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Señora presidenta: Imite a 1917


Los medios sociales casi diariamente enfocan la violencia juvenil como algo nuevo en Panamá, pero en la década de 1910 a 1920, la delincuencia de jóvenes fue tan alarmante, que fue necesario castigar debidamente tales desafueros. El Presidente de la República, Dr. Ramón Maximiliano Valdés, nacido en Penonomé en 1867, con un período de gobierno del 1". De octubre de 1916 al 3 de junio de 1918, tuvo que convocar a los señores Secretarios de Gobierno y Justicia, Instrucción Pública, Gobernador de la Provincia y Comandante de la Policía, para escuchar las opiniones de estos caballeros y elaboró el Decreto No.104 de 23 de junio de 1917, "por el cual se dictan medidas para impedir el avance de vicios sociales en la ciudad de Panamá", firmado por el Dr. Valdés y el Secretario encargado del despacho de Gobierno y Justicia, el señor Narciso Garay, quien era Secretario de Relaciones Exteriores. El decreto apareció en el periódico "La Bruja", No.46 de jueves, 5 de julio, 1917.
Lo interesante es que se prohibía a los menores de edad transitar en gavillas por las calles o plazas de la ciudad, formando bulla o escándalo, tirando piedras, fumando, o jugando cosas que causaran molestias a los ciudadanos. Asimismo se prohibía, para que no se ausentaran de sus clases, jugar en las calles en horas de clases, ni transitar por la ciudad después de las diez de la noche. Se respetaba la Plaza de Herrera, la de Cervantes, los Parques de la Independencia (hoy se le conoce Catedral), de San Francisco, Santa Ana y Lesseps, advirtiéndole a los jóvenes que durante los días de clases no jugarán juegos lícitos o inocentes en dichas áreas. Los menores que no acatarán dichas órdenes, eran entregados a sus padres o guardadores o a la persona mayor que los solicite, mediante orden del Alcalde del Distrito, o autoridad policiva, previo el pago de una multa de un balboa la primera vez y de dos balboas por cada una de las reincidencias. Era una pena altísima.
Los menores no podían ingresar en casas de lenocinio o de juego, o en galleras y cantinas, a cualquier hora del día o de la noche y de contravenir la disposición, sus padres debían pagar una multa entre dos a cinco balboas por cada una de las reincidencias.
Los menores de 18 años debían ser acompañados por sus padres o por una persona mayor cuando ingresaban a los cinematógrafos, excepto los sábados y días de fiesta, para no permitir que faltasen a sus clases. En el caso de pederastas o sodomitas eran considerados perniciosos a la moral y condenados de seis meses a dos años de pena para los mayores de edad.
En el año 2000, si bien es cierto que existen normas que regulan ciertas materias, los menores de edad ingresan cualquier día a las salas de cine, gritan y juegan en pandilla molestando a vecinos, liban licor por todos lados, compran bebidas alcohólicas en casi todos los establecimientos comerciales y nadie remedia cuando ven durante los días de clases a un grupo de estudiantes menores de edad, corriendo, caminando en grupo o en parejas, andando por las calles vestidos con sus uniformes. Las autoridades no tienen hoy día los decretos para parar dichos males como en 1917 y años posteriores, hasta cuando se promulgaron leyes y normas para dizque defender la moral y buenas costumbres, sabiendo el lector que los vicios aumentan sin el control previo de la Presidencia de la República, ni de la Gobernación, ni de la Alcaldía.
Por los años de 1917 y posteriores, la educación fue modificándose, habiendo profesores y maestras que en vez de pensar en huelgas para aumentarse sus salarios, preferían enseñar materias pedagógicas cónsonas con el estilo de vida de la época, y tan cierto es, que la cultura panameña fue más refinada, había más respeto por los mayores y los jóvenes aprendieron a comportarse más adecuadamente. La relación entre padres e hijos era mucho mejor. Si bien es cierto que el código civil preceptúa que los padres son responsables por actos de los jóvenes, dichas normas no se cumplen a cabalidad. Cada vez son más los casos de hurto, asesinatos y acciones contra la moral, provenientes por menores de edad. No se toman los debido correctivos, debido a las poderosas cadenas de Televisión que transmiten violencia, las novelas que enseñan desintegración familiar, la falta de materias en los planteles educativos donde faculten al menor a saber valerse en la vida cotidiana, viendo en sus hogares las constantes peleas entre sus progenitores, la creciente ola de divorcio, el pésimo Código de la Familia que ha hecho casi enemigos a hijos contra padres, debido a que un buen regaño puede ser considerado falta contra la integridad del joven, cuando el Ministerio de la Familia no toma las debidas medidas en contra de la violencia radial y televisiva. Señora Presidente: imite el Decreto No.104 de 1917 y nombre en el Ministerio de la Familia y de Educación, a profesionales que sepan guiar adecuadamente a la población de jóvenes, o la historia sabrá juzgar con dureza las anomalías presentes.

101 años de Panamá América

 
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