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Señores candidatos: ¿Juran decir la verdad, toda la verdad y...?


La pregunta que lleva por título este artículo no es más que el reflejo del deseo del hombre y la mujer de nuestro país por conocer y vivir la verdad y su importancia en tiempos de una campaña política. A través de los cien años de República se observa el fenómeno del hombre panameño en la política, aquel cuyo objetivo es alcanzar la presidencia de nuestra nación, y en la búsqueda continua e incesante de la verdad en sus promesas electorales. Se puede afirmar con certeza de que este fenómeno de cuestionamiento surge desde el inicio de toda campaña electoral y, después de ésta...¿qué?
Pero... ¿qué es la verdad? La verdad, según lo que conozco, es la adecuación entre el entendimiento y la realidad. La verdad es una y ¡hay del que no se adhiere a ella!, porque viviría en una utopía, en la mentira, en la falsedad, en el error por las promesas y la falta en el cumplimiento de éstas. Causa y efecto de un síndrome llamado soberbia vs. ignorancia, y deshonestidad.
La soberbia no permite a la persona darse cuenta de que es una simple criatura que ha de descubrir la verdad observando y estableciendo juicios verdaderos y correctos sobre la realidad; no se trata de inventar o crear ni la realidad, ni la verdad; y, menos en creer que cada cual tiene "SU verdad". La ignorancia atrofia la razón que le sirve al hombre de instrumento para encontrar su meta, para analizar las alternativas de su conducta y tomar sus decisiones con plena conciencia de sus consecuencias e implicaciones.
El que funde sus pensamientos en promesas para luego no cumplirlas vive en el error, porque se acepta como verdad lo que no es. Este enunciado suena muy lógico, pero más que lógico, parece drástico y no sólo parece ¡lo es! El pensamiento es algo muy delicado, es un proceso que se realiza gracias a una facultad que posee el hombre que es la inteligencia, sin embargo la inteligencia no siempre se adecua a la verdad y es ahí en donde comienzan los problemas. Y es así como, a través de la historia y en el tiempo actual, se observan aberraciones muy profundas que guían el pensar y el actuar de muchos políticos. Predican que la verdad se encuentra en ideologías que más bien conduce a una profunda anarquía ó al totalitarismo, donde gobierna la fuerza, el libre capricho, sin referencia obviamente a la verdad y a los valores que deben regir el pensar y el actuar del hombre que tiene una función esencial que desempeñar como presidente de una nación.
Con toda seguridad, una de las cualidades que más se busca y se exige de un candidato presidencial es la honestidad. Este valor es indispensable para que las promesas se desenvuelvan en un ambiente de confianza y armonía, pues garantiza respaldo, seguridad y credibilidad en las personas. Es una forma de vivir congruente entre lo que se piensa y la conducta que se observa hacia el prójimo, que junto a la justicia, exige en dar a cada quien lo que le es debido.
Aquel candidato que por ganar adherentes basa su campaña en la falsedad, los domina el miedo a perder unas elecciones. En él no hay prudencia, ni piedad, ni cordura; esa postura refleja apocamiento, falta de responsabilidad, insensatez y necedad. Son los mismos que después, presos del pánico por el desastre que han hecho, pretenden atajar el mal cuando ya es tarde. Este es un asunto realmente peligroso.
Cuántos problemas hay derivados de la mentira, de creerse sabios y no escuchar a los demás. El que la verdad ya no sea defendida, que ya no sea respetada, ni por los que gobiernan los países, ni por los gobernados, tiene como secuelas los engaños y los fraudes, situación que afecta a todas las naciones. Se debe rescatar el valor de la verdad, el valor de la palabra, el valor del compromiso cuando se dice: "Te doy mi palabra" o "Palabra de honor". ¿Por qué esto ya no basta? ¿Por qué jurar el decir la verdad y nada más que la verdad?
Del mismo modo, la experiencia es un valor fundamental en muchos ámbitos de la vida: con la pareja, en el trabajo, al tomar decisiones económicas, y también al elegir al candidato de preferencia. Es formadora de una capacidad para analizar con más profundidad los acontecimientos relacionando vivencias pasadas y adecuándolas al presente para emitir juicios más precisos, además de una marcada serenidad para tomar decisiones. La experiencia sólo se modela viviendo y aprendiendo. Es ahí donde se tiene una diferencia fundamental con otros seres vivos. Los seres humanos no solamente aprenden de los impulsos directos de los sentidos (calor, frío, dolor), sino que es capaz de analizar la información y generar nuevas alternativas.
El vivir la vida con profundidad y un esfuerzo por aprender de ella, genera una percepción más exacta de la realidad. La experiencia ayuda a percibir la realidad de cada candidato y como es, no como se quiere que sea. Y esa percepción más exacta de la realidad conduce a tomar mejores decisiones, a ser más justos, a medir más los impulsos al erigir el voto. La experiencia y la prudencia van tomadas de la mano.
Y por último, el elector puede ser blanco de charlatanes que se promocionan únicamente para sacar ventaja. Por ello, debe aprender a conocer del candidato sus reacciones, sus costumbres sociales y cómo afronta las contrariedades adecuándolas al presente para emitir juicios más precisos. No hay que confiar en ningún producto (llámese candidato presidencial) que prometa curar todas las dolencias sin siquiera aliviar el dolor que causa una leve herida.
Opino que sin rectitud de intención, las pasiones fácilmente enturbian el juicio, porque desvían la voluntad. En cambio, la intención recta facilita las decisiones buenas. De este modo, la ética en política revela un sentido de la actividad personal y contiene en sí todo cuanto de justo y positivo puede haber en cada situación, evitando confusiones, elemento que bien podría desviar la buena elección del candidato presidencial.
No permita que la verdad a medias o, la no verdad, lo esclavice e impida ser realmente un buen elector al emitir su voto en las próximas elecciones.

101 años de Panamá América

 
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