donde les parezca, queriendo hacer valer sus ideas por encima de las de cualquier otro; queriendo imponer sus conceptos civiles, políticos y económicos, así se tenga que recurrir a metodologías extremas, así se tenga que sacrificar cientos o miles de vidas. Bloqueos, invasiones, restricciones económicas, controles militares, espionaje internacional, presencias militares continuas y amenzantes son los mecanismos que le han dado el poder al imperio más trascendental que ningún emperador de la antigüedad jamás imaginó que existiría.
Estados Unidos ha iniciado la cosecha del odio que él mismo ha sembrado y la traición de las bestias que él mismo ha creado. Lo que ha sucedido desde hace unas semanas es sólo una muestra de las consecuencias fatales de la política de imposición, que siempre han querido llevar por encima de la razón y de apadrinamiento de quienes en su momento le fueron útiles a sus intereses. Todo lo que vemos en los medios día tras día, nos muestra que la confrontación que se asoma a la ventana y que amenaza con convertirnos en víctimas de la intransigencia humana, no es más que la clásica batalla del mal contra sí mismo, porque el día en que el bien en verdad esté en conflicto y triunfe, la paz será real y no la farsa que se ha vivido durante milenios antes y después de cada guerra; misma farsa que ha demostrado el viejo refrán de que la violencia sólo engendra violencia y más violencia.
Siempre he sido del pensar que lo que vivimos hoy es consecuencia de lo que hicimos en el pasado, y lo que no vivimos es consecuencia de lo que no hicimos; seguimos viviendo la guerra porque no nos cansamos de fomentarla y nunca vivimos la paz porque jamás hemos trabajo por ella. Hasta cuándo seguiremos viviendo de este modo, qué tiene que pasar para que dejemos de odiarnos y comprendamos que formamos parte de un solo mundo y de una sola raza llamada humanidad. Que Dios nos ampare. agusto1@latinsite.com