Señor: el confundido es usted
Un extranjero poco familiarizado con nuestro calendario electoral, después de escuchar al señor Torrijos en sus cada vez más frecuentes intervenciones saturadas de ataques contra todo aquel que lo critica y llenas de promesas sobre un futuro lleno de bonanzas, se preguntaría, y con razón: ¿Es que en Panamá estamos en campaña para las próximas elecciones?
El líder de "la patria nueva" comenzó su campaña para aspirar a la presidencia de la República hace casi ocho (8) años, cuando, igualmente lleno de promesas y de violentas críticas, competía contra Mireya Moscoso, en las elecciones de 1999, en las que resultó ampliamente derrotado. Después, en el 2004, nuevamente saturado de promesas que le salían por todos los poros y con una renovada batería de ataques, especialmente apuntada contra su vencedora, logró el respaldo de la mayoría de los electores y asumió la presidencia. De eso hacen ahora dos años. Y todos recordamos como, cuando fue inaugurado como presidente, en lugar de presentarle al país el Plan de Gobierno que le debía, pues nunca se lo conocimos durante la campaña, nuevamente recibimos más promesas.
El pasado 1 de septiembre, cumpliendo con el ritual anual, el "líder de la patria nueva" compareció ante la Asamblea Nacional, para inaugurar el tercer año de su gobierno. Dos cosas volvió a dejar en claro el actual inquilino del Palacio de las Garzas: Una, que, a pesar, de que en nuestro país no existen prácticamente partidos de oposición, su obsesión contra los que, según él, no cesan de "confundir al pueblo", sigue viva y en aumento; la otra, que sigue sin entender que la campaña política terminó hace dos años y medio, en mayo del año 2004, cuando ganó las elecciones.
Cuando se hace campaña se promete; cuando se gobierna se cumple lo prometido. Y si un gobernante, en vez de entender esa diferencia básica, se sigue comportando de la misma manera que lo hacía durante la campaña electoral, es obvio, que el confundido es él y no el pueblo que le pide más resultados y menos demagogia.
Como el actual presidente, cuando actuaba en función de candidato, concentró en tres sus múltiples promesas: Más trabajo, más seguridad y cero corrupción, ha sido fácil seguirle la pista. En los tres aspectos, como se dice en el argot hípico, todavía no ha salido del partidor. Y para probar lo anterior sólo hace falta utilizar su propia confesión, abierta o tácita. Por un lado su gobierno acepta que la inseguridad pública ha aumentado y, como no están en capacidad, y ni siquiera lo intentan, de demostrar que el desempleo y la corrupción han disminuido, más claro no canta un gallo a las cinco de la mañana.
Otro claro ejemplo de que la confusión no está en el pueblo sino en los predios del palacio presidencial, es que se exhiba y proclame la "exitosa realización" de 15 o 20 de los llamados "consejos consultivos", como uno de los logros señeros de los dos primeros años del gobierno. Y esto, agravado con el anuncio, todavía más preocupante de que ahora comenzará una nueva ronda de lo mismo, para medir los resultados.
Cada uno de los famosos "consejos", conllevó el desplazamiento de casi todo el gobierno. Los ministros y directores de entidades autónomas, uno por uno, acompañados de su equipo respectivo, personal de transporte y seguridad, lo que no costaba dos reales, hacían presentaciones a cual más grandilocuente, coronadas por más promesas presidenciales, que ellos y la claque de gobernadores, diputados, alcaldes y representantes de corregimientos del gobierno, pues ninguno se los pierde, aplauden a rabiar. Allí las promesas corren cual incontenible manantial, y también los gastos, de los que no hay cuantificación; pero no es difícil estimar que los costos de esos "magnos eventos" han sido de muchos miles de balboas. Esos encuentros, más propios de una campaña electoral, habrán servido al gobernante de turno para alimentar su ego y para acentuarle su confusión sobre lo que significa gobernar, pero no han engañado al pueblo.
Gobernar, con sabiduría es aprovechar al máximo los recursos económicos del Estado y sus estructuras político administrativas para resolver los problemas de la sociedad; pero anular o echar a un lado todas las instancias ministeriales, provinciales, municipales y comunales, dizque con el pretexto de dar respuestas directas "in situ", es costosa demagogia populista. El gobierno, calculadamente estimó que después de sus despliegues populistas, gastarse muchos millones de balboas en propaganda para proclamar sus bondades y atiborrarnos con más promesas, estaríamos "maduros" para la "gran promesa" de la ampliación y aceptar sin cuestionar el mamotreto millonario preparado por la Autoridad del Canal, prohijado por el gobierno y aplaudido por todos los que esperan seguir engordando sus ya gordas cuentas bancarias, y que ahora, de repente, son más patriotas que el mismo patriotismo. Pero como el guión se les ha enredado, las reacciones destempladas no se han hecho esperar: todo el que se opone al "maravilloso proyecto" es un politiquero, con agendas ocultas, malsanamente dedicado a "confundir al pueblo".
En su obcecación que, aunque lo nieguen está casada con los planes del PRD de perpetuarse en el poder, se han obnubilado hasta el punto de no entender que si la oposición al proyecto crece (los indecisos, en un 95% serán No) es porque el pueblo, en lugar de confuso, cada día que pasa está más consciente de que no puede confiar en un gobierno que no cumple sus promesas. En lugar de más empleos, menos corrupción y más seguridad; lo que vemos, vivimos y sufrimos, todos los días, es más inseguridad, más corrupción, más desempleo, aumentos del combustible, de la electricidad, de los impuestos, de los víveres, de las medicinas y de la deuda pública, que ha crecido un 20% con "la patria nueva".
Esas son las cosas que el pueblo ve y siente; por eso ha dejado de creer, y si el gobernante de turno todavía no lo entiende, es porque el confundido es él.
El líder de "la patria nueva" comenzó su campaña para aspirar a la presidencia de la República hace casi ocho (8) años, cuando, igualmente lleno de promesas y de violentas críticas, competía contra Mireya Moscoso, en las elecciones de 1999, en las que resultó ampliamente derrotado. Después, en el 2004, nuevamente saturado de promesas que le salían por todos los poros y con una renovada batería de ataques, especialmente apuntada contra su vencedora, logró el respaldo de la mayoría de los electores y asumió la presidencia. De eso hacen ahora dos años. Y todos recordamos como, cuando fue inaugurado como presidente, en lugar de presentarle al país el Plan de Gobierno que le debía, pues nunca se lo conocimos durante la campaña, nuevamente recibimos más promesas.
El pasado 1 de septiembre, cumpliendo con el ritual anual, el "líder de la patria nueva" compareció ante la Asamblea Nacional, para inaugurar el tercer año de su gobierno. Dos cosas volvió a dejar en claro el actual inquilino del Palacio de las Garzas: Una, que, a pesar, de que en nuestro país no existen prácticamente partidos de oposición, su obsesión contra los que, según él, no cesan de "confundir al pueblo", sigue viva y en aumento; la otra, que sigue sin entender que la campaña política terminó hace dos años y medio, en mayo del año 2004, cuando ganó las elecciones.
Cuando se hace campaña se promete; cuando se gobierna se cumple lo prometido. Y si un gobernante, en vez de entender esa diferencia básica, se sigue comportando de la misma manera que lo hacía durante la campaña electoral, es obvio, que el confundido es él y no el pueblo que le pide más resultados y menos demagogia.
Como el actual presidente, cuando actuaba en función de candidato, concentró en tres sus múltiples promesas: Más trabajo, más seguridad y cero corrupción, ha sido fácil seguirle la pista. En los tres aspectos, como se dice en el argot hípico, todavía no ha salido del partidor. Y para probar lo anterior sólo hace falta utilizar su propia confesión, abierta o tácita. Por un lado su gobierno acepta que la inseguridad pública ha aumentado y, como no están en capacidad, y ni siquiera lo intentan, de demostrar que el desempleo y la corrupción han disminuido, más claro no canta un gallo a las cinco de la mañana.
Otro claro ejemplo de que la confusión no está en el pueblo sino en los predios del palacio presidencial, es que se exhiba y proclame la "exitosa realización" de 15 o 20 de los llamados "consejos consultivos", como uno de los logros señeros de los dos primeros años del gobierno. Y esto, agravado con el anuncio, todavía más preocupante de que ahora comenzará una nueva ronda de lo mismo, para medir los resultados.
Cada uno de los famosos "consejos", conllevó el desplazamiento de casi todo el gobierno. Los ministros y directores de entidades autónomas, uno por uno, acompañados de su equipo respectivo, personal de transporte y seguridad, lo que no costaba dos reales, hacían presentaciones a cual más grandilocuente, coronadas por más promesas presidenciales, que ellos y la claque de gobernadores, diputados, alcaldes y representantes de corregimientos del gobierno, pues ninguno se los pierde, aplauden a rabiar. Allí las promesas corren cual incontenible manantial, y también los gastos, de los que no hay cuantificación; pero no es difícil estimar que los costos de esos "magnos eventos" han sido de muchos miles de balboas. Esos encuentros, más propios de una campaña electoral, habrán servido al gobernante de turno para alimentar su ego y para acentuarle su confusión sobre lo que significa gobernar, pero no han engañado al pueblo.
Gobernar, con sabiduría es aprovechar al máximo los recursos económicos del Estado y sus estructuras político administrativas para resolver los problemas de la sociedad; pero anular o echar a un lado todas las instancias ministeriales, provinciales, municipales y comunales, dizque con el pretexto de dar respuestas directas "in situ", es costosa demagogia populista. El gobierno, calculadamente estimó que después de sus despliegues populistas, gastarse muchos millones de balboas en propaganda para proclamar sus bondades y atiborrarnos con más promesas, estaríamos "maduros" para la "gran promesa" de la ampliación y aceptar sin cuestionar el mamotreto millonario preparado por la Autoridad del Canal, prohijado por el gobierno y aplaudido por todos los que esperan seguir engordando sus ya gordas cuentas bancarias, y que ahora, de repente, son más patriotas que el mismo patriotismo. Pero como el guión se les ha enredado, las reacciones destempladas no se han hecho esperar: todo el que se opone al "maravilloso proyecto" es un politiquero, con agendas ocultas, malsanamente dedicado a "confundir al pueblo".
En su obcecación que, aunque lo nieguen está casada con los planes del PRD de perpetuarse en el poder, se han obnubilado hasta el punto de no entender que si la oposición al proyecto crece (los indecisos, en un 95% serán No) es porque el pueblo, en lugar de confuso, cada día que pasa está más consciente de que no puede confiar en un gobierno que no cumple sus promesas. En lugar de más empleos, menos corrupción y más seguridad; lo que vemos, vivimos y sufrimos, todos los días, es más inseguridad, más corrupción, más desempleo, aumentos del combustible, de la electricidad, de los impuestos, de los víveres, de las medicinas y de la deuda pública, que ha crecido un 20% con "la patria nueva".
Esas son las cosas que el pueblo ve y siente; por eso ha dejado de creer, y si el gobernante de turno todavía no lo entiende, es porque el confundido es él.