Señor, Señor...
El padre Néstor Jaén s.j del Comité Ecuménico de Panamá me entregó esta oración para rezar en familia o en grupos el último día de este año: ¡Oh Dios! único y verdadero, conocido con diversos nombres. Tú amas infinitamente a los seres humanos. Por eso en este ultimo día del año te alabamos, te bendecimos y te damos gracias por los beneficios recibidos de ti.
Perdona todos nuestros errores. Ayúdanos a corregirlos y a mejorar de un modo integral nuestras vidas en el año que está por comenzar.
Mira a Panamá con todos sus problemas y necesidades, pero también con todos sus bienes y posibilidades y junto a las demás naciones, bendícela con la paz, la justicia, la solidaridad y el amor.
(En la oración se pide añadir intervenciones más específicas. Aquí van las mías)
Señor, este es un mundo cada vez más desigual, En la década del sesenta la diferencia entre el quintil de mayor ingreso en el ámbito mundial con el quintil de menor ingreso era de 1 a 30, hoy esa realidad empeoró pues esa diferencia es de 1 a 85. Tres mil millones de personas, seres humanos, viven en la miseria y la pobreza. Panamá se encuentra entre los países más desiguales del mundo, con sus consecuencias pues cuatro de cada diez están inmersos en la pobreza y entre ellos especialmente los habitantes rurales, y los indígenas están sumidos en una pobreza abismal.
Tú que naciste en un pesebre, ayúdanos a combatir la pobreza con la caridad eficaz, es decir no solo con los aportes de cada uno, sino ideando y poniendo en práctica un modelo de desarrollo con equidad social y sostenibilidad ambiental.
222La apatía nos agobia, pero peor aún es la desilusión y la impotencia. Mucha gente piensa que no vale la pena, que esto no lo compone nadie, que la esperanza está enterrada antes de nacer.
Señor: El neoliberalismo ha logrado en tres décadas lo que el cristianismo y el Islam no lograron en dos mil años, conquistar al mundo; como declaró el economista chileno Manfred Max-Neef, Premio Nobel alternativo. Este es un mundo no de naciones sino de grandes corporaciones con fuerza para controlar política, económica, culturalmente e informáticamente del globo. De las cien economías más grandes del mundo, 54 son empresas y solo 46 son países, y las naciones que hoy siguen las reglas del comercio mundial de hecho deben renuncian a su autonomía nacional, pues según los reglamentos de la OMC, cualquier ley nacional que exista que resulte un problema para el comercio de cualquier gran empresa, el país debe supeditar sus leyes propias nacionales a los intereses de las corporaciones.
Esto no puede continuar así, tú que naciste y viviste en una región pobre dominado por el imperio romano, lo sabes bien. Hoy el mercado no es el problema, sino los grandes mercaderes que lo manejan a su antojo, y el mundo (y Panamá) necesita formular nuevas reglas de relación que permitan más justicia y oportunidades a las economías débiles y a los países periféricos. Si no es así no podremos impulsar ese modelo de desarrollo que erradique la pobreza a cambio de más calidad de vida.
Señor, la corrupción azota inmisericordemente tanto en lo público como en lo privado y no existe un sistema de integridad que prevenga y detenga la erosión que provoca en el desenvolvimiento de la sociedad. Tu pensamiento profundamente ético y moral es ignorado por aquellos que laceran los recursos que se desvían o mal utilizan en provecho de intereses creados o particulares.
La política está desacreditada, y muchas elites de poder actúan a espaldas de sus promesas y discursos, farisaicamente, debilitando la propuesta democrática al negar la democratización de sus propios partidos y entidades.
Señor, una joven abogada Kathia Rivera escribió en un artículo hace unos días. Me atrevo a afirmar que el mayor problema de Panamá es la displicencia de su pueblo, la indolencia de sus gentes, vivimos en un eterno sueño del que, parece, no queremos despertar, y solo hay dos posibilidades: podemos seguir durmiendo o, sencillamente despertar de ese letargo en que nos hemos sumido. La apatía nos agobia, pero peor aún es la desilusión y la impotencia. Mucha gente piensa que no vale la pena, que esto no lo compone nadie, que la esperanza está enterrada antes de nacer. Contra eso luchaste y en la esencia de tu mensaje está el amor y la solidaridad y la fe que mueve montañas. ¿Qué nos pasa?
Cuando aprendamos a verte no a través de un cristianismo de tubo (comunicación entre egoísmo individual y tú) sino a través de una opción de vida participativa e incluyente que se inspire en tu mensaje y articule los diversos aspectos de la realidad como en la Visión Panamá 2020, entenderemos tu profundo mensaje de paz con justicia.
Hoy en la Navidad del 2002 y avizorando el nuevo año a la vuelta de la esquina, permítenos Señor, entender y aceptar los desafíos que nos presenta nuestra realidad, y comprometernos con tiempos mejores.
(raulleisr@hotmail.com)
Perdona todos nuestros errores. Ayúdanos a corregirlos y a mejorar de un modo integral nuestras vidas en el año que está por comenzar.
Mira a Panamá con todos sus problemas y necesidades, pero también con todos sus bienes y posibilidades y junto a las demás naciones, bendícela con la paz, la justicia, la solidaridad y el amor.
(En la oración se pide añadir intervenciones más específicas. Aquí van las mías)
Señor, este es un mundo cada vez más desigual, En la década del sesenta la diferencia entre el quintil de mayor ingreso en el ámbito mundial con el quintil de menor ingreso era de 1 a 30, hoy esa realidad empeoró pues esa diferencia es de 1 a 85. Tres mil millones de personas, seres humanos, viven en la miseria y la pobreza. Panamá se encuentra entre los países más desiguales del mundo, con sus consecuencias pues cuatro de cada diez están inmersos en la pobreza y entre ellos especialmente los habitantes rurales, y los indígenas están sumidos en una pobreza abismal.
Tú que naciste en un pesebre, ayúdanos a combatir la pobreza con la caridad eficaz, es decir no solo con los aportes de cada uno, sino ideando y poniendo en práctica un modelo de desarrollo con equidad social y sostenibilidad ambiental.
222La apatía nos agobia, pero peor aún es la desilusión y la impotencia. Mucha gente piensa que no vale la pena, que esto no lo compone nadie, que la esperanza está enterrada antes de nacer.
Señor: El neoliberalismo ha logrado en tres décadas lo que el cristianismo y el Islam no lograron en dos mil años, conquistar al mundo; como declaró el economista chileno Manfred Max-Neef, Premio Nobel alternativo. Este es un mundo no de naciones sino de grandes corporaciones con fuerza para controlar política, económica, culturalmente e informáticamente del globo. De las cien economías más grandes del mundo, 54 son empresas y solo 46 son países, y las naciones que hoy siguen las reglas del comercio mundial de hecho deben renuncian a su autonomía nacional, pues según los reglamentos de la OMC, cualquier ley nacional que exista que resulte un problema para el comercio de cualquier gran empresa, el país debe supeditar sus leyes propias nacionales a los intereses de las corporaciones.
Esto no puede continuar así, tú que naciste y viviste en una región pobre dominado por el imperio romano, lo sabes bien. Hoy el mercado no es el problema, sino los grandes mercaderes que lo manejan a su antojo, y el mundo (y Panamá) necesita formular nuevas reglas de relación que permitan más justicia y oportunidades a las economías débiles y a los países periféricos. Si no es así no podremos impulsar ese modelo de desarrollo que erradique la pobreza a cambio de más calidad de vida.
Señor, la corrupción azota inmisericordemente tanto en lo público como en lo privado y no existe un sistema de integridad que prevenga y detenga la erosión que provoca en el desenvolvimiento de la sociedad. Tu pensamiento profundamente ético y moral es ignorado por aquellos que laceran los recursos que se desvían o mal utilizan en provecho de intereses creados o particulares.
La política está desacreditada, y muchas elites de poder actúan a espaldas de sus promesas y discursos, farisaicamente, debilitando la propuesta democrática al negar la democratización de sus propios partidos y entidades.
Señor, una joven abogada Kathia Rivera escribió en un artículo hace unos días. Me atrevo a afirmar que el mayor problema de Panamá es la displicencia de su pueblo, la indolencia de sus gentes, vivimos en un eterno sueño del que, parece, no queremos despertar, y solo hay dos posibilidades: podemos seguir durmiendo o, sencillamente despertar de ese letargo en que nos hemos sumido. La apatía nos agobia, pero peor aún es la desilusión y la impotencia. Mucha gente piensa que no vale la pena, que esto no lo compone nadie, que la esperanza está enterrada antes de nacer. Contra eso luchaste y en la esencia de tu mensaje está el amor y la solidaridad y la fe que mueve montañas. ¿Qué nos pasa?
Cuando aprendamos a verte no a través de un cristianismo de tubo (comunicación entre egoísmo individual y tú) sino a través de una opción de vida participativa e incluyente que se inspire en tu mensaje y articule los diversos aspectos de la realidad como en la Visión Panamá 2020, entenderemos tu profundo mensaje de paz con justicia.
Hoy en la Navidad del 2002 y avizorando el nuevo año a la vuelta de la esquina, permítenos Señor, entender y aceptar los desafíos que nos presenta nuestra realidad, y comprometernos con tiempos mejores.
(raulleisr@hotmail.com)