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Señora Presidenta: Exija


Culminada la contienda electoral de 1994, fuimos pocos los que reiniciamos una labor de concienciación dirigida al convencimiento de que podíamos alcanzar el triunfo en 1999. Personalmente produje artículos en el espacio que honrosamente me ofrecieron los diarios locales, cuando aquí pocos daban la cara como oposicionistas. Guardé el respeto necesario a quienes detentaban el poder público, pero advertí a cada instante la necesidad de introducir cambios de conducta, vaticinándoles en muchos de mis escritos, el resultado conocido a nivel general.
Mi apoyo a la candidatura de nuestra Presidenta, fue y es invariable antes y después del triunfo. Creo en las sanas intenciones de su gestión gubernamental, porque están dirigidas a la solución de los problemas más sensibles de nuestra pobre población, urbana y rural. Desconocer ese hecho es ignorar el esfuerzo que se hace diariamente con tal propósito. Por eso, las críticas agudas que se lanzan sin ubicación de responsabilidad, escogen como blanco a nuestra Presidenta, por ser ella la suprema autoridad nacional.
Nadie ignora la verticalidad con que impone sus decisiones, pero es innegable que sobreviven a sus exigencias, personajes carentes de iniciativa, enquistados en cargos públicos de primer orden, desde los cuales han llamado a sus amigos de los partidos adversarios, que en la mayoría de las veces no han sido los mejores. Si al menos hubiesen tenido el acierto de rodearse de gente buena, que también es justo reconocer, hay en todos los partidos, no harían tanto daño, pero lo grave es que han seleccionado a los peores y con ello obstaculizan la labor pública, desalientan al contribuyente, frustran al ciudadano común y malogran los esfuerzos de la Sra. Presidenta.
Por otro lado, procuran desinformar sobre la realidad nacional. Si no reconocemos los errores, jamás los vamos a corregir. En una reunión del Grupo de Profesionales Arnulfistas, insté a divulgar toda acción que sea dañina a los propósitos gubernamentales, sin esconder nada. Si se oculta el pecado, la confesión es inocua. Así tenemos que entenderlo. Para ello precisa reconocer que en cargos muy importantes, a nivel nacional y regionales, se han designado personas que fueron injuriosos adversarios de nuestra Presidenta y que en su contra profirieron insultos degradantes. Hoy se ríen de los arnulfistas que tuvieron la valentía de defenderla.
No se trata de que pidan o no un trabajo. Lo medular es que negándose la capacidad de empleo para quienes apoyaron políticamente a nuestra Presidenta, se abra un espacio para quienes la adversaron en destacadas posiciones, precisamente por nuestros ministros y directores de instituciones autónomas, de cuya aportación política en la próxima contienda electoral, el Partido Arnulfista no puede esperar o confiar en el triunfo. El desgaste que están produciendo a lo interno del colectivo, debe ser frenado de manera inmediata. Esto es una seria advertencia y conste, que habiendo sido yo aún militante arnulfista de muchos años, jamás he pretendido postulación, ni he exigido, sino un partido fuerte y unido.
La labor de gobierno es delicada, difícil, pero tiene necesariamente que ser visible. Si no la percibe el pueblo, es fácil convencerlo de su error eleccionario. En Panamá hemos creado una cultura de rechazo, expresada a través del voto de castigo. Nuestra Presidenta debe, entonces, exigir a su equipo de gobierno que cada acción del poder público, refleje una solución en cada área a nivel nacional. No se trata de inaugurar y no dejar constancia de la respuesta a una necesidad. Es imperativo que nuestra Presidenta EXIJA un modelo de gestión que penetre en la conciencia nacional como forma del cumplimiento de la promesa electoral.
Hay cosas que no demandan grandes sumas de dinero, sino creatividad, organización, vocación de servicio, en fin, el ejercicio del poder como forma de gobierno, traducida en soluciones a las necesidades nacionales, especialmente a las prioritarias. Es lo que ha faltado, Señora Presidenta. Usted sola, terminará aminorando su capacidad de trabajo, que es envidiable, pero asimismo, es la que recibe la censura por la ineficiencia ajena. No permita un descenso en su bien ganada popularidad, sin sacrificar a quienes son causa de descontento e inconformidad nacional. EXIJA, porque es su derecho, un ritmo de marcha acompasado con su forma de actuar. Se trata de un equipo que debe operar sincronizado, coherente, creativo, accesible y dinámico. Sin estas condiciones, es inevitable la necesidad del reemplazo de algunas unidades, que usted más que nadie debe valorar, por ser sus más cercanos colaboradores, si es que cabe el término.

101 años de Panamá América

 
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