Sensatez
Nos parece que resulta insensato el que una minoría de educadores persista en continuar en huelga a menos que el gobierno acceda a aumentar su sueldo en ciento veinte balboas.
Tras dialogar, el gobierno ha convenido en aumentarles noventa, explicando que no está en condiciones de dar más, lo que ha aceptado una inmensa mayoría de ellos, quienes han reanudado su tarea.
El grupo de los remisos continúa exigiendo el aumento deseado, y la simpatía con la cual contaron al inicio del movimiento, la han perdido casi totalmente. Ahora no son únicamente los padres de familia quienes les reclaman volver a dar clases, sino sus propios alumnos.
Resulta insensato proseguir con una huelga tras la cual se les descontará el sueldo por el tiempo no trabajado y correr el riesgo de que se les reemplace ya que hay muchos educadores cesantes en la actualidad.
Argumentar que debe pagárseles ya que la huelga es un derecho consagrado en el Código de Trabajo no les servirá de ayuda porque la ley no estipula que al huelguista hay que pagarle por el tiempo no trabajado.
Por último, si en todo organismo se respeta la decisión de las mayorías y lo que se decide es de forzoso cumplimiento por quienes están en contra, la actual minoría de los educadores rebeldes debieran abandonar sus exigencias que ya no tienen el apoyo del público, ni de sus propios colegas, ni de sus propios alumnos, y menos aún con el de los padres de familia.
Tras dialogar, el gobierno ha convenido en aumentarles noventa, explicando que no está en condiciones de dar más, lo que ha aceptado una inmensa mayoría de ellos, quienes han reanudado su tarea.
El grupo de los remisos continúa exigiendo el aumento deseado, y la simpatía con la cual contaron al inicio del movimiento, la han perdido casi totalmente. Ahora no son únicamente los padres de familia quienes les reclaman volver a dar clases, sino sus propios alumnos.
Resulta insensato proseguir con una huelga tras la cual se les descontará el sueldo por el tiempo no trabajado y correr el riesgo de que se les reemplace ya que hay muchos educadores cesantes en la actualidad.
Argumentar que debe pagárseles ya que la huelga es un derecho consagrado en el Código de Trabajo no les servirá de ayuda porque la ley no estipula que al huelguista hay que pagarle por el tiempo no trabajado.
Por último, si en todo organismo se respeta la decisión de las mayorías y lo que se decide es de forzoso cumplimiento por quienes están en contra, la actual minoría de los educadores rebeldes debieran abandonar sus exigencias que ya no tienen el apoyo del público, ni de sus propios colegas, ni de sus propios alumnos, y menos aún con el de los padres de familia.