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Sentido del nuevo proyecto de Constitución


Como los panameños no hacemos revolución, y si la hacemos la suspendemos en los fines de semana, lo más probable es que el activismo dirigido al proselitismo político y a la solución de los más apremiantes problemas nacionales tenga sus respiros esporádicos. En cierto grado esto se ha demostrado con la celebración del centenario e igual ocurrirá con las fiestas del Día de la Madre, la Navidad y el Año Nuevo. No obstante, los problemas, a corto plazo, datan desde 1968 y no desaparecerán.
Continúo, pues, mi acostumbrado guacho de inquietudes y observaciones. Por muy alegres que seamos los panameños, no permitiremos que por desprecio o incuria se desvanezcan las soluciones correspondientes.
La Constituyente no es la divina pomada, pero es necesarísima para iniciar, por ejemplo, la erradicación de la corrupción galopante que no permite a Panamá y sus gentes progresar dentro de su capacidad. Dejar que los diablos que están incrustados en los tres poderes del Estado decidan cuáles son las reformas que necesita la presente Constitución no sólo prolongaría la vigencia satánica de la politiquería, sino que sería garantía cierta de que nada convincente se va a hacer. El bienestar del país quedará supeditado al egoísmo de los ratones, públicos y privados, que quieren cuidar el queso.
La quinta papeleta es la mejor opción y, por supuesto, debe conllevar una serie de requisitos irrenunciables. Pienso que los miembros de la Constituyente no deben ser miembros de los partidos políticos existentes.
Su designación se podría asignar a un grupo de notables de unos 30 a 50 máximo, que podría designar, digamos, el Tribunal Electoral, junto con los organismos de la sociedad civil, tales como el Foro Visión 2020, el Colegio de Abogados, los clubes cívicos, y así sucesivamente. El trabajo de la Constituyente tendría como base un texto, o unas recomendaciones, formuladas de igual manera. Debe dársele mayor participación a la llamada sociedad civil.
Pienso que los ciudadanos deben seguir con minuciosidad los resultados de las encuestas, principalmente para que lleguen a una opinión acerca de la validez de las mismas, tratando de descubrir si son influenciadas por el dinero. También sería muy útil que se señalen las eminencias grises, las cuales siempre rondan tras bastidores.
Opino que en las encuestas los independientes, quienes son los que de verdad decidirán quién será el próximo presidente, no participan en un nivel deseable. Por lo que exhorto a este grupo a que emita su opinión ya sea por escrito o participando en los foros y debates que se ejecuten.
Es evidente que los candidatos presidenciales no quieren decir lo que verdaderamente sienten y piensan sobre los enormes problemas de la CSS, mucho menos expresar las decisiones que tomarán al respecto. En el ambiente de corrupción que vivimos se puede llegar hasta a comprender esta actitud. Pero esos problemas no se solucionarán por arte de birlibirloque o magia. ¡Hay que decidir los métodos de solución!
Existe un candidato que ha gastado mucho en publicidad y, además, hace planteamientos muy éticos. Sin embargo, no creo en la moralidad de la contribución "política" que, en los precisos días de pago, extrajo de los empleados de una institución autónoma que controló su partido. La ciudadanía no ha olvidado esto.
El candidato del mireyismo no marca mayormente. A pesar de lo que se habla de que los mireyistas nunca muestran su mano y que el día de las elecciones votarán como un solo haz, dudo que este candidato se vea favorecido asiéndose de la cola del Fufo y, mucho menos, si se aferra a la de Mireya.
Nunca olvido que la imperfección está en todos. Por lo que insisto que los diablos del sistema harán lo imposible por salir ganando dentro del sistema político que tenemos, prolongando su imposición. Insisto en que los independientes deben brindar sus luces, porque son menos diablos que los Satán y Lucifer de la politiquería vernacular. Dentro de lo aburrido de la campaña política, me permito hacer estas acotaciones. Creo que ésta es la única forma que puedo contribuir a mejorar el sistema.
Ni un solo ciudadano puede darse el lujo de guindar los guantes porque de por medio está el bienestar de Panamá y de los panameños. Es tiempo de actuar. ¡Ahora o nunca!

101 años de Panamá América

 
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