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Sentido común


Circulando diariamente por las calles y avenidas de la capital de nuestro país, no puedo menos que observar, (los tranques permanentes me lo facilitan), el alto porcentaje de autos, tanto particulares como comerciales, en deplorables condiciones mecánicas, es decir, luces defectuosas o inexistentes, sin defensas traseras, sin guardafangos, con los maleteros abollados, puertas aseguradas con alambres o sogas; en fin, vehículos que no están aptos para circular legalmente, con la seguridad requerida.
Las compañías de seguros de daños a terceros tienen que soportar un aumento desmesurado en los costos de indemnización, debido al mal estado de los autos involucrados en colisiones, los cuales requieren gastos de reparación muy por encima de lo normal, según el golpe recibido, como consecuencia de la irresponsabilidad de los dueños de vehículos a motor y de la falta de control de las autoridades correspondientes.
Además de estas irregularidades, debemos considerar el hecho de que, con excepción de los autos vendidos a plazo, a los cuales se les exige un seguro a favor de la entidad financiera, y un bajo porcentaje de los vehículos en circulación con pólizas de seguros con cobertura adecuada, por daños a terceros, el resto, un número demasiado elevado, no cuenta con ningún tipo de contrato de indemnización por daños causados a otros.
Podría suponerse que, con los descomunales tranques vehiculares, las altas velocidades permitidas y la gran cantidad de autos, constantemente en aumento en el tráfico diario, los conductores tendrían toda su atención puesta en el manejo y control de sus máquinas. Pero, siempre parece haber un pero, con la llegada del sistema de teléfonos celulares, constantemente aumenta el número de personas con uno de esos aparatos, en las iglesias, los cines, supermercados y, por supuesto, mientras están al frente del volante de su auto. Se imagina usted las acrobacias que debe efectuar una persona responsable dentro del maremágnum del tráfico, para sobrevivir sin un rasguño, ni ella ni su vehículo; agregándole un elemento de alto riesgo como lo es un celular, el cual distrae la atención, además de no permitir el uso de la mano ocupada con el inalámbrico, en el control de su transporte.
Este aparato puede ser muy útil, si se mantiene en disposición en todo momento, mas nunca mientras se encuentre conduciendo, por su propia seguridad y la de los otros. Se comenta que en otros países está prohibido conducir con un celular en la mano, ésto me parece acertado. En Panamá, hasta donde tengo conocimiento, desde hace pocos días, también existe esta restricción. La lógica nos indica que por ser una práctica tan peligrosa, debemos utilizar el más elemental sentido común y no esperar la sanción legal; nuestra seguridad y la de nuestros seres queridos así lo demanda.
Si hiciéramos uso del menos común de los sentidos, el sentido común, no esperaríamos la prohibición o sanción de ciertos actos, para evitarlos. Actuemos conscientemente pensando en los demás y así conseguiremos vivir en armonía y paz respetemos el derecho ajeno.
Seamos corteses en el manejo, no incomodemos a los demás cerrándoles el paso al estacionarnos mal, cedamos la vía a otros conductores. Recordemos que, si cada uno de nosotros actúa con respeto a las leyes y reglamentos, y hacia los derechos de los otros, todos, sin excepción, saldremos beneficiados. Esto es, sentido común.

101 años de Panamá América

 
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